Categories: NaciónNoticias

'Iremos a su encuentro', dice el arzobispo de Texas a los migrantes en una nueva carta pastoral

En una nueva carta pastoral --publicada en español e inglés-- que aborda "un momento sin precedentes" en la política migratoria de Estados Unidos, el arzobispo Gustavo García-Siller de San Antonio asegura a los migrantes que la Iglesia saldrá a su encuentro.

Basándose en las Escrituras, la doctrina de la Iglesia, informes sobre derechos humanos, la historia y la experiencia vivida, la carta subraya la necesidad de reconocer la dignidad humana otorgada por Dios a los migrantes, la cual "no depende de un pasaporte, un visado o un permiso de trabajo".

Además, subrayó el arzobispo, "el movimiento de los pueblos no constituye una interrupción del plan de Dios, sino que forma parte del tejido mismo de la salvación".

El 3 de agosto, el arzobispo García-Siller publicó "Regresaré a ustedes: Unidos en solidaridad con nuestros hermanos y hermanas migrantes".

El título de la carta retoma la promesa de Jesús en Juan 14,18: "No los dejaré huérfanos; volveré a ustedes". Y el arzobispo hace esa misma promesa a quienes hoy viven con miedo: "La Iglesia no los abandonará. Iremos a su encuentro".

La presentación del documento --de 57 páginas en inglés y 62 en español-- tuvo lugar en la Catedral de San Fernando, coincidió con el centenario de la elevación de San Antonio al rango de arquidiócesis metropolitana.

El arzobispo García-Siller dedicó la carta a su santo patrón de confirmación, San Agustín de Hipona, quien "enseñó a la Iglesia que todos somos peregrinos en la vida, caminantes que se dirigen hacia nuestra verdadera patria en el cielo".

Miedo, detención y violaciones de los derechos humanos

En su mensaje pastoral, el arzobispo advirtió que, si bien "la detención deportación masiva de inmigrantes no son algo nuevo en la historia de los Estados Unidos", las condiciones políticas actuales --parte de la amplia ofensiva de la administración Trump contra la inmigración-- reflejan "tácticas estructurales y legales" de "relativa novedad".

El arzobispo citó varios ejemplos, entre ellos la "revocación de las protecciones federales" que anteriormente mantenían a lugares sensibles, como las iglesias, "a salvo de las acciones de control migratorio"; la invocación de la Ley de Enemigos Extranjeros de 1798 "para deportar a personas sin el debido proceso"; y una asignación de 45.000 millones de dólares para construir centros de detención de inmigrantes "a una escala sin precedentes en la historia de los Estados Unidos".

En medio de tales acciones --que exigen "discernimiento moral cuidadoso y bien formado por parte de toda conciencia católica"--, "el miedo ha echado raíces" en toda la Arquidiócesis de San Antonio, ya que una "ansiedad constante y agobiante" lleva a muchos a evitar los quehaceres básicos, la atención médica e incluso la misa misma, afirmó el arzobispo.

"Los párrocos se sientan en las salas de estar con familias que temen abrir las persianas", dijo, y señaló que "la asistencia a las misas en español" de la arquidiócesis ha disminuido.

"Anhelan la Eucaristía y la comunión con Cristo Resucitado, que da sentido a su semana. Mientras el Cuerpo de Cristo se reúne a pocas manzanas de distancia, la puerta de su casa permanece cerrada y ellos se quedan sentados juntos, en silencio y con miedo", lamentó el arzobispo, y agregó: "Esta es una herida espiritual que todos compartimos".

El arzobispo dijo que durante sus visitas a los tres centros de detención de migrantes dentro de la arquidiócesis --incluido un centro de detención familiar en Dilley-- había "sido testigo, de primera mano, de violaciones a la dignidad humana dentro de sus muros".

También citó datos de una investigación dirigida por el senador demócrata Jon Ossoff, de Georgia, que documentó "más de 1,000 informes creíbles de abusos contra los derechos humanos en centros de detención de inmigrantes desde enero de 2025; entre los que figuran la negligencia médica, la privación de alimentos y agua, el hacinamiento, la privación del sueño y la separación de madres lactantes de sus bebés".

El arzobispo García-Siller describió patrones documentados y "generalizados" de "abuso, negligencia y deshumanización" en los centros de detención de migrantes, que "no son ni accidentales ni marginales".

Un sistema fallido y una disparidad racial que requieren una "reforma honesta"

Señaló que la abrumadora mayoría de las personas detenidas por motivos migratorios no tiene condenas penales. Según el Transactional Records Access Clearinghouse de la Universidad de Syracuse, esa cifra era del 70,6 % al 11 de julio.

El arzobispo subrayó los motivos urgentes que impulsan la migración, afirmando que "quienes migran lo hacen para sobrevivir, para mantener con vida a sus familias cuando ya no queda otra opción en sus países de origen".

"Si tuvieran acceso a vías legales, la gran mayoría las utilizaría", afirmó. "Pero acceder a las vías para entrar en Estados Unidos lleva años, si es que dichas vías permanecen abiertas. Nuestros hermanos y hermanas no pueden esperar años para que sus hijos coman. No pueden esperar años para que su familia esté segura".

El arzobispo García-Siller señaló que "el deterioro de este sistema no es simplemente una cuestión de fracaso en las políticas públicas", ya que "la historia de la legislación migratoria de los Estados Unidos ha estado ligada durante mucho tiempo a categorías raciales sobre quién es bienvenido y quién no".

Destacó los recientes y documentados "patrones de disparidad racial en la aplicación de la ley contra hispanos, latinos y otras personas de color".

Al tiempo que reafirmó la doctrina social de la Iglesia de que la aplicación de la ley debe "defender el bien común", el arzobispo afirmó que "cuando la aplicación de la ley viola la dignidad humana, traiciona la misma justicia que pretende defender".

La Iglesia los acompañará

A lo largo de su carta, el arzobispo García-Siller reafirmó la importancia central de la concepción de la dignidad humana que tiene la Iglesia, señalando que la misma Encarnación "nos dice quién es Dios y dónde elige habitar".

Cristo "se identifica inequívocamente con los desplazados", afirmó el arzobispo, citando Mt 25,35: "Era un extraño, y me hospedaron".

El arzobispo citó a monseñor Arturo Bañuelas, un sacerdote jubilado de la Diócesis de El Paso y él mismo "hijo de la zona fronteriza": "Jesús está en la frontera; hoy es crucificado en los pobres".

Esa conciencia exige un examen de conciencia espiritual, así como caridad en acción, dijo el arzobispo García-Siller.

"Recibir la Eucaristía el domingo y negar refugio a los desesperados el lunes significa no comprender la exigencia moral del sacramento", afirmó.

El arzobispo --originario de México y enviado a Estados Unidos por su orden, los Misioneros del Espíritu Santo-- destacó la "lección perdurable" de la Guerra Cristera, librada a principios del siglo XX en su país natal cuando el gobierno perseguía a la Iglesia católica.

"Un gobierno puede intentar organizarse en contra de la fe, legislar para excluir a Dios de la vida pública y castigar a quienes se niegan a acatar, pero la fe permanece", dijo el arzobispo.

A lo largo de su carta pastoral, el arzobispo García-Siller relató su labor pastoral directa con migrantes atrapados entre las condiciones extremas de sus países de origen y en Estados Unidos.

Recordó en particular las muertes, en junio de 2022, de 53 migrantes que perecieron en un camión con remolque cerca de la Base Conjunta San Antonio-Lackland, en San Antonio.

"Al estar cerradas las vías legales, la desesperación los empujó a manos de depredadores que lucraban con su miedo", dijo. "Oré junto a sus camas y por aquellos a quienes no pudimos salvar. No había palabras que ofrecer, solo acompañamiento, la presencia de Jesús Crucificado y la fe de que el Espíritu Santo estaba con nosotros".

Sin embargo, la esperanza sobrevive en medio de tanto sufrimiento, señaló el arzobispo García-Siller, ya que "el sufrimiento, cuando se afronta con amor, se convierte en el lugar donde se encuentra a Dios".

Acciones concretas para apoyar a los inmigrantes

En su carta, esbozó una "hoja de ruta para la acción", inspirada en el Evangelio y en el Espíritu Santo, para que la Iglesia atienda a los migrantes.

Esa hoja de ruta hizo hincapié en el redescubrimiento de la familia y el hogar como Iglesia doméstica, especialmente cuando el temor a la detención migratoria impide asistir a la misa y recibir la Eucaristía.

El arzobispo instó a las parroquias a "desarrollar ministerios activos de acompañamiento" que busquen ofrecer capacitación sobre los derechos legales de los migrantes, al tiempo que designen coordinadores de respuesta parroquiales y un "Equipo de Respuesta Rápida" para brindar asistencia legal, alimentos, transporte, cuidado infantil, servicios de traducción y oración.

También señaló la necesidad de brindar apoyo de salud mental a los migrantes y sus familias, así como de prevenir el fraude cometido por los llamados "notarios", una práctica en la que estafadores --aprovechándose de la confusión sobre las diferencias en las facultades notariales entre países-- engañan a los clientes mientras fingen ofrecer asesoramiento legal.

El arzobispo García-Siller instó al clero, a los religiosos y a los laicos capacitados a visitar a las personas detenidas por motivos migratorios, y describió ese ministerio como "una obra de misericordia corporal y un ejercicio de la religión protegido constitucionalmente que ninguna autoridad civil puede prohibir legalmente".

Y también dijo a los fieles de la diócesis: "Si su familia ha sido detenida, avísenos. Iremos a verlos. El Cuerpo de Cristo no abandona a sus miembros encadenados".

Dirigiéndose a quienes ejercen la autoridad, el arzobispo dijo: "Amen a su pueblo", y advirtió que "utilizar a los migrantes y refugiados como peones políticos ofende a Dios, desgasta el tejido social y nos impide ver a Cristo en el sufrimiento de nuestros hermanos y hermanas".

Recordó a los funcionarios federales que "las leyes deben servir a la dignidad humana" y que la reforma migratoria es una "obligación moral".

El arzobispo pidió que dichas reformas incluyan la protección de lugares sensibles frente a las operaciones de control migratorio, la preservación de la unidad familiar, el restablecimiento del asilo y del debido proceso, el fin de las detenciones y deportaciones masivas, y la creación de "vías justas hacia la ciudadanía".

"Busquemos refugio en María: nuestra Madre de Misericordia y Esperanza, y Consuelo de los Migrantes", dijo el arzobispo. "El camino por delante no será fácil. Pero el miedo no debe dar cabida a la pasividad. ¡Sean audaces y valientes en Cristo!".

Gina Christian
Share
Gina Christian

Tags: Inmigrantes