San Joaquín y Santa Ana son venerados por la tradición cristiana como los padres de la Virgen María. Aunque durante muchos años no pudieron tener hijos, permanecieron firmes en la fe y Dios los bendijo con el nacimiento de María, la Madre de Dios.
El Nuevo Testamento no ofrece detalles sobre sus vidas. Sin embargo, varias de las tradiciones que la Iglesia conserva acerca de ellos provienen del Protoevangelio de Santiago, un antiguo escrito cristiano. Según esta tradición, Joaquín era un hombre acomodado, perteneciente a una de las tribus de Israel, y tanto él como Ana anhelaban profundamente tener un hijo.
Joaquín y Ana perseveraron en la oración pidiendo ese don. La tradición relata que un ángel anunció a Santa Ana que concebiría una hija cuya vida sería conocida en todo el mundo.
