San Pedro y san Pablo son considerados los fundadores de la Iglesia de Roma por su predicación, su ministerio y su martirio en esa ciudad. Ya en el año 258 existen testimonios de una antigua tradición que celebraba conjuntamente la solemnidad de ambos apóstoles.
Pedro, cuyo nombre era Simón, era un pescador de Galilea. Su hermano Andrés lo presentó a Jesús, quien le dio el nombre de Cefas (Pedro, en latín), que significa "roca", porque sobre él edificaría su Iglesia.
Pedro fue un discípulo valiente. Fue el primero en reconocer a Jesús como el Mesías y prometió permanecerle fiel hasta la muerte. Sin embargo, también mostró sus debilidades: dudó mientras caminaba sobre las aguas hacia Jesús y lo negó durante la noche de la Pasión.
A pesar de sus fragilidades humanas, fue elegido para apacentar el rebaño de Dios. El libro de los Hechos de los Apóstoles muestra cómo, después de la Resurrección y la Ascensión de Jesús, asumió el liderazgo de la Iglesia. La tradición lo reconoce como el primer Papa, encargado de confirmar en la fe a los discípulos.
Pedro pasó sus últimos años en Roma guiando a la Iglesia en medio de la persecución. Murió mártir hacia el año 64, crucificado cabeza abajo por petición propia, pues no se consideraba digno de morir del mismo modo que Cristo. Fue sepultado en la colina del Vaticano, donde hoy se levanta la Basílica de San Pedro.
San Pablo, conocido como el Apóstol de los Gentiles, se llamaba originalmente Saulo. Era un fariseo que perseguía con celo a los cristianos en Jerusalén. Las Escrituras narran que estuvo presente en el martirio de san Esteban.
Su vida cambió por completo camino a Damasco, adonde se dirigía para perseguir a los cristianos. De repente, una intensa luz del cielo lo envolvió, cayó al suelo y quedó ciego. Entonces escuchó una voz que le decía: "Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?". Él respondió: "¿Quién eres, Señor?", y Jesús le contestó: "Yo soy Jesús, a quien tú persigues."
Saulo llegó a Damasco, donde recuperó la vista tras recibir el bautismo. Desde entonces tomó el nombre de Pablo y dedicó el resto de su vida a anunciar incansablemente el Evangelio a los pueblos del mundo mediterráneo. Sus cartas, incluidas en el Nuevo Testamento, son fundamentales para comprender la fe de la Iglesia primitiva.
Pablo fue encarcelado en Roma y murió decapitado hacia el año 67. Está sepultado en la Basílica de San Pablo Extramuros.
En una homilía pronunciada en el año 395, san Agustín resumió el significado de esta celebración con estas palabras: "Ambos apóstoles comparten la misma fiesta, porque eran uno en Cristo. Aunque sufrieron el martirio en días distintos, estaban unidos. Pedro fue primero y Pablo lo siguió. Celebremos este día santificado por la sangre de los apóstoles. Abracemos su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su predicación y su testimonio de fe."
