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La película “The Sheep Detectives” plantea una pregunta: ¿qué es lo que realmente hace bueno a un pastor?

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Para la mayoría de nosotros, el primer encuentro con la muerte suele llegar a través de los animales.

Cuando mi conejo Floppy dejó de estar en su jaula y mi papá nos dijo que se había ido a una linda granja, yo ya tenía edad suficiente para sospechar que aquello era un eufemismo, aunque todavía era lo bastante chico como para llorar por eso. (Años más tarde descubrí que Floppy realmente había terminado en una granja. Y que yo había desperdiciado lágrimas por un conejo que seguramente estaba feliz correteando por el campo. A veces me pregunto si Floppy habrá pensado qué fue de nosotros, o si estaba demasiado ocupado comiendo zanahorias).

Detrás de sus colores brillantes y sus animales digitales que hablan, la nueva película éxito de taquilla “The Sheep Detectives” está muy atravesada por la muerte. Y eso me tomó por sorpresa, igual que probablemente sorprendió al joven padre que estaba en mi función y, desde luego, a su pequeña hija, que se largó a llorar desconsoladamente en una de las escenas más cercanas a la mortalidad. Y, en realidad, eso no está mal: las muertes de animales suelen ser una primera lección de memento mori y ayudan a formar carácter. Yo no sería ni la mitad del bloguero que soy hoy sin la película Fiel amigo (Old Yeller).

The Sheep Detectives” invierte la dinámica habitual: esta vez son los animales quienes se enfrentan de golpe con la realidad de la muerte. Las ovejas detectives del título forman parte del rebaño del granjero George (Hugh Jackman), un pastor bondadoso que las cría únicamente por su lana y cada noche les lee historias de misterio antes de dormir.

George parece llevarse mucho mejor con las ovejas que con las personas. En el pequeño pueblo donde vive está peleado con medio mundo: el carnicero local, un granjero rival, una exnovia e incluso el vicario. Por eso, cuando las ovejas encuentran a George envenenado en el campo, sospechosos no faltan. Y resulta que habían escuchado aquellas historias con mucha más atención de la que él imaginaba, al punto de que, sin darse cuenta, las entrenó para resolver su propio asesinato.

La muerte de George deja completamente desconcertadas a las ovejas, que hasta entonces pensaban que la muerte solo existía en los cuentos que escuchaban antes de dormir. Según ellas, las ovejas tienen la capacidad de borrar los malos recuerdos con solo contar hasta tres, y por eso ninguna recuerda qué ocurrió con sus padres. En cambio, creen que, al llegar a cierta edad, las ovejas suben al cielo y se transforman en nubes. Después de todo, ¿qué otra explicación habría para que esas cosas en el cielo parezcan hechas de lana?

Los aspectos más interesantes de “The Sheep Detectives” recuerdan a “Watership Down”, otra película moderna que muestra el mundo humano desde la mirada de los animales. Las ovejas, por ejemplo, desconfían profundamente del pavimento: cualquier superficie que no sea pasto podría ser lava. También les cuesta entender la idea humana de Dios, porque les dicen que es, al mismo tiempo, pastor, cordero y pan.

Aunque tienen la capacidad de olvidar los malos recuerdos, la sociedad de las ovejas está lejos de ser perfecta. Guiadas por la costumbre y el instinto, rechazan a cualquier cordero que nazca en invierno, fuera de la temporada normal de apareamiento en primavera. Las ovejas quieren mucho a George, pero no terminan de comprender por qué dedica tanto tiempo a cuidar a esos corderos invernales que viven apartados del resto; desde su perspectiva, simplemente tienen algo “mal”.

Si bien la trama de “The Sheep Detectives” se presenta como un misterio policial, la mirada desde la que está contada deja entrever, a lo largo de toda la historia, una visión del mundo profundamente cristiana.

Por un lado, las ovejas descubren que una vida dedicada a evitar o ignorar el sufrimiento difícilmente pueda llamarse vida. Su negación de la muerte y del dolor las mantiene inmóviles e ingenuas, y solo cuando deciden recordar y honrar a los muertos comienzan realmente a madurar como sociedad. La película deja entrever que la idea que tienen del más allá quizá no esté tan equivocada, pero también sugiere que imaginar una vida eterna sin pasar por la muerte es perder de vista lo esencial. El sufrimiento puede ser difícil de aceptar, pero al fin y al cabo el carácter también se forma a partir de las marcas que deja el dolor cuando atraviesa una vida.

A lo largo de sus 110 minutos, la película vuelve una y otra vez sobre una misma pregunta: ¿qué hace bueno a un pastor? George, desde luego, encarna el modelo positivo, pero la historia también presenta figuras que sirven de contraste. El vicario del pueblo, por ejemplo, abandona a George en el momento en que más lo necesita. La Biblia dice que el buen pastor conoce a sus ovejas por su nombre; el granjero rival de George, en cambio, cría corderos para el matadero y ni siquiera se toma el trabajo de nombrarlos. Y si el misterio no se resuelve, las ovejas podrían terminar bajo su cuidado, lo que vuelve el caso todavía más personal para ellas.

Mientras las ovejas intentan comprender cómo Dios puede ser al mismo tiempo pastor y cordero, tampoco logran ver que una oveja también puede convertirse en pastor… y en uno malo. Hablan constantemente de la importancia del rebaño, pero rechazan a quienes consideran distintos. George era un buen pastor justamente porque cuidaba de los corderos nacidos en invierno, poniendo a esa oveja perdida por encima del resto. La madurez llega cuando las ovejas entienden que eso no era una rareza más de George, sino una virtud digna de imitar.

Las ovejas solo logran resolver el caso cuando escuchan el testimonio del cordero nacido en invierno, una criatura que pasa de ser despreciada y marginada a convertirse en su salvación. Y aunque el rebaño no termine de comprender cómo Dios puede ser al mismo tiempo pastor y cordero, igual está feliz de beeeeneficiarse de eso.

Perdón, estuve a punto de llegar hasta el final sin hacer ese juego de palabras.

Joseph Joyce
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Joseph Joyce

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