Nate Bargatze y Mandy Moore en una escena de la película "The Breadwinner". (OSV News/Frank Masi, Sony)
Nate Bargatze se ha convertido en uno de los artistas más exitosos de Estados Unidos.
En 2025 fue el comediante de stand-up que más dinero recaudó: ganó alrededor de 70 millones de dólares gracias a la venta de 1,2 millones de entradas, superando incluso a grandes nombres como U2 y Coldplay. Su éxito es tal que este año comenzará a construir su propio parque de diversiones.
Bargatze alcanzó esa popularidad gracias a una fórmula tan simple como efectiva: hacer humor para toda la familia. Mientras muchos comediantes recurren a las groserías o a temas subidos de tono para conquistar a un público específico, él ha optado por un estilo limpio y apto para todas las edades, lo que le ha permitido ampliar enormemente su audiencia. Sin embargo, su mayor base de seguidores sigue concentrada en el sur de Estados Unidos. A pesar de haber conducido dos veces “Saturday Night Live” y una vez los premios Emmy, todavía hay muchos estadounidenses que no saben quién es.
Espera cambiar eso con su primera película como protagonista, “The Breadwinner”, que llegó a los cines el 29 de mayo. En ella interpreta a un hombre llamado Nate (para no complicar demasiado las cosas), un exitoso vendedor de automóviles y principal sostén económico de su esposa (Mandy Moore) y sus tres hijas.
Su esposa se ocupa de todas las tareas del hogar y se dedica a tiempo completo a la familia, mientras que él se encarga de llevar el sustento a casa. Pero el orden habitual se ve alterado cuando un producto que ella desarrolló por su cuenta consigue financiación en el programa “Shark Tank”, lo que la obliga a viajar dos semanas a Corea del Sur y deja a Nate a cargo de las niñas. Como era de esperar, el caos no tarda en aparecer.
Resulta que Nate no tiene idea de cómo llevar adelante una casa, ni siquiera sabe cómo se llama la escuela de sus hijas. Bajo su supervisión, piden la cena por delivery y la ropa sucia se acumula hasta que, ya sin saber qué hacer, decide rociarla con perfume. Todo sería más sencillo si tuviera tres hijos varones, pero criar a tres niñas implica lidiar con emociones complejas y dramas que pondrían a prueba hasta a los diplomáticos más experimentados. Tras varias pijamadas, Nate descubre que una fiesta de pijamas para niñas no es una tranquila noche entre amigas, sino una auténtica bomba de tiempo que hay que intentar desactivar.
Si esta trama resulta familiar, probablemente hayas visto Mr. Mom (1983) o alguna de las muchas comedias en las que marido y mujer parecen pertenecer a especies distintas. La historia del padre que debe asumir el papel tradicionalmente atribuido a la madre es uno de esos argumentos recurrentes de la cultura popular occidental, repetido una y otra vez. No sorprendería encontrar por ahí algún evangelio apócrifo imaginario en el que María trabaje en la carpintería mientras José corre de un lado a otro intentando salvar almas, todo ello acompañado por una alegre canción de fondo.
The Breadwinner es una de esas rarezas cinematográficas: una película fallida que, sin embargo, logra exactamente lo que se propone. Tiene un humor amplio y accesible, acompañado de una dosis de sentimentalismo calculado para enternecer a quienes todavía conservan un corazón sensible. Está tan empeñada en no incomodar a nadie que esa cautela termina impregnando incluso su aspecto visual: una fotografía digital impecable, luminosa y agradable, pero también excesivamente pulida y asfixiante.
No pude evitar pensar en una película de Hallmark. Si el protagonista hubiese enviudado y además hubiesen añadido una granja de árboles de Navidad, podría emitirse hoy mismo en ese canal. The Breadwinner quiere agradar a todo el mundo, pero pocas cosas resultan menos encantadoras que alguien —o algo— que busca desesperadamente caer bien. Y aunque se esfuerza por no ofender a nadie, logró ofenderme en dos sentidos: como hombre y como admirador del humor de Bargatze.
El viejo estereotipo del hombre incapaz de desenvolverse en las tareas domésticas me resulta especialmente irritante. Y eso que yo mismo no soy precisamente un experto en ellas, pero no por culpa de mi cromosoma Y. Cuando en la universidad dormí durante seis meses en una bolsa de dormir para evitar lavar las sábanas, o cuando llamé a mi padre para preguntarle cómo se hierve agua, se trataba de defectos personales, no de características inherentes a mi sexo. Además, podía pedirle consejos a mi padre porque él mismo había criado solo a cuatro hijos y tuvo que aprender sobre la marcha todo lo relacionado con el hogar, tarea que terminó desempeñando con notable soltura. Con todos los defectos que pueda tener el hombre moderno, me niego a creer que sea incapaz de algo tan básico como separar la ropa blanca de la de color antes de poner el lavarropas.
También me sentí un poco traicionado, como suele ocurrir cuando uno se decepciona de alguien a quien admiraba. Desde hace años soy un defensor del humor de Bargatze. Cada vez que visito a mi padre, él —cuando no me está recordando cómo hervir agua— vuelve a poner el sketch de Nate en Saturday Night Live sobre George Washington inventando las unidades de medida. Debe habérmelo mostrado una docena de veces, y nunca le digo que ya lo conozco porque realmente es muy bueno.
La originalidad de Nate nunca estuvo en evitar las groserías o el humor subido de tono. Hay muchos comediantes que hacen un humor apto para todo público, y la mayoría resultan tan entretenidos como una biopsia. Lo que distinguía a Nate era que era tan divertido que uno ni siquiera pensaba en eso. Mi rutina favorita suya gira en torno a una pregunta absurda: qué habría que hacer para deshacerse del cadáver de un caballo. Mientras la escuchas, tienes la sensación de que está bordeando los límites de lo permitido; sin embargo, si luego lees la transcripción, no encuentras nada objetable.
Hasta ahora, Nate era un comediante muy divertido que elegía no recurrir a la vulgaridad. The Breadwinner, en cambio, da la impresión de que él se ve a sí mismo como un comediante para toda la familia que, además, intenta ser gracioso. Y esa diferencia resulta fatal.
Durante toda la película parece contenerse, evitando riesgos y adaptándose a lo que imagina que el estadounidense promedio espera de él. Aun así, sigo creyendo que tiene futuro en el cine. Solo espero que The Breadwinner sea un tropiezo ocasional y no el camino que decida seguir.