En la solemnidad de Corpus Christi, que celebra la presencia real y viva de Jesucristo en la Eucaristía, todos los bancos de la parroquia del Sagrado Corazón se llenaron de fieles reunidos bajo las paredes cubiertas de mosaicos donde la comunidad católica inmigrante ha rezado durante más de un siglo.

"El Jesús que se nos entrega en la Eucaristía también está presente en cada uno de sus hijos e hijas, especialmente en aquellos que sufren, los vulnerables, los olvidados y los que cargan con pesadas cargas", dijo el obispo Evelio Menjívar-Ayala en su homilía del 7 de junio, al vincular la celebración de la Eucaristía con el sufrimiento y la dignidad de los inmigrantes.

El obispo Menjívar, obispo auxiliar de Washington quien el 1 de mayo fue nombrado por el Papa León XIV como nuevo obispo de Wheeling-Charleston, Virginia Occidental, celebró la Misa en español con motivo de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, también conocida como el Domingo del Corpus Christi.

El obispo designado Emilio Biosca Agüero --párroco del Santuario del Sagrado Corazón nombrado por el Papa el 13 de mayo como nuevo obispo de Venice, Florida-- concelebró la Misa junto con sacerdotes de toda la Arquidiócesis de Washington.

Tras la Misa, cientos de católicos se unieron a una procesión eucarística, caminando en solidaridad con los inmigrantes desde el Santuario del Sagrado Corazón hasta la Catedral de San Mateo Apóstol.

La Misa y la procesión en la capital del país formaron parte del "Tiempo de Testimonio Fiel" (o "Temporada de Testimonio Fiel"), una iniciativa basada en la oración y la devoción eucarística para mostrar solidaridad con los inmigrantes en medio de las políticas de mano dura en materia de inmigración y la campaña de deportaciones masivas de la administración Trump.

Este testimonio --que comenzó el Miércoles de Ceniza y tuvo su culmen el día de Corpus Christi-- se ha celebrado en todo el país, explicó Católicos en Comunión (Catholics in Communion) una colaboración de organizaciones católicas que buscan fortalecer el testimonio público de la Iglesia.

Algunos ejemplos de estos testimonios tuvieron lugar en Pittsburgh, donde miembros de "Pax Christi del Área de Pittsburgh" se reunieron para una vigilia de oración con motivo del Corpus Christi. Y cerca de 250 personas en la ciudad de Nueva York afirmaron la dignidad de cada persona en las calles. El testimonio atrajo a clérigos, religiosos, líderes laicos, feligreses y miembros de la comunidad.

En La Crosse, Wisconsin, las Hermanas Franciscanas de la Adoración Perpetua se asociaron con la Universidad de Viterbo para organizar una procesión eucarística. El evento en Wisconsin comenzó con una Misa en la Capilla San Damián de la universidad, y la procesión por la ciudad hizo paradas de oración centradas en el acceso a la atención médica, la educación y la vivienda. Concluyó con la adoración eucarística y la bendición en la Capilla María de los Ángeles del convento de las franciscanas. Más de 80 personas participaron en el evento, que concluyó con una comida compartida y un momento de convivencia.

En Brownsville, Texas, una Misa y procesión reunió a cerca de 115 personas quienes oraron por los migrantes y refugiados, especialmente por las familias que han sido separadas y por aquellos que viven con miedo en su propia comunidad.

"La administración actual busca diferencias para dividirnos y separarnos (como quién tiene los documentos en regla y quién no), pero nuestra fe nos recuerda lo que nos une: que todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y que, por el bautismo, todos somos miembros del Cuerpo de Cristo", dijo el padre jesuit Brian A. Strassburger, quien dirige Del Camino Jesuit Border Ministries.

En Washington, el obispo Menjívar dijo en su homilía que las familias migrantes suelen recorrer caminos marcados por la incertidumbre y el sacrificio en su búsqueda de seguridad, trabajo y dignidad, confiando únicamente en la providencia de Dios.

Basándose en la Primera Carta de San Pablo a los Corintios, el obispo Menjívar afirmó en su homilía que la Eucaristía une a los católicos no solo a Jesucristo, sino también entre sí.

"Somos el cuerpo de Cristo", dijo. "Y si somos un solo cuerpo, entonces cuando un miembro sufre, todos sufren con ese miembro. ... No podemos adorar a Jesús en la custodia y luego ignorarlo cuando se nos aparece en el rostro del migrante, del refugiado, del pobre y del que tiene miedo".

Monseñor Menjívar recordó que Cristo cumple su promesa de permanecer con su pueblo y que, al recibir su Cuerpo y Sangre, los fieles se convierten en el cuerpo peregrino de Cristo en la historia. "Jesús no solo está presente en el Sacramento del Altar, sino también en cada persona, especialmente en quienes sufren, en los vulnerables, olvidados y marginados", expresó.

"La Eucaristía nos lleva más allá de nosotros mismos para que podamos acompañar a quienes más necesitan nuestra cercanía", dijo. "Nos llama a construir comunidades donde nadie se sienta como un extraño, donde nadie se quede solo en el sufrimiento, y donde todos puedan descubrir que son hijos e hijas amados de Dios".

El obispo manifestó su solidaridad con los inmigrantes que enfrentan situaciones de atropello, desprecio y humillación a causa de políticas y medidas que calificó como injustas e inhumanas.

'Asimismo, insistió en que el sufrimiento de los inmigrantes no es ajeno ni a Dios ni a la Iglesia. "Cuando una familia inmigrante vive con miedo o una persona se siente excluida, toda la Iglesia debe sentirse afectada y responder con solidaridad. Del mismo modo, cuando un inmigrante encuentra acogida, seguridad y esperanza, toda la comunidad cristiana comparte esa alegría", señaló.

Cientos de fieles participaron en una procesión eucarística después de la Misa. A lo largo del recorrido, la procesión se detuvo en varias estaciones de oración, donde se compartieron testimonios sobre la difícil situación que enfrentan muchos inmigrantes que carecen de autorización legal para vivir y trabajar en los EE.UU.

Algunos rezaban el rosario mientras otros cantaban himnos en español e inglés. Las familias llevaban pancartas, empujaban cochecitos y sostenían fotografías de seres queridos y miembros de la comunidad detenidos o deportados en medio de los procedimientos migratorios.

Organizada por la Oficina de Justicia y Paz de la arquidiócesis, la procesión se basó en la creencia católica de que Jesucristo está verdaderamente presente --en cuerpo, sangre, alma y divinidad-- en la Eucaristía.

Bajo un dosel blanco y dorado, el obispo Menjivar, el obispo designado Biosca Agüero y el obispo designado Robert P. Boxie --este último fue nombrado por el Papa León el 1 de mayo como nuevo obispo auxiliar de Washington-- se turnaron para llevar la custodia con el Santísimo Sacramento durante la procesión de casi dos millas.

Durante el recorrido se registraron paradas en diversas estaciones de oración, preparado por comunidades parroquiales y ministerios de toda la arquidiócesis. En cada parada se compartieron testimonios sobre la difícil situación que enfrentan muchos inmigrantes indocumentados en Estados Unidos.

Jaime Ortiz, miembro de los Caballeros de Colón de la parroquia Sagrado Corazón, afirmó que acompañar el Santísimo Sacramento por las calles de la capital estadounidense representa un gesto de solidaridad con miles de trabajadores migrantes detenidos o deportados.

"La fiesta de Corpus Christi nos recuerda que debemos defender la dignidad de las personas, fortalecer nuestras comunidades parroquiales y dar testimonios de esperanza", expresó Ortiz.

Entre los participantes estuvieron Alexander y Sulma Cruz, esposos salvadoreños de la parroquia Santa Rosa de Lima, en Gaithersburg, quienes acudieron junto a su pequeña hija: "Queremos demostrar que somos una Iglesia viva y solidaria con los hermanos migrantes que hoy sufren. También deseamos transmitirle a nuestra hija la fe que recibimos de nuestros padres y abuelos".

Para Jorge Cabanilla, capataz de la Hermandad del Señor de los Milagros de Washington y feligrés de Nuestra Señora Reina de las Américas, la presencia de obispos, sacerdotes y religiosas en la procesión constituyó una señal de cercanía pastoral hacia la comunidad hispana.

"Existe temor por las redadas migratorias, la separación familiar y el desempleo que afecta a muchos hogares. Hoy sentimos que no estamos solos y que, a través de la oración, siempre surge la esperanza de una solución digna", afirmó Cabanilla.

Arthur Laffin, miembro de la parroquia del Santísimo Redentor (Holy Redeemer) en Washington y del Movimiento del Trabajador Católico Dorothy Day, portaba un cartel que decía: "Amar al prójimo significa acoger al inmigrante. No los detengan ni los deporten".

Laffin afirmó que las procesiones eucarísticas públicas brindan a los católicos la oportunidad de solidarizarse con los inmigrantes y otras personas necesitadas. "Transmitimos el mensaje de que todos formamos parte del cuerpo de Cristo y de que, cuando uno sufre, todos sufrimos", declaró a Catholic Standard, el periódico en inglés de la Arquidiócesis de Washington.

"Lo que hemos observado en los últimos meses es que muchos católicos buscan formas de conectar su fe con los retos apremiantes a los que se enfrentan sus comunidades", afirmó Sergio López, director nacional de misión y formación de líderes de Catholics in Communion, uno de los grupos impulsores de la "Temporada de Testimonio Fiel".

La "temporada" comenzó el Miércoles de Ceniza y estaba programada a culminar el Corpus Christi, pero la festividad no es la meta o final de los testimonios, sino que "es un hito", dijo López en un comunicado.

"A medida que avancemos, continuaremos apoyando el testimonio público", dijo, "fortaleciendo el liderazgo católico, acompañando a las familias inmigrantes y otras comunidades vulnerables, y ayudando a los católicos a vivir su responsabilidad de participar en la vida pública de maneras que promuevan la dignidad humana y el bien común".

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