Jules Rimet. (Agencia de prensa Mondial Photo-Presse, dominio público/Wikimedia Commons vía EWTN)
Mientras el mundo se prepara para el espectáculo de la Copa del Mundo de la FIFA 2026 —la primera organizada conjuntamente por Estados Unidos, Canadá y México—, miles de millones de aficionados volverán a reunirse en torno a un deporte que trasciende idiomas, fronteras y diferencias políticas. Sin embargo, pocos saben que los orígenes del torneo están vinculados a la fe católica.
El Mundial de la FIFA es uno de los eventos deportivos más vistos del planeta, con cerca de 5.000 millones de personas siguiendo el torneo que reúne a los mejores futbolistas del mundo.
La edición masculina de este año se disputará del 11 de junio al 19 de julio y tendrá como sedes a los tres países anfitriones. La última vez que Estados Unidos organizó una Copa del Mundo fue en 1994, mientras que México fue sede en 1970 y 1986. Para Canadá, en cambio, será la primera vez que albergará este prestigioso torneo. El Mundial de la FIFA 2026 será la vigésima tercera edición de esta competición internacional que se celebra cada cuatro años.
Mucho antes de que la Copa del Mundo se convirtiera en el evento deportivo más visto del planeta, su fundador, Jules Rimet, estuvo marcado por una visión profundamente influenciada por su fe y por su deseo de promover la dignidad y la fraternidad entre los pueblos.
Rimet nació el 14 de octubre de 1873 en el pueblo de Theuley, Francia, en el seno de una familia católica practicante. Desde joven mostró una especial sensibilidad hacia los más pobres y encontró inspiración en la doctrina social de la Iglesia.
En 1891, el Papa León XIII publicó la encíclica Rerum Novarum, que abordaba las duras condiciones laborales, la pobreza y la explotación de los trabajadores provocadas por la Revolución Industrial. Este documento inspiró a Rimet, que entonces tenía 17 años, a ayudar a crear una organización dedicada a brindar asistencia social y médica a las personas más necesitadas.
Este católico francés también sentía una gran pasión por el deporte y estaba convencido de que podía convertirse en un puente entre personas de distintas razas, culturas y clases sociales. A los 24 años fundó el club deportivo Estrella Roja (Red Star), una iniciativa abierta a todos, sin importar su origen o condición social. Además, incorporó el fútbol a sus actividades en una época en la que este deporte era visto con desdén por muchos franceses, que lo consideraban una práctica reservada a los ingleses y a las clases populares.
En 1904, Rimet participó en la creación de la Fédération Internationale de Football Association (FIFA). Tras servir en la Primera Guerra Mundial, regresó a la organización y, en 1921, fue elegido presidente de la entidad.
Nueve años después, en 1930, se celebró la primera Copa del Mundo en Uruguay. Para Rimet, el torneo era mucho más que una competición deportiva: lo veía como una oportunidad para acercar a las naciones, fomentar la fraternidad y la solidaridad entre los pueblos, y contribuir a evitar futuros conflictos internacionales. También impulsó la profesionalización del fútbol para que los deportistas de origen trabajador pudieran vivir de su talento y de su pasión por el deporte.
Rimet fue el presidente de la FIFA durante 33 años. En reconocimiento a su labor, el trofeo entregado al campeón del mundo llevó su nombre —Copa Jules Rimet— desde 1930 hasta 1970.
Falleció en 1956 y fue nominado al Premio Nobel de la Paz por su papel en la creación de la Copa del Mundo.
En el libro Una historia del fútbol en 100 objetos (A History of Football in 100 Objects), su nieto Yves Rimet recordó a su abuelo como “un humanista y un idealista que creía que el deporte podía unir al mundo”. Añadió que, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, comprendió que “para ser verdaderamente democrático y llegar a las masas, el deporte internacional debía ser profesional”.