En la década de 1920, funcionarios del gobierno mexicano contrarios al catolicismo promulgaron y aplicaron leyes contra la Iglesia, en un intento de erradicar la fe en todo el país. El gobierno prohibió la presencia de todo el clero extranjero y vetó la celebración de la Misa en algunas regiones.

San Cristóbal Magallanes, otros 21 sacerdotes y tres compañeros laicos fueron martirizados entre 1915 y 1937. El gobierno los persiguió por su participación en el movimiento cristero, un levantamiento que buscaba defender y restaurar la fe católica. Su lema era: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”.

Cristóbal construyó un seminario en Totatiche, donde él y sus compañeros predicaban y atendían en secreto a los católicos de la zona. Sus últimas palabras, tras ser encarcelado, quedaron registradas así: “Soy inocente y muero inocente. Perdono de todo corazón a quienes son responsables de mi muerte, y pido a Dios que el derramamiento de mi sangre sirva para la paz de nuestro México dividido”.

San Juan Pablo II beatificó a los mártires cristeros en 1992 y los canonizó en el año 2000.

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Angelus Staff