Los cristianos están llamados a reflejar la auténtica belleza de la Virgen María, que se revela a través de una vida de amor perdurable más que a través de los estándares estéticos mundanos, dijo el Papa León XIV.

Al celebrar la fiesta de la Asunción el 15 de agosto, el Papa señaló que las representaciones artísticas de una María joven ascendiendo al cielo contrastan marcadamente con la realidad del envejecimiento que todas las personas experimentan.

"La glorificación de María en alma y cuerpo nos enseña que nuestra verdadera belleza no consiste en ocultar los signos del tiempo que pasa, sino en mostrar también en nuestra carne los signos del amor que no tiene fin", afirmó.

"Nos invita, de este modo, a revisar muchos de los cánones estéticos, predominantemente de tipo hedonista y consumista, que el mundo nos impone", agregó el Papa.

El Papa León, quien se encuentra en la residencia papal de Castel Gandolfo del 12 al 18 de agosto, celebró una misa en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva. La iglesia del siglo XVII, que lleva el nombre del fraile agustino español, fue diseñada por el famoso artista italiano Gian Lorenzo Bernini y es la única parroquia pontificia ubicada fuera del Vaticano.

La celebración de la fiesta mariana en esta parroquia fue una tradición iniciada por San Juan XXIII y continuada por San Juan Pablo II y el Papa Benedicto XVI. Aunque el Papa Francisco rompió con la costumbre al quedarse en Roma durante el verano, el Papa León XIV revivió la práctica de celebrar la Misa en dicha parroquia.

En su homilía, el Papa reflexionó sobre la primera lectura del día, tomada del Libro del Apocalipsis. La descripción que hace la lectura de "una mujer vestida del sol, y la luna bajo sus pies", dijo, significa "que en el corazón de María se encuentran el cielo y la tierra, el tiempo y la eternidad".

Para comprender lo que uno tiene en común "con la joven maravillosa que encontramos pintada en nuestros retablos", el Papa dijo que los cristianos deben "mantener unidos los dos signos que hemos mencionado: el cuerpo incorrupto de la Madre de Dios y su corazón inmaculado".

"Es la pureza del alma, en efecto, que en María --como en nosotros-- por gracia de Dios ilumina y transfigura a toda la persona, llevándola a la gloria del Cielo", afirmó.

Al reflexionar sobre los estándares de belleza modernos, el Papa León dijo que "corren el riesgo de aprisionarnos en condicionamientos pesados, haciéndonos desperdiciar energías valiosas en lo que no es realmente importante ni dura para siempre".

"En la experiencia común, se pueden encontrar personas con el rostro marcado por los años y los sufrimientos, pero capaces de irradiar serenidad, benevolencia y paz a su alrededor; como se pueden observar otras, quizás exteriormente atractivas, pero duras y frías en su interior", dijo. "Es fácil entender dónde está la verdadera belleza y dónde, en cambio, hay todavía necesidad de conversión, perdón y curación".

Para "descubrir y cultivar" la belleza divina que nos rodea, continuó el Papa, los cristianos deben aprender a verla "tanto en el rostro tierno de un niño como en las arrugas de un anciano, en la vivacidad de un joven como en la compostura de un adulto, en los adornos de la fiesta como en la vestimenta y en las herramientas de trabajo".

Cada una de esas realidades, agregó, contiene historias únicas de amor que ofrecen "pequeños destellos del cielo".

"El amor es el ornamento más hermoso del hombre", dijo el Papa. "El amor que transfigura, transforma, ennoblece y lleva a lo alto; que nos hace ligeros, libres, cercanos a Dios, incluso a través de los altibajos de la vida".

Refiriéndose a la lectura del Evangelio según San Lucas, en la que María visita a su prima Isabel y proclama la grandeza del Señor, el Papa León dijo que los cristianos no necesitan buscar muy lejos para comprender la humilde exclamación de María sobre los magníficos misterios que ella experimentó.

Esos misterios, explicó, son visibles dondequiera que exista la verdadera caridad. El Papa señaló los ejemplos de padres agotados con sus hijos "después de una jornada de trabajo", abuelos que cuidan a sus nietos, jóvenes con valentía moral y trabajadores comunes que "contribuyen a llevar un poco de Cielo sobre la tierra".

"El rostro bellísimo de la Asunción es único, supera toda representación posible y, sin embargo, al mismo tiempo nos es conocido", dijo el Papa León. "Incluso en este momento, de los hermanos y hermanas con quienes compartimos, en la fe, la ofrenda diaria de nuestra vida".

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Junno Arocho Esteves