Bernardino de Siena nació en Siena, Italia, en 1380. Aunque provenía de una familia acomodada, sufrió la pérdida de sus padres siendo muy pequeño: su madre murió cuando él tenía tres años y su padre cuando tenía siete. Su tía Diana se encargó de criarlo y le enseñó desde niño a confiar en el plan de Dios.

Desde joven mostró una profunda sensibilidad hacia los pobres. Ayunaba con frecuencia para ayudar a quienes más necesitaban y dedicó varios años al cuidado de enfermos y moribundos en el hospital de Scala, entre 1397 y 1400.

Durante ese tiempo, una epidemia de peste golpeó Siena y Bernardino quedó al frente del hospital. La enfermedad acabó con gran parte del personal, pero él logró reunir a 12 hombres para atender a los enfermos durante cuatro meses. Aunque no contrajo la peste, terminó exhausto y pasó mucho tiempo recuperándose.

Cuando recuperó la salud, cuidó de su tía hasta la muerte de ella. Luego, a los 22 años, se retiró a una pequeña casa en las afueras de la ciudad para dedicar su vida a la oración, el ayuno y el discernimiento de la voluntad de Dios.

En 1403 ingresó a los franciscanos de la Estricta Observancia, abrazando una vida de pobreza y humildad. Mientras rezaba ante un crucifijo, sintió que el Señor le decía: “Hijo mío, mírame colgado en la cruz. Si me amas y deseas imitarme, abraza también tu cruz y sígueme”.

Después de ser ordenado sacerdote, fue enviado a predicar a los italianos que se estaban alejando de la fe católica. Vicente Ferrer, el célebre predicador dominico, había anunciado en uno de sus sermones en Italia que uno de sus oyentes continuaría su misión evangelizadora en el país. Bernardino escuchó aquella predicación y terminó convirtiéndose en ese continuador.

Su predicación tuvo un enorme impacto. Muchas personas abandonaron sus vicios y regresaron a Dios gracias a sus palabras y a su testimonio de vida. A los sacerdotes les aconsejaba: “En todas sus acciones, busquen primero el reino de Dios y su gloria. Perseveren en la caridad fraterna y practiquen primero aquello que desean enseñar a los demás”.

A lo largo de su vida enfrentó acusaciones de herejía e incluso amenazas de muerte, pero nunca abandonó su misión. También rechazó tres veces el nombramiento como obispo.

Durante cinco años fue vicario general de la orden franciscana y trabajó para renovar la vida austera y disciplinada de la comunidad.

En 1444, cuarenta años después de ingresar a la vida religiosa, enfermó mientras viajaba. Aun así, continuó predicando hasta quedarse sin voz.

Bernardino de Siena murió el 20 de mayo de 1444. Seis años más tarde fue canonizado por Nicolás V.

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Angelus Staff