La Iglesia celebra el 24 de agosto la memoria de San Bartolomé. Los Evangelios nos dicen muy poco sobre él y, a diferencia de Pedro, Juan, Santiago y Judas, no dejó ninguna epístola para que pudiéramos meditar sobre ella.
Pero fue uno de los Doce, elegido especialmente por Jesús y, como casi todos los demás apóstoles, murió mártir. Por eso merece nuestra atención.
El nombre Bartolomé, en realidad, indica su linaje. Significa «hijo de Tolmai». La tradición identifica a Bartolomé con Natanael, el apóstol mencionado en el Evangelio de San Juan (1:45-51; 21:2). Así, era "Natanael, hijo de Tolmai", del mismo modo que Simón Pedro era "Simón, hijo de Juan", y Santiago y Juan eran conocidos como los "hijos de Zebedeo".
Solo una vez en los cuatro Evangelios Natanael logra ocupar el centro de la escena. Y aquel momento es especialmente recordado por su comentario mordaz.
Su amigo Felipe se acercó a él y le dijo que había encontrado al Mesías y que se llamaba Jesús de Nazaret.
Natanael respondió inmediatamente: "¿Puede salir algo bueno de Nazaret?".
Y así dejó una expresión que se ha repetido desde entonces. Cada vez que queremos cuestionar la legitimidad de alguien por su lugar de origen, decimos: "¿Puede salir algo bueno de ______?". El espacio puede llenarse con prácticamente cualquier lugar del mundo.
Sin embargo, aquel comentario de Natanael probablemente terminó siendo también un testimonio, incluso mientras lo pronunciaba. Felipe había mencionado al Mesías, y Natanael se concentró inmediatamente en su lugar de origen.
Nazaret era, en efecto, una pequeña aldea sin mayor importancia. Había sido fundada poco tiempo antes por descendientes del rey David que habían regresado del exilio. Sabían que el Mesías vendría de su linaje y, por eso, dieron a la aldea un nombre inspirado en una profecía. Siglos antes, Isaías había anunciado que del tronco de Jesé brotaría un retoño (Isaías 11:1), y la palabra hebrea para «retoño» es netzer. Nazaret recibió su nombre de esa rama que brotaría del tronco de Jesé.
Jesús no reprendió a Natanael por su franqueza. De hecho, lo elogió: "Ahí tienen a un israelita de verdad, en quien no hay engaño".
Con su sinceridad, Natanael había llamado inadvertidamente la atención sobre las credenciales de Jesús.
Después, en un breve diálogo, Jesús le dijo que lo había visto debajo de la higuera y quizá incluso hizo referencia al texto que estaba leyendo. Algo en las palabras de Jesús llevó a Natanael a reconocerlo no solo como el Mesías, sino también como divino: el Hijo de Dios y el Rey de Israel.
Jesús lo recompensó con la promesa de que vería una visión semejante a la de su antepasado Jacob. Natanael vería a los ángeles subir y bajar, no por una escalera, sino sobre el mismo Jesús.
Y así termina la única intervención de Natanael, también conocido como Bartolomé, que aparece en los Evangelios. No es el papel más extenso, pero tampoco es insignificante.
Además, está lleno de significado para quienes desean alcanzar aquello que Natanael obtuvo gracias a su honestidad sincera y sin doblez.