La libertad religiosa “considera sagrada la esfera interior de la persona, donde se forman las convicciones y donde la conciencia puede guiar las decisiones tomadas en la intimidad del corazón humano”, afirmó el Papa León XIV al aceptar un importante galardón cívico por defender la libertad de culto en vísperas del 250.º aniversario de Estados Unidos.

El primer Papa nacido en Estados Unidos compartió sus reflexiones --que situaban la libertad religiosa en el marco de una visión de la dignidad humana otorgada por Dios y que instaban a la nación a volver a los ideales fundacionales compartidos-- durante el discurso de aceptación pronunciado el 3 de julio con motivo de la Medalla de la Libertad, otorgada por el Centro Nacional de la Constitución de Filadelfia.

Creada en 1988 para conmemorar el bicentenario de la Constitución de Estados Unidos, y organizada por el centro desde 2006, la Medalla de la Libertad rinde homenaje tanto a personas como a organizaciones “que se esfuerzan por garantizar las bendiciones de la libertad a los pueblos de todo el mundo”.

La ceremonia del 3 de julio tuvo lugar en el centro, una entidad privada sin ánimo de lucro que promueve la educación constitucional y el debate cívico, y en la que el Papa León intervino a través de una transmisión en directo desde el Vaticano. Recibió una ovación de pie por parte de los asistentes, entre los que se encontraban numerosos líderes religiosos y cívicos.

La medalla en sí le había sido entregada al Papa en persona en el Vaticano el 30 de abril por Vince Stango, presidente y director ejecutivo interino del centro, junto con responsables del centro y el arzobispo Nelson J. Pérez de Filadelfia, quien participó en el evento celebrado en Filadelfia. El vídeo de la entrega de abril se proyectó en la ceremonia del 3 de julio, justo antes de las declaraciones en directo del Santo Padre.

El Papa León es el segundo líder religioso en recibir la Medalla de la Libertad, tras el XIV Dalái Lama del Tíbet, galardonado en 2015.

“Este honor es un merecido reconocimiento a la dedicación de larga data del Santo Padre a la promoción de la libertad para todas las personas en todo el mundo, en particular el don de la libertad religiosa”, afirmó el arzobispo Pérez durante el acto celebrado en el centro.

El Papa León habla como ‘un hijo de esta gran nación’

Dirigiéndose a los asistentes a la ceremonia, el Papa León lucía tanto la medalla como su cruz pectoral, mientras que en el escenario se exhibía una réplica de la medalla --bendecida por el Papa en abril durante la entrega presencial-- antes de su instalación en una de las galerías del centro.

Describiéndose a sí mismo como “un hijo de esta gran nación”, el Papa León pidió en su discurso del 3 de julio que se unieran a él para pedir “la bendición de Dios sobre el futuro de Estados Unidos, para que los elevados ideales consagrados al comienzo de la Declaración de Independencia sigan guiando el florecimiento de la nación en la unidad, la justicia y la paz”.

“Desde nuestra juventud, la mayoría de nosotros hemos admirado la elocuencia de esas palabras, su rotundo recurso a la ley de la naturaleza y al Dios de la naturaleza como fundamento de su afirmación de que todos los hombres y mujeres son creados iguales y dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre ellos el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad”, dijo el Papa.

Señalando que, si bien esa formulación estaba “expresada en el lenguaje de la Ilustración”, la afirmación “se fundamenta, en última instancia, en una concepción de la persona humana inspirada en la gran visión bíblica del hombre y la mujer creados a imagen divina”, señaló el Papa León.

El Papa León XIV se dirige a los asistentes de la ceremonia de entrega de la Medalla de la Libertad del Centro Nacional de la Constitución, celebrada el 3 de julio de 2026 en Old City, Filadelfia, en honor al Papa por sus esfuerzos en defensa de la libertad religiosa. (Foto OSV News/Jason E. Miczek, cortesía del Centro Nacional de la Constitución)

El Papa León XIV se dirige a los asistentes de la ceremonia de entrega de la Medalla de la Libertad del Centro Nacional de la Constitución, celebrada el 3 de julio de 2026 en Old City, Filadelfia, en honor al Papa por sus esfuerzos en defensa de la libertad religiosa. (Foto OSV News/Jason E. Miczek, cortesía del Centro Nacional de la Constitución)

La dignidad otorgada por Dios y el derecho a la vida

Dicha dignidad humana otorgada por Dios, dijo, “precede al establecimiento de cualquier Estado, y su protección constituye la razón de ser de este”.

“Sin embargo, como todo estadounidense sabe, el camino hacia la construcción de una sociedad que encarnara esos elevados ideales de libertad y justicia para todos no siempre ha sido fácil y, en muchos aspectos, sigue siendo una labor en curso”, dijo. “De hecho, el esfuerzo por hacer realidad esta visión es algo que debe retomarse en cada generación y frente a desafíos siempre nuevos”.

El 250.º aniversario de la nación, prosiguió, ofrece “la oportunidad de reflexionar una vez más sobre los principios fundacionales de la nación, con la esperanza de que Estados Unidos siga siendo siempre fiel al sueño que le ha valido el título de ‘tierra de los libres y hogar de los valientes’”.

El Papa enumeró los derechos “consagrados por los fundadores de la nación”, señalando que el primero era “el derecho a la vida”.

“La vitalidad de un país está profundamente ligada al valor que otorga a la vida humana en todas sus formas y condiciones, reconociendo la dignidad inherente de toda persona humana en virtud de su mera existencia”, afirmó.

Manifestar la ‘grandeza moral de una nación’

Subrayó que “debemos seguir cultivando” esa “reverencia” por el don de la vida “desde el momento de la concepción hasta la muerte natural”.

El Papa León señaló que “la grandeza moral de una nación se manifiesta, sobre todo, en su capacidad para apoyar, proteger y valorar la vida de todos, especialmente de los más vulnerables y de aquellos cuya dignidad es cuestionada”.

Junto con el derecho a la vida, afirmó el Papa, “la libertad fue y sigue siendo preeminente entre los principios venerados por los hombres y mujeres que han buscado, dentro de las fronteras de esta nación, un nuevo comienzo, equiparándola a menudo con una esperanza antes inimaginable”.

Aclaró que “la auténtica libertad es mucho más profunda” que “la capacidad de actuar como uno quiera”.

Más bien, dijo el Papa León, la verdadera libertad “se fundamenta en la capacidad de la persona humana para conocer la verdad y adherirse al bien, incluso a un alto precio --un sacrificio bien conocido por muchos de los que han trabajado para forjar este país”.

Attendees listen to Pope Leo XIV during the National Constitution Center's Liberty Medal award ceremony honoring the pope July 3, 2026, in Old City Philadelphia, for his efforts to uphold religious freedom. (OSV News photo/Jason E. Miczek, courtesy of the National Constitution Center)

Attendees listen to Pope Leo XIV during the National Constitution Center's Liberty Medal award ceremony honoring the pope July 3, 2026, in Old City Philadelphia, for his efforts to uphold religious freedom. (OSV News photo/Jason E. Miczek, courtesy of the National Constitution Center)

La tradición estadounidense de libertad religiosa

Señaló que “Estados Unidos ha defendido desde hace mucho tiempo la libertad religiosa necesaria para seguir de forma responsable los dictados de la conciencia… libres de miedo y coacción”.

Esa libertad “considera sagrada la esfera interior de la persona, donde se forman las convicciones y donde la conciencia puede guiar las decisiones tomadas en la intimidad del corazón humano”, afirmó.

Además, señaló el Papa León, “esa misma libertad garantiza también el derecho de toda persona a practicar su culto según sus propias creencias, así como el derecho de los individuos, las comunidades y las asociaciones a expresar públicamente su fe”.

La libertad religiosa permite el “diálogo interconfesional y la cooperación interreligiosa” en pro del “bien común”, al tiempo que enriquece “los debates sobre las grandes cuestiones morales y éticas a las que se ha enfrentado la nación y que han marcado el curso de su historia”, todo ello como parte de “la tradición estadounidense”, afirmó el Papa León.

Añadió: “Espero que esta tradición siga dando frutos en un discurso público caracterizado por la moderación, el respeto a las opiniones ajenas y un esfuerzo constante por encontrar puntos en común para promover la paz y la reconciliación, tanto en el país como en el extranjero”.

La unidad de Estados Unidos se basa en la verdad de la persona humana

Los fundadores de Estados Unidos, “hombres y mujeres de diversos orígenes, religiones e idiomas, fueron capaces de encontrar ese terreno común y la fuerza necesaria para perseguir un futuro mejor”, afirmó el Papa. Señaló que tales principios, “arraigados” en “la verdad de la persona humana”, unieron a los antepasados de la nación “en una única causa, un sueño común”.

“La unidad fortaleció ese sueño, dando origen, bajo la protección de Dios, a los Estados Unidos de América”, afirmó el Papa León.

Citó el lema de la nación, “E pluribus unum”, que en latín significa “De muchos, uno”.

El Papa destacó que una nación “debe estar verdaderamente unida” para prosperar, y que esa unidad no se encuentra en “metas ligadas a esfuerzos momentáneos”, sino en “ideales que perduren con el paso del tiempo”.

“Que los principios sobre los que hemos reflexionado hoy --la dignidad humana compartida, la igualdad y los derechos establecidos en la Declaración de Independencia-- sean siempre una fuente de esa unidad y una luz que nos guíe en el presente y en los años venideros”, dijo el Papa León.

El Santo Padre oró para que el 250.º aniversario de la nación fuera “ocasión para una solemne renovación de los ideales que han hecho de Estados Unidos un país que valora la paz y la prosperidad, un país caracterizado por la generosidad y la nobleza de corazón”.

Al concluir su discurso, el Papa León dijo: “Los encomiendo a todos ustedes, así como el futuro de la Nación, a Aquel que es la fuente misma de la verdadera libertad y la paz duradera, Aquel cuyo nombre es Paz. ¡Que Dios bendiga a Estados Unidos!”.

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Gina Christian