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El aumento de los divorcios después de los 50 años afecta también a los católicos

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Los Beauparlant parecían la familia católica ideal: seis hijos, asistencia fiel a Misa cada semana y una profunda vida de fe. Allison, de 46 años en ese entonces, y Ted, de 50, llevaban 19 años de casados. Nadie que los conociera habría imaginado la crisis que estaban a punto de enfrentar.

“Fui yo quien rompió el compromiso matrimonial», reconoció Ted. “Y, como consecuencia, nuestro matrimonio se vino abajo por completo”.

La pareja buscó ayuda de inmediato. Como hijos de padres divorciados y abogados especializados en casos de divorcio, conocían muy bien las consecuencias que una separación podía tener para su familia.

“Nadie llega a ese punto de la noche a la mañana”, explicó Allison. “Fue un desgaste lento, casi imperceptible, hasta que terminamos viviendo como compañeros de casa y no como esposos. Estábamos tan concentrados en criar a nuestros hijos que no nos dimos cuenta de lo mucho que nos habíamos alejado, hasta que fue imposible ignorarlo”.

"La tragedia", de Pablo Picasso, representa a un hombre, una mujer y un niño —presumiblemente una familia— abatidos por un sufrimiento desconocido. (Galería Nacional de Arte)

Dan Meola tenía 26 años cuando se concretó el divorcio de sus padres. Fue una experiencia profundamente dolorosa, aunque no una sorpresa: a los 11 años encontró una nota de su padre, quien se había marchado de la casa.

“Hago esto por ti”, escribió, explicándole que quería evitarle el sufrimiento de ver a sus padres pelear.

“Mis padres eran católicos practicantes e incluso impartían cursos de preparación para el matrimonio”, recordó Meola. “Su divorcio destruyó mi fe”.

Con el paso de los años intentaron reconciliarse, pero nunca lo lograron. Su madre permaneció soltera por fidelidad a sus promesas matrimoniales, mientras que su padre terminó contrayendo matrimonio fuera de la Iglesia.

“Como hijo adulto de padres divorciados, muchas veces me han dicho que ‘trate de superarlo’”, contó. “La gente piensa: ‘Ya eres adulto, tienes tu propia vida’, como si todo eso dejara de afectarnos”.

Sin embargo, Meola sostiene que un divorcio cuando los hijos ya son adultos no deja de ser desestabilizador y lleva a muchos a preguntarse si la vida familiar que creían haber tenido era realmente como la recordaban.

“Hay muchísimas personas como yo, incluidos muchos católicos, que sufren en silencio”, afirmó. “Simplemente se espera que no digamos nada porque el divorcio se ha vuelto algo muy común”.

(Shutterstock)

El fenómeno del "divorcio gris" —la disolución del matrimonio entre parejas de 50 años o más— también ha llegado a la Iglesia católica. El aumento de las separaciones en esta etapa de la vida, sumado a las actitudes y comportamientos propios de la generación de los baby boomers en Estados Unidos, ha provocado una creciente ola de divorcios, incluso entre quienes se casaron por la Iglesia.

Parroquias, ministerios y tribunales eclesiásticos afrontan esta realidad cada vez con mayor frecuencia. Como muchos de estos matrimonios duraron varias décadas, su ruptura afecta no solo a los esposos, sino también a sus hijos adultos, nietos, familiares y amigos.

Tradicionalmente, la Iglesia ha centrado su atención en el divorcio desde dos frentes: la prevención —mediante los cursos de preparación para el matrimonio— y el estudio de las causas de nulidad a través de los tribunales eclesiásticos.

Sin embargo, el aumento de los divorcios después de muchos años de matrimonio demuestra que eso no basta. Muchas parejas necesitan acompañamiento durante los años intermedios de la vida conyugal y apoyo cuando la relación llega a un punto de crisis.

El divorcio gris, en cifras

Un informe del Institute for Family Studies publicado en 2025 calcula que el 40% de los primeros matrimonios termina en divorcio, una cifra que, de hecho, representa una mejora respecto a años anteriores. Además, los matrimonios celebrados a comienzos del siglo XXI ya muestran una mayor duración que los de la generación previa.

Sin embargo, hay un grupo que sigue siendo la excepción.

En Estados Unidos, la tasa de divorcios entre personas mayores de 50 años se ha duplicado desde 1990, mientras que entre los mayores de 65 se ha triplicado. En 2019, alrededor del 36% de todos los divorcios correspondía a personas de 50 años o más, una proporción que, por ahora, se mantiene estable.

En su libro Generations: The Real Differences Between Gen Z, Millennials, Gen X, Boomers, and Silents — and What They Mean for America's Future, la psicóloga Jean Twenge plantea que este aumento entre los baby boomers podría estar relacionado con la idea de que el matrimonio debe ir más allá del deber y satisfacer las más altas expectativas, tanto en el plano de la satisfacción sexual como del compañerismo.

Dejando de lado las situaciones graves como el abuso, la coerción o los matrimonios contraídos sin verdadera libertad, muchas parejas optan por divorciarse cuando sienten que su matrimonio ya no cumple esas expectativas, a menudo después de décadas de escasa comunicación y un progresivo distanciamiento.

Como analizó recientemente The Wall Street Journal, divorciarse después de los 50 también tiene un alto costo. Adaptarse a un nivel de vida diferente, repartir los bienes y reorganizar las finanzas deja a muchas personas en una situación económica más difícil. A ello se suman el debilitamiento de las redes de apoyo y la pérdida del compañero de vida con quien afrontar el envejecimiento y el deterioro de la salud.

Por lo general, la tasa de divorcio entre los católicos que asisten a Misa los domingos es menor que en la población general. Sin embargo, la asistencia dominical de los baby boomers ha disminuido de manera constante durante las últimas décadas y, en años recientes, se ha reducido al 30%. Entre la Generación X, cuyos integrantes hoy rondan los 50 años, solo el 22% participa en la Misa cada semana.

Aunque el divorcio suele presentarse como una decisión estrictamente personal, las investigaciones en ciencias sociales muestran que sus efectos se extienden de una generación a otra, afectando no solo a los hijos, sino también a los nietos, incluso si aún no habían nacido cuando ocurrió la separación.

Un estudio de referencia publicado en 2005 concluyó que el divorcio de los abuelos se asocia con un menor nivel educativo, mayores conflictos matrimoniales y vínculos más débiles entre padres e hijos en la siguiente generación. En otras palabras, una pareja que se divorcia hoy duplica con creces la probabilidad de que sus propios nietos también terminen divorciándose algún día.

Las causas de la infelicidad y la separación matrimonial

¿Qué lleva a tantas parejas a divorciarse cuando ya han alcanzado la mediana edad o etapas más avanzadas de la vida?

Para muchas, el llamado "nido vacío" es un factor decisivo. Cuando el hijo menor deja el hogar, no pocas parejas tienen dificultades para reencontrarse como esposos.

"Incluso la hermosa tarea de criar a los hijos puede hacer que toda la atención se centre en ellos, en detrimento del matrimonio", explicó el padre Jack Dickinson, vicario judicial de la Diócesis de Portland, Maine.

Como párroco y canonista, Dickinson prepara a las parejas para el matrimonio y, al mismo tiempo, dirige el tribunal eclesiástico encargado de estudiar las solicitudes de nulidad matrimonial.

“Siempre insisto en que los esposos deben poner su matrimonio solo después de su relación con Dios”, afirmó. Al dar prioridad a su relación por encima de otras responsabilidades, incluidas las profesionales, “crean el espacio necesario para conocer y amar a su cónyuge, y para dejarse conocer y amar por él o por ella”.

Mantener una verdadera amistad con el cónyuge, añadió, es fundamental para que el matrimonio permanezca sólido cuando llega a esa etapa de la vida.

Ester Munt-Brooks, conferencista católica del programa Faith with Joy Talks, también subraya la importancia de que los esposos nunca dejen de interesarse el uno por el otro.

Junto con su esposo, Arthur Brooks, profesor de la Universidad de Harvard y autor de varios libros superventas, lleva décadas impartiendo cursos de preparación para el matrimonio y programas de acompañamiento para matrimonios en parroquias, integrando aportes de las ciencias sociales y de la teología sobre la felicidad.

“Siempre hay algo nuevo que descubrir de la otra persona”, señaló. “Cuando caemos en la rutina, empezamos a dar por sentado a nuestro esposo o esposa. Por eso conviene detenerse y preguntarse: ‘¿Por qué está actuando así?’”.

"Dejen que los hijos del divorcio vengan a mí", de Michael Corsini. (© Life-Giving Wounds)

“Hay que seguir haciéndose preguntas”, afirmó.

Los cambios en la salud también influyen en las dificultades matrimoniales, especialmente la profunda transformación que muchas mujeres experimentan durante la transición a la menopausia, un proceso que puede extenderse por cerca de una década.

Caroline Gindhart, enfermera especializada certificada del centro Divine Mercy Women's Health, perteneciente al University of Pittsburgh Medical Center, explicó que, mientras algunas mujeres atraviesan la perimenopausia sin mayores dificultades, para otras este período altera prácticamente todos los aspectos de su vida cotidiana.

“Los cambios hormonales pueden provocar sofocos, insomnio, cambios de humor, aumento de peso, dolor durante las relaciones sexuales y disminución del deseo sexual”, señaló. Todo ello puede afectar la intimidad y la comunicación en el matrimonio, precisamente cuando el síndrome del nido vacío ya está transformando la manera en que muchas mujeres perciben su propia identidad.

Años después de superar esa etapa, el matrimonio puede enfrentarse a un nuevo desafío: la crisis de identidad que algunos hombres experimentan al jubilarse. Al dejar el trabajo, muchos sienten que no solo han perdido una ocupación, sino también la principal fuente de propósito, rutina y sentido de pertenencia.

“Cuando uno tiene 20 o 30 años se siente invencible y simplemente sigue adelante. Vive impulsado por la energía”, comentó Allison Beauparlant. “Pero al llegar a los 40 o 50 empieza a preguntarse: ‘¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿Esto es todo?’”.

Acompañar a las parejas en crisis

¿Seguirá aumentando el llamado "divorcio gris" o se trata de un fenómeno propio de una generación? Los datos todavía no ofrecen una respuesta definitiva. Mientras tanto, muchos católicos trabajan para cambiar esa realidad, acompañando a las parejas y a las personas de manera individual.

Gindhart señaló que los profesionales que practican la NaProTechnology, entre ellos numerosos católicos, están impulsando nuevas estrategias para ayudar a las mujeres a atravesar la menopausia de una manera más saludable.

Kevin y Carol McMenamin, fotografiados en su hogar en Portland, Oregón, en 2018, pensaban que su matrimonio ya no tenía esperanza, pero hace más de 20 años buscaron ayuda en Retrouvaille, un programa católico de apoyo a los matrimonios. (CNS/Katie Scott, Catholic Sentinel)

Según Gindhart, la terapia de reemplazo hormonal “puede ser muy eficaz para algunas mujeres”. A diferencia de las hormonas sintéticas utilizadas en el pasado, que se asociaron con un mayor riesgo de cáncer, los tratamientos actuales emplean hormonas bioidénticas para reemplazar las que el organismo deja de producir.

“Hemos visto cómo muchas relaciones de pareja mejoran cuando una mujer logra controlar mejor sus síntomas”, afirmó.

Cuando su matrimonio atravesaba el momento más difícil, Ted y Allison participaron en un retiro de fin de semana de Marriage Rediscovery (antes conocido como Retrouvaille), una asociación privada de fieles reconocida canónicamente por la Iglesia.

“Esas 48 horas, en 2012, cambiaron nuestra vida por completo”, recordó Ted. “Después nos convertimos en expositores del programa y ya hemos compartido nuestro testimonio más de 60 veces en 15 estados”.

Marriage Rediscovery es como Alcohólicos Anónimos para los matrimonios en crisis”, explicó Allison. “El éxito de Alcohólicos Anónimos está en que las personas siguen asistiendo. No existe una solución instantánea; el apoyo constante es fundamental”.

Tras el retiro inicial, las parejas continúan recibiendo acompañamiento mediante pequeños grupos de apoyo, presenciales o virtuales, durante el tiempo que lo necesiten.

Después de ver cómo el matrimonio de sus padres se desmoronó, Dan Meola comprendió que había muchas personas como él que necesitaban ayuda para afrontar la ira, la ansiedad y el miedo a asumir un compromiso para toda la vida.

“La mayoría de los hijos de padres divorciados no empieza a enfrentar ese trauma hasta la adultez”, señaló. “A veces basta con encontrar a alguien que te escuche, haga duelo contigo y te ayude a dar el siguiente paso en tu vida de fe y en tu vocación”.

En 2020, el ministerio de pequeños grupos que Meola había creado para hijos adultos de padres divorciados se convirtió en una organización sin fines de lucro de alcance nacional llamada Life-Giving Wounds. Actualmente está presente en 31 diócesis y, ante la creciente demanda, Meola espera abrir 50 grupos universitarios en los próximos cinco años.

El ministerio ayuda a los participantes a identificar y superar conductas de autoprotección desarrolladas como respuesta al divorcio de sus padres; comportamientos que en su momento les permitieron sobrellevar el dolor, pero que ahora dificultan sus propias relaciones como adultos.

“Hemos visto personas regresar a la fe. Otras, que habían renunciado a la idea del matrimonio, han podido casarse. También hemos acompañado a sacerdotes y religiosos que luchaban por mantenerse fieles a su vocación”, afirmó.

El Papa León XIV recibe un aplauso tras pronunciar su discurso ante sacerdotes, religiosos y laicos que participaron en el Curso Internacional organizado por el Tribunal de la Rota Romana, el tribunal vaticano que se ocupa principalmente de las causas matrimoniales, en el Palacio Apostólico del Vaticano, el 21 de noviembre de 2025. (CNS/Vatican Media)

En un reciente discurso dirigido al Tribunal de la Rota Romana, el Papa León XIV advirtió a los canonistas que no concedan declaraciones de nulidad matrimonial a parejas divorciadas como una forma de «falsa misericordia», una llamada de atención que quienes trabajan acompañando a matrimonios en crisis han recibido con satisfacción.

El padre Dickinson señaló que, como canonista de formación, el Papa conoce bien el riesgo de adoptar una interpretación demasiado flexible al evaluar la validez de un matrimonio.

“Un juez eclesiástico podría caer en la tentación de pensar que, como una persona divorciada ha sufrido mucho, merece una nueva oportunidad y, por tanto, declararla libre para volver a casarse”, explicó. “Pero el Santo Padre está ayudando a toda la Iglesia a comprender que la institución del matrimonio es más grande que cualquiera de nosotros”.

Los Beauparlant esperan que cada vez menos personas sientan vergüenza de pedir ayuda.

“Vemos una y otra vez los mismos problemas: dificultades económicas, infidelidad, exceso de tiempo en las redes sociales, pornografía y distintas adicciones”, comentó Ted. “Pero cuando una pareja está dispuesta a esforzarse y pone a Dios en el centro de su vida, tiene muchas más posibilidades de salir adelante”.

Al preguntarle qué les da esperanza, Allison recordó a un matrimonio de más de 80 años que recientemente participó en uno de los retiros.

“Nos dijeron que habían soportado un matrimonio difícil durante más de 50 años y que simplemente querían ‘hacer las cosas bien’ antes del final de sus vidas”, contó. “¿Lo ven? Nunca es demasiado tarde”.

Elise Italiano Ureneck
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Elise Italiano Ureneck