Ante el rápido avance de la inteligencia artificial y de los medios digitales, el Papa León XIV llamó a las familias, las escuelas y los responsables políticos a construir una “alianza educativa para la era digital” con el fin de proteger la dignidad y el desarrollo intelectual de los jóvenes.
“En tiempos en que la verdad suele ser distorsionada para servir a intereses particulares y estrategias de comunicación, la educación cobra un papel clave”, escribió el Papa León.
En la encíclica recientemente publicada Magnifica Humanitas, el pontífice anima a docentes, cuidadores y profesores universitarios a no darse por vencidos con una generación que podría quedar atrapada por la tecnología. Y comienza con una afirmación bastante contundente, que claramente nace de su experiencia pastoral y misionera: “Las rápidas transformaciones tecnológicas dejan en evidencia lo poco preparados que estamos en el ámbito educativo”.
El Papa advirtió que “la omnipresencia de los medios digitales” alimenta “una cultura de la inmediatez y de la sobreestimulación”, lo que provoca “cansancio, aburrimiento y apatía frente al esfuerzo que implica buscar la verdad”. Sin embargo, subrayó que la educación va en sentido contrario a esa lógica: es “un camino largo que requiere paciencia” y necesita “tiempo para crecer y para entrar en contacto con la realidad más allá de las apariencias”.
Luke Rowe, profesor e investigador de la Australian Catholic University, dijo que al leer esos pasajes no solo se sintió feliz, sino profundamente “conmovido”.
“Creo que no me había dado cuenta de cuánto necesitaba escuchar estos lineamientos”, comentó a OSV News al referirse a la encíclica. “Y creo que el mundo hoy también los necesita más que nunca”.
“Realmente necesitábamos esta guía”, señaló. Según explicó, lo que más le impactó del texto fue que el Santo Padre subrayara que “la fragilidad humana y nuestras imperfecciones son precisamente lo que nos permite reconocer cuánto necesitamos el amor de Dios”.
La fragilidad humana frente a la IA
En su encíclica, el Papa escribió que, al ofrecer reflexiones sobre el continente digital, espera “ayudar a los fieles laicos y a todas las personas de buena voluntad a redescubrir su responsabilidad de poner en práctica” los principios de la doctrina social de la Iglesia “en la vida cotidiana, en las relaciones familiares, en el trabajo y en su participación en la sociedad”. De ese modo, añadió, podrán dejarse inspirar “por el deseo de encarnar el amor de Dios en las situaciones concretas de la vida”.
El Papa advirtió sobre el peligro de depender demasiado de los sistemas automatizados para el aprendizaje, y señaló que “la rapidez y facilidad con la que hoy se obtienen respuestas o resúmenes pueden terminar apagando el deseo de hacerse preguntas”. Por eso, instó a la sociedad a “proteger a los jóvenes de la promesa de la máquina perfecta, de esa sutil tentación que hace parecer innecesario el pensamiento humano precisamente cuando más se necesita”.
“En un mundo cada vez más dominado por una inteligencia artificial que simplifica y sintetiza todo, se espera que tengamos respuestas inmediatas”, explicó Rowe, cuyas áreas de trabajo e investigación en el campus de Melbourne de ACU incluyen la ciencia del aprendizaje, la enseñanza basada en evidencia y la educación para la salud.
“Hoy todos los textos parecen prolijos y sin errores. Escribimos correos gramaticalmente perfectos gracias a la IA”, comentó. “Tenemos documentos perfectamente estructurados e imágenes perfectas”. Según Rowe, en este “mundo sintético” las imperfecciones humanas están empezando a desaparecer, al menos en la superficie. “Y para mí, una educación de calidad necesita que podamos reconocer nuestras imperfecciones. Leer eso en la encíclica realmente me tocó el corazón”, afirmó.
“Sentí que esas palabras estaban dirigidas directamente a mí”, subrayó Rowe. “Y quise compartir eso con mis estudiantes. Quiero transmitirlo a los educadores que estamos formando… quiero que sepan que está bien ser vulnerables e imperfectos, y que aun así el futuro es esperanzador”.
“Para un algoritmo, un error es simplemente una falla que debe corregirse; para una persona, en cambio, un error puede convertirse en el punto de partida de un cambio profundo”, escribió el Papa en la encíclica, en una de sus reflexiones sobre la gran diferencia entre la tecnología y la experiencia humana.
Un gran desafío: enseñar a los jóvenes a usar la IA
Al referirse a los desafíos que plantea el avance de la inteligencia artificial, el documento advierte que “toda tecnología termina moldeando a quienes la usan”. Por eso, subraya que educar sobre el uso de la IA “también implica enseñar a discernir cuándo y para qué no debería usarse”.Principio del formulario
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“La educación debería ayudar a potenciar y celebrar aquello que hace única a cada persona, y darles a todos una voz propia”, afirmó Rowe a OSV News. Sin embargo, advirtió que “eso se vuelve cada vez más difícil en un mundo donde la IA tiende a homogeneizar a las personas, a darles un guion y a quitarles su propia voz, haciendo que todos terminen sonando parecidos”.
Según explicó, uno de los llamados más fuertes de la encíclica en el ámbito educativo es “ser mucho más cuidadosos con la manera en que usamos esta herramienta, para que ayude a fortalecer la individualidad de cada uno. Aquello que nos hace únicos y especiales debería celebrarse, no quedar reducido a algo uniforme”, agregó.
El profesor australiano también subrayó que, en el ámbito académico, existe el riesgo de caer en una búsqueda desesperada de respuestas en la tecnología, mientras que el Papa ofrece una respuesta profundamente humana a las grandes inquietudes de nuestro tiempo.
“He visto cómo esta tecnología cambia constantemente y cada tres o seis meses aparece algo nuevo que reemplaza a lo anterior. Y eso, para mí, demuestra que necesitamos principios sólidos que nos sirvan de guía y nos den un punto de referencia”, señaló. Según explicó, eso era justamente lo que hacía falta, y por eso considera que la encíclica es “un llamado a la acción muy fuerte”.
Los riesgos de una exposición temprana al mundo digita
El documento también advierte sobre los graves daños psicológicos y sociales que puede provocar una exposición temprana y sin supervisión al mundo digital, afectando el sueño, la capacidad de atención y el control emocional de los jóvenes. Además, alerta sobre los riesgos de explotación en línea, el ciberacoso y la manipulación mediante herramientas de inteligencia artificial.
Al reconocer la enorme presión que enfrentan hoy las familias, el Papa admitió que “es difícil que los padres, por sí solos, puedan resistir la influencia de modelos de negocio que buscan ganar dinero a partir de nuestra atención y nuestro tiempo”.
Por eso, el Papa llamó a construir una “alianza entre los responsables políticos, las instituciones educativas y las familias” que sea capaz de acompañar a los adultos en esta tarea.
Según señaló, hacen falta “políticas públicas con visión de futuro” que puedan “hacer frente a los intereses inmediatos de las plataformas —concentradas en pocas manos— cuando entren en conflicto con el bienestar de los menores”.
Kathy Ann Mills, profesora de la Australian Catholic University e investigadora —entre otras áreas— de las prácticas digitales y mediáticas, afirmó que el mundo educativo puede desempeñar “un papel clave en enseñar a niños y jóvenes a usar la tecnología de manera responsable y, como nos recuerda el Papa León XIV, a utilizar la IA como una herramienta valiosa, pero con la debida vigilancia”.
“De manera importante, señala algunos riesgos de la IA que pueden resultar engañosos, como la creación de una falsa sensación de amistad con un sistema, algo que las investigaciones consideran un riesgo cuando las personas desarrollan vínculos emocionales con las máquinas”, explicó en un mensaje escrito a OSV News.
“Los niños también están en pleno desarrollo de su comprensión de la IA y piensan de manera distinta, muchas veces más inmadura, sobre las máquinas con rasgos humanos en comparación con adolescentes mayores y adultos”, escribió. “Por ejemplo, la tendencia a atribuir características humanas a los agentes artificiales, especialmente cuando la IA tiene una personalidad, un rostro, una historia o incluso una forma física como los robots, va cambiando con el tiempo. Este es un ejemplo de cómo docentes y padres cumplen un rol fundamental en acompañar ese proceso de comprensión en los niños”, enfatizó.Principio del formulario
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El Papa León también aborda en su encíclica la necesidad de que los legisladores intervengan para establecer límites de edad adecuados, exigir responsabilidad a los proveedores de servicios “en lugar de trasladar toda la carga del control a las familias”, y garantizar protecciones específicas “contra toda forma de explotación y violencia sexual en línea”.
Describe a los niños y adolescentes como “un tesoro precioso” que necesita protección, pero también insiste en la importancia de enseñarles “a reconocer la manipulación, defender su dignidad y respetar la de los demás en los entornos digitales”.
“Las investigaciones muestran que los sistemas de IA contienen sesgos que deben ser cuestionados”, señaló Mills, citando las palabras del Papa León: “El discernimiento ético no puede limitarse a preguntarse si estamos usando un sistema con fines buenos o malos; también debe examinar cómo está diseñado ese sistema y qué visión de la persona humana y de la sociedad está incorporada en los datos y en los modelos que lo guían”.
La escuela, dijo el Papa León, “es el lugar donde las nuevas generaciones pueden aprender a buscar y amar la verdad, a reflexionar sobre el sentido de la vida y a reconocer la dignidad de cada persona”, aunque frente a la era digital ese rol parece hoy más debilitado.
“Los niños pequeños ya pueden empezar a desarrollar un sentido de justicia social, aprendiendo a identificar cuándo el contenido digital va en contra del bien común”, señaló Mills. “Pueden darse cuenta de qué voces faltan, qué perspectivas y valores predominan y cuáles quedan silenciados. También pueden empezar a preguntarse quién se beneficia de estas tecnologías”, agregó.
Para las familias y las escuelas, el Papa señaló que “crece la necesidad de repensar el sistema educativo y de brindar formación adecuada para el uso crítico y responsable de las herramientas digitales, la IA y las plataformas comerciales y financieras en línea”. En el ámbito universitario, en cambio, “el principal desafío es integrar el conocimiento, es decir, desarrollar la capacidad de conectar y sintetizar saberes para comprender la complejidad, al mismo tiempo que se forman las habilidades necesarias para verificar los hechos”.
El Pontífice afirmó que la tecnología “tiene el poder de sanar, conectar, educar y proteger nuestra casa común; pero también puede dividir, excluir y generar nuevas formas de injusticia”.
En ese marco, el documento plantea que “la organización de las escuelas, los espacios físicos, los métodos de evaluación y el rol de los propios docentes deben repensarse” para promover una educación verdaderamente integral que abarque todas las dimensiones de la persona.
La importancia de apoyar a los docentes
En una carrera bastante desigual entre la educación y la tecnología, el Papa también subraya la necesidad de apoyar a los docentes, y señala que es “necesario garantizar la formación continua de los educadores a lo largo de su carrera profesional, para que puedan interactuar de manera positiva con las nuevas tecnologías y ayudar a los estudiantes a utilizarlas de manera responsable, crítica y creativa, en lugar de dejarse influir pasivamente por ellas”.
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Según el Papa León, muchos educadores “ya advierten signos de deshumanización”, donde las personas pueden “saber muchas cosas” pero, aun así, tener dificultades para encontrar un rumbo en su vida. Esto se debe, en parte, a la incapacidad de conectar la información con un conocimiento más profundo o de mantener un sentido de propósito.
Como respuesta a ello, afirma que “se necesita una actitud verdaderamente sana, que incluya ritmos de vida con espacios de silencio, estudio profundo, lectura y análisis cuidadoso, ya que sin estos hábitos la libertad interior puede verse comprometida”.
Para Rowe, el énfasis del Papa en el pensamiento crítico es clave.
“Los estudiantes necesitan poder pensar por sí mismos antes de dejar que la tecnología piense por ellos”, dijo a OSV News.
En la era de la inteligencia artificial, “puedes quedarte dormido frente al teclado y despertarte con un soneto de Shakespeare, y creer que eres un gran escritor, aunque en realidad no hayas hecho mucho más que darle una instrucción básica a la IA”, señaló Rowe.
El gran desafío, explicó, es justamente responder a esa dimensión de la dignidad humana “de modo que sigamos valorando el conocimiento y a las personas que lo transmiten”.
“Hay algo casi sagrado en eso, en cómo docentes y estudiantes construyen conocimiento juntos, y creo que ahí está uno de los grandes desafíos de la educación de cara al futuro”, añadió.
El Papa León afirmó que la doctrina social de la Iglesia “invita a las familias, las escuelas, las comunidades cristianas y las instituciones públicas a formar una renovada alianza educativa”, que él mismo propone en la encíclica.
En el marco de esa alianza, plantea que los estudiantes deben aprender “a ser moderados y a autocontrolarse; a reconocer el derecho de los demás, así como el de las generaciones futuras, a disfrutar de los bienes que nos brinda la naturaleza o que provienen de la creatividad humana; la libertad y la responsabilidad; y el sentido de la trascendencia y del bien común”.
Las escuelas, escribió el Papa, “no están llamadas a seguir el ritmo del mundo digital”, sino a “ofrecer aquello que el entorno digital por sí solo no puede brindar: tiempo compartido para aprender y para construir vínculos de confianza”.
