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En la exclusiva Santa Mónica, los latinos mantienen viva la devoción a santa Ana

En la esquina de Colorado Avenue y la calle 20, en Santa Mónica, pocos imaginarían que se encuentra el santuario católico al aire libre más grande del condado de Los Ángeles.

Este lugar se encuentra en el corazón de "Silicon Beach", una zona donde modernos edificios albergan estudios de diseño, productoras de cine y música, y exclusivos complejos de departamentos. A solo unos pasos hay bares de jugos, concurridos locales para el brunch y, cruzando la calle, una gran cervecería artesanal que cobra vida cada atardecer.

Sin embargo, mucho antes de que todo eso existiera, la gruta ubicada detrás de la iglesia de Santa Ana ha sido un lugar de peregrinación para católicos de habla inglesa y española, unidos por la devoción a santa Ana, madre de la Virgen María.

Alrededor de 600 personas participaron el 26 de julio en la procesión que puso fin a la 114.ª novena en honor a santa Ana. (Poncho Romero)

Esa devoción se refleja en la novena anual a santa Ana, que la parroquia celebra del 18 al 26 de julio. Cualquier feligrés puede decir con orgullo cuánto tiempo lleva realizándose: 114 años ininterrumpidos.

"Tener una novena aquí representa una manera distinta de ver las cosas", afirmó Michael Ward, catequista de Confirmación y encargado de la contabilidad de la parroquia.

El domingo 26 de julio, Ward ayudó a recibir a más de 600 personas que participaron en una procesión y una misa especial para clausurar la novena, coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana. Como este año el 26 de julio fue domingo, la celebración contó con la presencia del obispo auxiliar Matthew Elshoff, quien presidió la misa bilingüe.

Desde hace varias décadas, Santa Ana es una parroquia de mayoría hispana que atiende a inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos empleados en el sector de servicios en una de las ciudades más prósperas de California. Aunque muchos antes vivían en la zona oeste de Los Ángeles y luego se mudaron a lugares más asequibles, como el Valle de San Fernando o ciudades como Inglewood y Hawthorne, siguen llevando a sus hijos a la catequesis en Santa Ana y continúan celebrando allí bautizos, bodas, funerales y quinceañeras.

La mayoría de los feligreses de la parroquia de Santa Ana son hoy inmigrantes latinoamericanos, muchos de los cuales trabajan en el sector de servicios en el área de Santa Mónica. (Poncho Romero)

Entre ellos está Juanita Díaz, quien llegó a la parroquia de Santa Ana hace más de 40 años. Allí bautizó a sus hijos y los vio crecer en la escuela parroquial. Aunque ahora vive en Arleta, asegura que con el paso del tiempo su devoción por santa Ana se ha fortalecido aún más.

"Ella siempre ha intercedido por toda mi familia. Por eso nunca dejamos de venir a la novena y de honrarla en el día de su fiesta", dijo Díaz.

La feligresa contó que sintió de manera especial la intercesión de santa Ana tras la muerte de su hijo de 37 años, ocurrida hace seis años.

"Le pedí a ella y a su hija, la Virgen María, que me den la fortaleza necesaria para seguir adelante en medio de tanto dolor, y gracias a Dios aquí seguimos", expresó.

María de Jesús Guerra y su esposo, Martín, forman parte de la comunidad de Santa Ana desde hace más de tres décadas y aún viven en un departamento cercano a la parroquia. Ahora que es abuela, María dice que siente una cercanía especial con santa Ana.

"Ella fue la abuela de Jesucristo, y yo sé que cuando estoy con mis nietos, mi corazón se derrite de amor", dijo María. "Por eso estoy convencida de que todo lo que uno le pide a santa Ana, ella se lo presenta a Jesús y Él la escucha".

El obispo Matthew Elshoff, OFM Cap., presidió la misa del 26 de julio en el amplio santuario al aire libre de la parroquia de Santa Ana. (Poncho Romero)

El administrador parroquial, el padre Juan Ayala, OMI, considera que uno de los aspectos que más fortalece la devoción a santa Ana es precisamente su papel de abuela. A lo largo de los años ha visto cómo feligreses mayores, incluso de habla inglesa, que rezaban la novena desde niños, han transmitido esa tradición a las nuevas generaciones, muchas de ellas provenientes del estado mexicano de Oaxaca.

"Todo comienza con conocerla", explicó Ayala. "Todos conocen a la Virgen María, pero a veces olvidan que ella también tuvo una madre y un padre".

El sacerdote señaló que una de las intenciones más frecuentes que los fieles presentan a santa Ana es pedir por sus hijos y nietos que se han alejado de la fe.

"Su mayor deseo es que Dios vuelva a ocupar un lugar en sus vidas", afirmó Ayala, miembro de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada. "Al contemplar a santa Ana como madre y abuela, le dicen: 'Ayúdame, guíame como madre o padre en la misión de acompañar a mis hijos'".

Durante su homilía, pronunciada en la gruta del santuario, rodeada de abundante vegetación y flores, el obispo Matthew Elshoff invitó a los fieles a pedir la intercesión de san Joaquín y santa Ana para tener la sabiduría de escuchar a las personas más vulnerables de la sociedad y servirlas con generosidad.

"Así como san Joaquín y santa Ana fueron personas sencillas que supieron escuchar las Escrituras, también nosotros estamos llamados a ser justos ante los ojos de Dios y a escuchar su Palabra, que es la verdad", afirmó Elshoff, obispo auxiliar de la Región Pastoral Nuestra Señora de los Ángeles, a la que pertenece Santa Mónica.

Una imagen de santa Ana con la Virgen María en su infancia, en el santuario al aire libre de la parroquia. (Poncho Romero)

Mientras el obispo Elshoff saludaba a los fieles al término de la misa, algunos permanecían en oración ante la imagen de santa Ana en el santuario al aire libre, protegido por un enorme toldo y utilizado para las celebraciones más multitudinarias durante los meses de verano. Ese espacio resultó providencial hace seis años, en el momento más crítico de la pandemia de COVID-19, ya que permitió que la parroquia siguiera celebrando misas y actividades como la novena.

Sin embargo, como la mayoría de los feligreses vive ahora lejos de la parroquia, surge una pregunta inevitable: ¿cómo puede una iglesia ubicada en pleno Silicon Beach acercar a Jesús a una comunidad marcada por la tecnología y el ritmo de vida moderno?

El padre Ayala, quien llegó a la parroquia hace apenas un año, reconoce que todavía está buscando la mejor respuesta. Aun así, está convencido de que, incluso en un entorno tan secularizado, un gesto sencillo de valentía puede abrir muchas puertas.

"Animo a nuestros feligreses a invitar a otras personas, y muchos de ellos trabajan para estas familias", explicó. "Son quienes limpian sus casas, cocinan o se encargan del mantenimiento. Por eso les digo: 'Salgan, inviten, evangelicen'. Es una manera de llegar a los demás".

Pablo Kay
Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.
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Pablo Kay

Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.