Mientras el Papa León XIV respondía a lo que ha descrito como una narrativa inexacta en torno a su primer viaje a África, misioneros que trabajan en todo el continente aseguran que la visita refleja algo mucho más fundamental que un debate político.
“Ha habido una cierta narrativa que no ha sido precisa en todos sus aspectos”, dijo el pontífice a los periodistas el 18 de abril, mientras viajaba entre Camerún y Angola, señalando que gran parte de la cobertura se había convertido en “comentario sobre comentarios”.
Sin embargo, sobre el terreno, quienes viven la realidad cotidiana de la Iglesia en África describen una visita centrada en temas que conocen bien: fraternidad, paz, sanación y esperanza. Y todo ello, arraigado en Cristo.
En muchos sentidos, el viaje también representa el cumplimiento de un deseo personal de larga data. Días después de su elección en mayo de 2025, el Papa León ya había señalado su intención de viajar a África —comenzando por Argelia, la tierra de San Agustín de Hipona, cuyo pensamiento y espiritualidad han marcado su propia vocación como agustino.
Es también un continente que conoce de primera mano. Incluso como obispo de Chiclayo, Perú, el futuro Papa León realizó repetidos viajes a África, especialmente a Nigeria, manteniendo estrechos vínculos con comunidades misioneras y desarrollando una visión pastoral marcada por esos encuentros.
Ese trasfondo ayuda a explicar por qué, como dijo a los periodistas durante el vuelo, ve el viaje en términos simples: “Vengo principalmente a África como pastor… para estar y celebrar con todos, para alentar y acompañar a todos los católicos de África”.
Una Iglesia pequeña, un testimonio poderoso
En Argelia, donde los cristianos constituyen una minoría diminuta en un país predominantemente musulmán, la misionera española Mercè Gassiot afirmó que esa presencia —discreta, humilde y relacional— define la misión de la Iglesia.
“Nuestra Iglesia es pobre, muy pequeña, pero llena de diversidad”, dijo Gassiot, quien vive en el país desde 1969. “La fraternidad se construye día a día, viviendo juntos, trabajando juntos, compartiendo tanto las dificultades como las alegrías de la vida cotidiana”.
Para ella, el énfasis del Papa en el diálogo y la convivencia refleja lo que los católicos en Argelia ya buscan vivir.
Hablando en la Gran Mezquita de Argel, el Papa León subrayó esa visión, insistiendo en que “buscar a Dios es también reconocer la imagen de Dios en cada criatura”, y que esto conduce a aprender “a convivir con respeto por la dignidad de toda persona humana”.
Volvió a la figura de San Agustín como puente entre pasado y presente, diciendo a los periodistas al dejar el país que la “invitación del santo a buscar a Dios y la verdad es algo muy necesario hoy… para todos”.
Ese mismo espíritu se vio en Annaba, donde la hermana Carmen María de Justín, de las Hermanitas de los Pobres, recibió al Papa en un hogar para ancianos, donde casi todos los residentes son musulmanes.
“Fue maravilloso —se emocionó al verlos”, dijo, describiendo cómo el Papa León saludó a los residentes durante su visita.
Para las hermanas, que desde hace tiempo sirven en un entorno mayoritariamente musulmán, la visita fue tanto una confirmación como un aliento. “Ha sido una gran recompensa a nuestro trabajo… nos ha dado fuerza para continuar”, dijo a OSV News.
El encuentro también reflejó la respuesta más amplia de la población local. “La casa estaba llena —llena de musulmanes”, dijo, señalando que los vecinos ayudaron a preparar el lugar para recibir al Papa.
El hogar incluso cuenta con una pequeña mezquita para los residentes, “para que puedan rezar como nosotros lo hacemos en nuestra capilla”, dijo —una expresión cotidiana de la convivencia que el Papa León ha destacado durante toda la visita.
“Creo que el Señor, al mirar desde el cielo una casa como esta, donde las personas se esfuerzan por vivir juntas en fraternidad, diría: ‘¡Aquí hay esperanza!’”, dijo el Papa León en sus breves palabras en el hogar “Ma Maison”, donde dedicó más tiempo a saludar personalmente que a hablar.
“El corazón de Dios está desgarrado por las guerras, la violencia, la injusticia y la mentira. Pero el corazón de nuestro Padre no está con los malvados, los arrogantes o los soberbios. El corazón de Dios está con los pequeños, con los humildes”, dijo el Papa.
Para misioneros como Gassiot y la hermana Carmen María, ese mensaje de evangelización a través de la amistad resuena profundamente en un contexto donde la vida diaria se desarrolla casi por completo en un entorno musulmán. Y es una vida de fe cimentada en el testimonio de los mártires, a quienes el Papa también honró durante su visita.
En el Centro de Acogida y Amistad dirigido por las Hermanas Agustinas Misioneras en el barrio Bab El Oued de Argel, el Papa se reunió con religiosas y conoció su labor, que incluye apoyo educativo, clases de idiomas y programas para mujeres.
Reflexionando sobre el legado de las hermanas Caridad Álvarez Martín y Esther Paniagua Alonso —asesinadas el 23 de octubre de 1994, en el Domingo Mundial de las Misiones, cuando se dirigían a Misa—, el Papa León enmarcó sus muertes dentro de un llamado más amplio al testimonio.
“Tal vez lo que ustedes hacen aquí va mucho más al corazón de lo que debe ser la vida agustiniana —la vida consagrada en la Iglesia— en un mundo donde el martirio es verdaderamente necesario, pero el martirio en el sentido auténtico de la palabra: testimonio”, dijo.
Las dos hermanas forman parte de los 19 mártires de Argelia beatificados en 2018, reconocidos por permanecer junto al pueblo argelino pese al aumento de la violencia durante la guerra civil que comenzó en 1992.
Esa decisión de quedarse no fue automática.
“La pregunta fundamental era: ¿qué voy a hacer personalmente —quedarme o irme temporalmente?”, recordó la hermana María Jesús Rodríguez, entonces superiora provincial de las Hermanas Agustinas Misioneras, quien se encontraba en Argelia en ese momento.
A medida que aumentaban las amenazas contra extranjeros y cristianos, los obispos del país pidieron a los religiosos discernir libremente su camino. “Ambas opciones eran legítimas y muy buenas”, dijo la hermana Rodríguez, señalando el “triple” riesgo que enfrentaban: “por ser extranjeros, por ser cristianos y simplemente por estar allí”.
Paz en una tierra herida
En Camerún, el mensaje del Papa adquirió un tono más urgente.
En Bamenda, una región marcada por un conflicto separatista que ha cobrado miles de vidas y alterado la vida cotidiana durante años, la hermana María José de la Plata afirmó que la decisión del Papa de ir ya era significativa.
“Es un signo de cercanía —está con el pueblo”, dijo. “Está dispuesto a correr el riesgo para decirle a un pueblo que ha sufrido durante años que no está olvidado”.
Describió una realidad en la que la inseguridad se ha vuelto rutina.
“Nos hemos acostumbrado a los ‘lunes fantasma’ —sin mercado, sin escuela, sin transporte”, dijo, refiriéndose a los cierres semanales impuestos en medio del conflicto.
Sin embargo, incluso en ese contexto, la misión continúa.
“Cada día que abrimos la escuela o el centro, a pesar de los riesgos, ofrecemos esperanza y la presencia de Dios en este rincón del mundo”.
Al dirigirse a la comunidad, el Papa León reconoció el sufrimiento mientras destacaba su resiliencia, llamando a la región una “tierra ensangrentada pero fértil”.
“La paz no es algo que debamos inventar”, dijo durante el encuentro por la paz el 16 de abril. “Es algo que debemos acoger aceptando a nuestro prójimo como hermano y hermana”.
Para la hermana de la Plata, la visita en sí misma transmite un mensaje: que el conflicto no ha sido ignorado y que la Iglesia sigue presente.
Sanar heridas y restaurar la dignidad
En Angola, los misioneros afirman que el enfoque del Papa en la sanación y la justicia habla directamente al pasado y presente del país.
Tras una guerra civil de 27 años que terminó en 2002, muchas heridas permanecen —desigualdad económica, infraestructura frágil y comunidades que aún se recuperan de décadas de violencia.
La hermana María José Valero, de las Hijas de la Caridad, describió una misión que abarca escuelas, centros de salud, pastoral penitenciaria y acompañamiento pastoral.
“Nuestra misión aquí incluye educación, atención médica y acompañar a las personas en todos los aspectos de la vida”, dijo, señalando las múltiples necesidades de la población.
El Papa León reflejó esa realidad en su discurso a las autoridades civiles en Luanda el 18 de abril, advirtiendo contra sistemas económicos que reducen a las personas a mercancías y llamando a un modelo de desarrollo basado en la dignidad humana.
“Es necesario romper este ciclo de intereses que reduce la realidad, e incluso la vida misma, a simples mercancías”, dijo.
En el santuario mariano de Mama Muxima —un lugar de profunda significación espiritual, pero también ligado a la historia del comercio transatlántico de esclavos—, el Papa conectó la fe con la responsabilidad concreta.
“Rezar el Rosario… nos compromete a amar a cada persona… y a dedicarnos al bien de los demás, especialmente de los más pobres”, dijo.
Para los misioneros, esa conexión entre oración y acción refleja el trabajo cotidiano de la Iglesia.
Una fe vivida a distancia
En Guinea Ecuatorial, aunque la acogida de quienes pudieron asistir fue sumamente entusiasta, en zonas remotas lejos de la capital muchos católicos no pudieron participar en los eventos ni siquiera seguirlos a través de los medios locales.
Cinco décadas de un gobierno autoritario de Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, quien tomó el poder en 1979, han dejado al país con infraestructura limitada, incluido el acceso a televisión o servicios de transmisión.
La hermana Concepción González, que trabaja en una comunidad rural, describió la visita como algo vivido “a distancia —una distancia física, y también de otros tipos”.
“Muchas personas aquí ni siquiera podrán verlo”, dijo.
Sin embargo, la necesidad de esperanza no es menor.
“Si la esperanza es lo último que se pierde, entonces tal vez es donde más se necesita: en el ámbito de la salud, donde muchos llegan demasiado tarde”, dijo. “Los niños son felices, pero a veces se puede ver en sus ojos una sombra —algo que habla de una vida diferente y mejor”.
Aun así, espera que el Papa lleve consigo esa realidad más allá de los breves días de la visita.
“Le pediría que se lleve un pedazo de lo que ve aquí… y que lo presente al Señor”, dijo.
El Papa León afirmó en Mongomo, en la Basílica de la Inmaculada Concepción, que el lema elegido para su visita: “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”, apunta a “quizás… el hambre más grande hoy” en el país.
“Hay hambre de un futuro impregnado de esperanza que sea capaz de generar un nuevo sentido de justicia y producir frutos de paz y fraternidad”.
Para los misioneros que viven en África, la visita del Papa no introdujo una agenda nueva, sino que reafirmó que su pastor está con ellos, comprende sus luchas y fortalece sus esperanzas.
Inés San Martín escribe para OSV News desde Rosario, Argentina. Es redactora jefe de Mission Magazine, una publicación de las Obras Misionales Pontificias de Estados Unidos.
