Los obispos católicos de Canadá pidieron a los fieles católicos y a todas las personas de buena voluntad "que expresen una renovada preocupación" por la ley de Asistencia Médica para Morir del país, que ya lleva una década en vigor.

En junio de 2016, el Parlamento aprobó la ley federal C-14, que permite la "asistencia médica para morir", también conocida como MAiD, por sus siglas en inglés. El 17 de junio, David Johnston, entonces gobernador general de Canadá, otorgó el "sello real" (conocido formalmente como Sanción Real) a la medida, la cual permite a los adultos que cumplan con los requisitos, bajo condiciones específicas, acceder a la eutanasia legalizada y al suicidio asistido en todo Canadá.

Al hacer un llamado a renovar la preocupación "al conmemorar este triste aniversario", el Comité Permanente para la Familia y la Vida de la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá también instó a todos "a mantenerse firmes en la oposición a la eutanasia y al suicidio asistido, a orar por la conversión de los corazones y las mentes para que se alejen de esta práctica, y a estar presentes junto a las personas enfermas y vulnerables".

"Rechazamos la complacencia con la situación actual respecto a la eutanasia en Canadá", afirmaron los obispos en un comunicado del 10 de junio. "Formados por el Evangelio, estamos llamados a acercarnos a quienes sufren: no para ignorarlos, trivializarlos o abandonarlos en su dolor o desesperación, sino para acompañarlos con compasión, atención práctica y esperanza (cf. Lc 10, 30-37)".

Continuaron diciendo: "Buscamos activamente oportunidades para desarrollar estrategias eficaces y colaborativas que brinden apoyo concreto y compasivo a quienes viven con enfermedades físicas o mentales graves, a las personas con discapacidades y a quienes se acercan al final de la vida, así como a sus familias y cuidadores".

Bajo la ley, los adultos que cumplan con los requisitos pueden solicitar a un profesional de la salud que les administre directamente una sustancia letal (en el caso de eutanasia) o que les proporcione medicamentos letales para que se los administren ellos mismos (suicidio asistido).

Actualmente deben cumplir varios criterios, entre ellos tener al menos 18 años de edad y ser mentalmente competentes; ser elegibles para los servicios de salud canadienses financiados con fondos públicos; padecer una enfermedad grave e incurable o una discapacidad; y encontrarse en un estado avanzado de deterioro irreversible y experimentar un sufrimiento físico o psicológico intolerable. También deben confirmar que su solicitud es voluntaria y no es resultado de presión o influencia externa.

Las personas que padezcan únicamente una enfermedad mental podrán acceder a la MAiD a partir del 17 de marzo de 2027. Se pospuso una fecha anterior para su elegibilidad y, mientras tanto, se ha presentado el proyecto de ley C-218 para detener la ampliación de la ley a las personas con una enfermedad mental.

"Canadá cuenta ahora con ‘el programa de eutanasia más grande y de más rápido crecimiento del mundo’", afirmaron los obispos en su comunicado. Citando el "Sexto Informe Anual sobre la Asistencia Médica para Morir en Canadá, 2024" del gobierno, señalaron que el porcentaje de muertes por MAiD aumenta cada año y representó el 5,1% de todas las muertes en 2024, lo que equivale a 16.499 canadienses.

"Es motivo de grave preocupación la continua ampliación de los criterios de elegibilidad para la ‘MAID’, lo que pone en riesgo a un número cada vez mayor de canadienses", señalaron.

"En 2016, solo las personas cuya muerte era ‘razonablemente previsible’ eran elegibles para la ‘MAID’, con las llamadas ‘medidas de protección’ en vigor", dijeron los obispos. "Sin embargo, la legislación posterior de 2021 amplió considerablemente los criterios, extendiendo el acceso para incluir a aquellos cuya muerte no es ‘razonablemente previsible’, pero cuya condición es ‘grave e irremediable’".

"La verdadera compasión no responde al sufrimiento con la muerte, sino que acompaña a quienes sufren con esperanza, presencia, cuidados paliativos y alivio del dolor", afirmaron los obispos.

La fe católica "enseña que debemos esforzarnos por contar con opciones de tratamiento proporcionadas que no prolonguen indebidamente ni aceleren intencionalmente la muerte, sino que ofrezcan cuidados compasivos y que afirmen la vida", dijeron.

Oraron por "todos aquellos que han perdido la vida a causa de ‘MAID’ y también por sus seres queridos, muchos de los cuales siguen cargando con el dolor, la confusión, el arrepentimiento o preguntas sin respuesta".

Al recordar a todos aquellos que siguen sufriendo --los enfermos, las personas con discapacidades, los adultos mayores, quienes padecen enfermedades mentales, quienes se encuentran cerca del final de la vida y "todos los que experimentan soledad, miedo o desesperación"--, los obispos canadienses renovaron su llamado a "dar testimonio al lado de la persona enferma y convertirnos en una ‘comunidad sanadora’".

Los obispos agradecieron a "las numerosas diócesis, eparquías, parroquias, organizaciones, trabajadores de la salud, familias y voluntarios que, durante los últimos 10 años, han promovido la esperanza cristiana frente a la enfermedad y la muerte, y se han opuesto a ‘MAID’ con valentía y compasión".

"Su testimonio nos recuerda que defender la vida no es solo una enseñanza pública", dijeron, "sino también una labor cotidiana de presencia: visitar a los enfermos, apoyar a quienes los cuidan, acompañar a quienes están desesperados, defender a los vulnerables y ayudar a construir comunidades donde nadie sienta que debe enfrentar el sufrimiento solo".

Concluyeron su declaración con una oración: "En comunión con nuestro Señor, el Gran Médico, ofrezcamos juntos una oración de esperanza, compasión y visión hacia la promesa del amor y la vida eternos: Dios amoroso, roca de fortaleza para quienes confían en ti; consolador de quienes te invocan. Escucha el clamor de quienes sufren por enfermedad o debilidad, y abrázalos en tus brazos amorosos. Dales paz y fortalécelos con la visión de tu reino. Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén".

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