Cada 6 de agosto, la Iglesia celebra la fiesta de la Transfiguración del Señor, uno de los acontecimientos más significativos de la vida pública de Jesús. En este episodio, Cristo permitió que tres de sus discípulos más cercanos contemplaran un anticipo de su gloria divina.

Poco antes de emprender el camino hacia Jerusalén, Jesús subió al monte Tabor acompañado por Pedro, Santiago y Juan. Mientras oraba, su rostro y sus vestiduras se llenaron de un resplandor extraordinario, manifestando su naturaleza divina.

Junto a Él aparecieron Moisés y el profeta Elías, quienes conversaron con Jesús sobre la pasión, muerte y resurrección que estaban por cumplirse en Jerusalén.

Los Evangelios de Mateo, Marcos y Lucas narran este acontecimiento y relatan que una voz desde el cielo proclamó: "Este es mi Hijo amado", confirmando la identidad de Jesús. Más adelante, tanto san Pedro como san Juan recordaron este episodio en sus escritos como un testimonio de que Jesús es verdaderamente el Mesías y el Hijo de Dios.

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Angelus Staff