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Un oasis de naturaleza y espiritualidad junto a las vías del Metro

Todo el mundo ha oído hablar de la revitalización del río Los Ángeles.

Mucho menos conocido, aunque igual de interesante, es el Corredor Verde de Westwood (Westwood Greenway), un oasis ecológico de dos acres que sirve de refugio para aves, mariposas y otras especies nativas junto a una de las líneas de tren ligero más concurridas de Estados Unidos.

Ubicado en el oeste de Los Ángeles, el corredor se extiende a lo largo de la línea E de Metro, entre Westwood Boulevard y Overland Avenue. Se puede acceder fácilmente desde la estación Westwood/Rancho Park, así como en automóvil, bicicleta o a pie.

Su diseño innovador no solo contribuye a la limpieza y gestión del agua, sino que también ofrece senderos peatonales y espacios con vegetación autóctona, creando un rincón de calma en medio del ritmo acelerado de la ciudad.

La historia del lugar se remonta a 1944, cuando los desarrolladores del vecindario Westwood Gardens cedieron a la ciudad de Los Ángeles dos franjas de terreno, ubicadas a ambos lados de la vía férrea, para la construcción de sistemas de alcantarillado y futuras calles.

La idea de crear un corredor verde que incluyera la restauración de hábitats naturales, el desvío del drenaje pluvial de Overland y la construcción de un arroyo artificial paralelo a la vía del tren tardó casi 30 años en concretarse. En el sitio web del proyecto se puede conocer la historia de su desarrollo y de los numerosos miembros de la comunidad que dedicaron tiempo, esfuerzo y compromiso para hacerlo posible.

Basta decir que “Parques, no estacionamientos” fue el lema que impulsó a los vecinos y activistas que lideraron la iniciativa.

Las obras comenzaron el 24 de septiembre de 2019 y concluyeron, en gran medida, en octubre de 2020.

Hoy, gracias al proyecto iNaturalist, los visitantes pueden colaborar en el registro de la biodiversidad del lugar, que alberga garzas azules, garcetas, colibríes, agachadizas de Wilson, mariposas azul marino, escarabajos de la papa de tres líneas, especies nativas de trigo sarraceno y muchas otras formas de vida.

También se ofrecen visitas guiadas para individuos o grupos con reserva previa.

Mary Bomba, colaboradora de larga trayectoria de Angelus, participa como voluntaria en el Corredor Verde.

¿Podría contarnos por qué decidió ser voluntaria?

Vivo en el oeste de Los Ángeles y soy miembro de la comunidad católica de San Pablo Apóstol. Hace tres años, una feligresa de mi parroquia que es Maestra Jardinera me habló del Corredor Verde de Westwood y me comentó que estaban buscando voluntarios para ayudar a controlar las malezas. Desde entonces, colaboro allí de manera regular.

¿Qué hace tan especial al Corredor Verde de Westwood? La zona es muy transitada y está cerca de UCLA. ¿Es fácil pasar de largo sin notarlo? ¿Se puede ver desde Westwood Boulevard?

Es una muy buena pregunta. El corredor está escondido junto a las vías de la línea E de Metro, entre Westwood Boulevard y Overland Avenue. Es fácil pasar por allí sin advertir las entradas peatonales ubicadas en ambos extremos, al norte de las vías. Sin embargo, las puertas permanecen abiertas al público todos los días de la semana, de 8 de la mañana a 6 de la tarde.

¿Qué pueden encontrar allí los visitantes? ¿Qué tipo de recorrido pueden hacer?

Lo primero que se experimenta al cruzar la entrada es una sensación de estar en plena naturaleza. Un sendero de granito compactado recorre un pequeño arroyo alimentado por el sistema de drenaje pluvial subterráneo. El agua es purificada gracias a la acción combinada del sol, el suelo y las plantas nativas, primero a un lado de las vías y luego al otro, antes de volver a fluir bajo tierra rumbo al océano.

A lo largo del recorrido hay paneles informativos que explican cómo funciona este proceso y presentan algunas de las especies de flora y fauna nativas que pueden observarse en el lugar.

¿Qué es lo que más disfruta de su labor como voluntaria? ¿En qué consisten sus tareas?

Las jornadas de desmalezado se realizan de 9 a 11 de la mañana el segundo sábado y el cuarto domingo de cada mes. Cuando llego, lo primero que hago es saludar a la coordinadora de voluntarios y a su esposo. Ellos dedican gran parte de su tiempo a mantener el corredor y a supervisar a los estudiantes —desde secundaria hasta la universidad— que realizan allí horas de servicio comunitario.

Después me dedico a limpiar una zona determinada, generalmente sola, porque disfruto del silencio y la tranquilidad, aunque a veces comparto la tarea con otros voluntarios.

Mientras retiro pasto bermuda de entre las plantas de algodoncillo, puede que tenga la suerte de recibir la visita de una mariposa monarca. O quizás roce las hojas de una salvia y perciba su aroma sorprendentemente agradable. O levante la vista después de arrancar un diente de león de raíz y vea un sicómoro de California que fue plantado cuando era apenas un retoño y que hoy ya avanza hacia su imponente tamaño adulto.

¿Puede compartir alguna anécdota sobre la sorpresa o alegría que experimentan los visitantes?

Cuando empecé a trabajar como voluntaria, veía con frecuencia a una mujer mayor que recorría el sendero con un andador. Con el tiempo supe que vivía en el vecindario y que estaba profundamente agradecida por la existencia del corredor y por el trabajo de quienes lo cuidaban.

Más adelante reflexioné sobre lo limitadas que suelen ser las oportunidades para que las personas mayores tengan contacto con la naturaleza y pensé en lo afortunada que era aquella mujer por contar con un lugar así tan cerca de su hogar.

¿Existe una dimensión espiritual en el voluntariado del Corredor Verde de Westwood?

Sin duda. Más allá de la experiencia de estar rodeada de naturaleza, trabajar en el corredor es un ejercicio de paciencia y esperanza.

Siempre hacen falta más voluntarios y, en ocasiones, las malezas parecen imposibles de controlar. Sin embargo, inspiradas por quienes coordinan el proyecto, seguimos adelante. Poco a poco comienzan a aparecer sectores libres de malezas donde las plantas nativas pueden echar raíces, recibir la luz del sol y realizar esa extraordinaria tarea de limpiar el agua mientras embellecen el entorno para quienes lo visitan.

Y eso, para mí, tiene una profunda dimensión espiritual.

Heather King
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Heather King

Tags: Naturaleza