San Aquila y Santa Priscila fueron un matrimonio judío de Roma que vivió en el siglo I. Fueron amigos de san Pablo y lo acogieron en su casa cuando llegó a Corinto, ciudad a la que ambos habían sido desterrados. Se cree que fue entonces cuando abrazaron la fe cristiana.
San Pablo los menciona en varias ocasiones en el Nuevo Testamento y los llama "mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí" (cf. Romanos 16, 3-4).
Aquila y Priscila se dedicaban al oficio de fabricar tiendas de campaña, al igual que san Pablo, por lo que se piensa que los tres trabajaron juntos. En Hechos 18, 18-19 se relata que acompañaron al apóstol hasta Éfeso, donde permanecieron con él durante tres años.
Su casa fue uno de los lugares donde se celebraba la Misa en los primeros tiempos del cristianismo, cuando las comunidades cristianas se reunían en hogares particulares para celebrar la Eucaristía.
Según la tradición, Aquila y Priscila regresaron posteriormente a Roma, donde fueron martirizados, probablemente en la misma época que san Pablo.
