El primer milagro en la vida de Miracle Tisdale ocurrió incluso antes de que naciera.
Era el 27 de mayo de 2007. Su padre y su madre, Rose, que estaba embarazada, llevaban a su casa las compras para una parrillada del Día de los Caídos (Memorial Day) en el Complejo de viviendas Nickerson Gardens, en Watts.
De repente, un hombre armado pasó en un automóvil y comenzó a disparar. Mientras corría para ponerse a salvo, Rose intentó llegar a la puerta de la vivienda, donde se encontraban sus dos hijos. Cuatro balas la alcanzaron: una en la columna, otra en la mandíbula y dos en el brazo izquierdo.
Cuando la trasladaron de urgencia al hospital, los médicos desconocían que estaba embarazada de tres meses. De hecho, ni siquiera su familia lo sabía.
La bala que impactó en su columna la dejaría paralizada de la cintura para abajo.
“Recuerdo que el médico entró y me dijo que nunca volvería a caminar”, contó Rose. “Sentí que mi vida había terminado, porque nadie sabía que estaba embarazada de tres meses”.
Antes de la operación para reconstruirle la mandíbula, el médico le explicó que el bebé que esperaba tenía apenas un 50 % de probabilidades de sobrevivir. Sin embargo, cuando despertó de la cirugía, recibió una noticia esperanzadora: el corazón de su hija seguía latiendo.

Miracle, que ya tenía experiencia en equipos de porristas que competían y viajaban a distintos eventos, se destacó como integrante del equipo de la escuela Mary Star of the Sea. (Rose Smith)
Seis meses después, no hubo dudas sobre cómo llamarían a la bebé.
“Era algo obvio”, recordó Rose. “Las dos somos un milagro. Dios nos ha sostenido todo este tiempo, porque ella no tiene ninguna enfermedad, ninguna discapacidad; no tiene absolutamente nada”.
Casi 19 años después de aquel tiroteo, una joven sonriente llamada Miracle fue llamada al escenario durante la ceremonia de graduación de la escuela secundaria Mary Star of the Sea. Tras integrar durante cuatro años el Cuadro de Honor y destacarse como porrista, quedaba claro que Miracle no solo había sobrevivido: había salido adelante con éxito.
“Decidí que esta experiencia no iba a definir mi vida y la transformé en una oportunidad para salir adelante”, afirmó Miracle en una entrevista previa a su graduación. “No puedes permitir que un hecho aislado te detenga. Hay que seguir adelante y nunca rendirse”.
El inesperado camino que la llevó a Mary Star of the Sea comenzó gracias a un policía que acudió al lugar del tiroteo y que mantuvo el contacto con Rose y su familia a lo largo de los años. Fue él quien los puso en contacto con Operation Progress, un programa que trabaja junto al Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) para ofrecer acompañamiento y becas a jóvenes de barrios vulnerables. Gracias a sus buenas calificaciones, Miracle fue seleccionada para participar en el programa cuando estaba en octavo grado.
Al comenzar la secundaria, Rose la llevaba cada mañana a las 7 desde su casa en Westmont, al sur de Los Ángeles, hasta las oficinas de Strive, una organización asociada con Operation Progress que se encarga del transporte de los estudiantes becados desde Watts hasta sus escuelas. Desde allí, Miracle y otros alumnos viajaban en camioneta hasta Mary Star of the Sea, una pequeña escuela católica ubicada en una tranquila zona residencial de San Pedro.
La adaptación no fue fácil. Pasar de una escuela pública del sur de Los Ángeles a una institución privada en South Bay representó un gran cambio. Aunque era una talentosa porrista con experiencia en equipos de competición, sentía que tenía que empezar desde cero. “Cuando llegó aquí, estaba intimidada”, recordó Rick Ibarra, entrenador deportivo y bibliotecario de larga trayectoria en Mary Star, además de uno de los conductores que la trasladaban. “Siempre fue una de las estudiantes más reservadas”.
Además de no conocer a nadie, el nivel académico era más exigente de lo que estaba acostumbrada. La directora Rita Dever recordó que al principio se sentía abrumada. Sin embargo, su determinación pronto comenzó a dar frutos. Cuando recibió por primera vez el reconocimiento del Cuadro de Honor de la directora, algo cambió.
“Al recibir ese reconocimiento junto a los mejores alumnos de su curso, creo que empezó a pensar: ‘Realmente pertenezco a este lugar; estoy entre los mejores de mi clase’”, explicó Dever.
Unos años después, la convencieron de unirse al equipo de porristas de Mary Star, aportando su experiencia a una escuela que no se destacaba especialmente por sus logros deportivos.
“Siempre hizo todo lo que estaba a su alcance para construir un futuro exitoso, tanto por su dedicación al estudio como por su disciplina y ética de trabajo”, afirmó Ibarra.

Miracle habla durante una recaudación de fondos realizada en abril de 2026 para Silver Lining of Hope Crusade, una organización comunitaria local basada en la fe que trabaja para prevenir la violencia y la delincuencia. (Rose Smith)
Durante la escuela secundaria básica, Miracle atravesó largos períodos de aislamiento y educación a distancia debido al confinamiento por la pandemia de COVID-19. Al llegar a Mary Star, encontró una nueva motivación.
“Fueron las personas que estuvieron a mi lado, quienes me apoyaron. No quería decepcionarlas”, contó Miracle a Angelus. “Tampoco quería decepcionarme a mí misma, y siempre tuve claro cómo quería que fuera mi futuro”.
Quería estudiar enfermería. A Miracle siempre le gustaron las series de televisión sobre enfermeras y, además, proviene de una familia en la que varias mujeres ejercen esa profesión, entre ellas su abuela y dos de sus tías.
Mientras tanto, pocas personas en la escuela conocían su historia. Incluso cuando comenzó a entablar amistad con Ibarra durante los viajes en la camioneta de Strive, las conversaciones solían girar en torno a las competencias de porristas en las que participaba.
Ibarra no supo nada de su pasado hasta que un día vio a Rose, quien conduce un automóvil especialmente adaptado debido a su discapacidad, dejar a su hija en la escuela. Entonces le preguntó a Miracle sobre la situación de su madre.
“Cuando me contó su historia, no lo podía creer”, recordó Ibarra. “Jamás lo habría imaginado. Siempre parecía tener todo bajo control; tenía metas, planes, era organizada y daba la impresión de que siempre cumplía con todo lo que se proponía”.
Criada en la fe bautista, Miracle también ha aprendido a valorar la vida espiritual católica de la escuela, con sus momentos diarios de oración, las clases de religión y los retiros espirituales. Ella atribuye a su relación con Dios la fortaleza que necesitó para atravesar una etapa especialmente exigente por la carga académica.
“Hablé mucho con Dios. Tuve muchas conversaciones con Él; recé y lloré”, contó Miracle. “Dios siempre ha estado presente en mi vida; nunca me ha abandonado”.
Mientras observaba a su hija subir al escenario durante la ceremonia de graduación el mes pasado, Rose repasaba en su mente los milagros vividos a lo largo de los últimos 19 años.
“Ese momento me confirmó que Dios es real y que nunca deja de acompañarnos”, afirmó Rose, quien aún hoy sufre episodios de dolor y problemas de salud relacionados con las heridas que sufrió en el tiroteo.

Miracle y su madre, Rose, durante la ceremonia de graduación de la escuela secundaria Mary Star of the Sea, celebrada el 29 de mayo. (Rose Smith)
Ahora que se graduó con un promedio de 4,3, Miracle tiene la mirada puesta en una carrera en enfermería. Este otoño comenzará sus estudios en la Universidad Estatal de California en Fullerton (Cal State Fullerton), con la posibilidad de transferirse más adelante a una universidad más grande. Su historia es otro ejemplo del impacto de programas como Strive, creados para brindar a estudiantes como ella una comunidad de apoyo, una experiencia escolar más segura y mayores oportunidades para construir un futuro mejor.
“Creo que esta escuela fue muy buena para Miracle, y que Miracle también fue muy buena para nuestra escuela”, afirmó Ibarra.
Entre los estudiantes que se graduaron junto a Miracle el mes pasado en Mary Star había otro alumno de Strive que perdió a uno de sus padres en un asesinato relacionado con pandillas. Sus estudios fueron financiados mediante una combinación de becas otorgadas por Mary Star, Strive y la Fundación para la Educación Católica (CEF), que destina millones de dólares en becas a estudiantes de más de 200 escuelas católicas de la Arquidiócesis de Los Ángeles.
Para Dever, las alianzas con organizaciones como Strive —y testimonios como el de Miracle— reflejan la misión más profunda de la educación católica.
“Creo que es precisamente a lo que estamos llamados; es la misión que intentamos vivir cada día”, señaló Dever. “Estamos ofreciendo oportunidades a jóvenes que desean una educación católica. Miracle no es católica, pero tiene una fe muy sólida y un profundo amor por Dios, y eso ha podido crecer y fortalecerse aquí”.
A lo largo de los años, Rose y Miracle han visitado juntas distintas iglesias y eventos comunitarios para compartir su historia y promover iniciativas contra la violencia armada. Rose reconoce que no será fácil ver a su hija menor partir a la universidad, pero confía en que Dios la seguirá cuidando y guiando sus decisiones.
“Dio un gran paso de fe al elegir una escuela católica lejos de sus amigos y de un entorno donde no conocía a nadie”, dijo Rose. “Cuando vi que logró llegar hasta el final, confirmé lo que siempre he sabido: que es una joven decidida, perseverante y resiliente, y que va a seguir adelante”.
