"El nacimiento de la Santísima Virgen María", de Giotto, en la Capilla de los Scrovegni, Padua, Italia, c. 1305. (Wikipedia)
Hoy la Iglesia celebra el nacimiento de María, la Madre de Dios. El 8 de septiembre se celebra nueve meses después del 8 de diciembre, cuando se conmemora la Inmaculada Concepción de María, hija de san Joaquín y santa Ana.
Aunque la Biblia no ofrece detalles sobre los primeros años de vida de María, incluido su nacimiento, diversas tradiciones y escritos que narran su nacimiento fueron citados por algunos de los primeros autores cristianos durante los primeros siglos de la Iglesia. Estos relatos no tienen la misma autoridad que la Biblia, pero recogen algunas de las creencias tradicionales de la Iglesia sobre el nacimiento de María.
El Protoevangelio de Santiago, cuya forma escrita definitiva probablemente data de comienzos del siglo II, describe a Joaquín como un hombre rico perteneciente a una de las Doce Tribus de Israel. Él y su esposa, Ana, deseaban profundamente tener un hijo, pero no podían concebir, lo que les causaba un gran sufrimiento. El texto dice que Joaquín «recordó a Abraham, a quien Dios, en los últimos días, le dio un hijo, Isaac».
Joaquín y Ana se entregaron a la oración y al ayuno para agradar a Dios, preguntándose si habían pecado de alguna manera y por eso no podían tener hijos. Sin embargo, recibieron una bendición inmensa con el nacimiento de María.
Un ángel reveló a Ana que todas las generaciones honrarían a la hija que estaba por nacer: "El Señor ha escuchado tu oración; concebirás y darás a luz, y de tu descendencia se hablará en todo el mundo".
El Protoevangelio relata que, después del nacimiento de María, Ana preparó un santuario en su habitación y "no permitió nada común ni impuro", debido a la especial santidad de su hija. Cuando María cumplió un año, su padre "organizó un gran banquete e invitó a los sacerdotes, a los escribas, a los ancianos y a todo el pueblo de Israel".
Los padres de María la llevaron ante los sacerdotes, quienes «la bendijeron», al igual que los sumos sacerdotes.
San Agustín describió el nacimiento de María como un acontecimiento de importancia cósmica e histórica, un preludio apropiado al nacimiento de Cristo: "Ella es la flor del campo de la que brotó el precioso lirio de los valles". También escribió que "con su nacimiento, cambia la naturaleza heredada de nuestros primeros padres".