Categories: Arte y Cultura

La violencia inútil y las afirmaciones absurdas de The Uprising

Read in English.

Cada vez que escucho que una película está basada en hechos reales, la miro con cierta cautela. Más aún cuando se trata de una ficción inspirada en un acontecimiento histórico. The Uprising intenta combinar ambas cosas: por un lado, ofrece una cruda recreación de la Inglaterra del siglo XIV y, por otro, busca contar los orígenes de la leyenda de Robin Hood.

Pero si esperan encontrar a un héroe apuesto vestido con mallas verdes y acompañado por un grupo de alegres forajidos, no lo encontrarán en The Uprising. La película está filmada en color, aunque cuesta notarlo entre los cielos grises, los decorados sombríos y los rostros adustos de héroes y villanos. Es una película cargada de ira. Comienza con una referencia a otro episodio histórico desolador, la peste negra, y de ahí en adelante el tono se vuelve cada vez más sombrío. No tiene nada que ver con las películas de Errol Flynn, que se balanceaba en una araña de luces en glorioso tecnicolor para rescatar a Lady Marian de las garras de sir Guy de Gisborne.

El acontecimiento histórico que retrata The Uprising es la Revuelta de los Campesinos, que tuvo lugar en Inglaterra en 1381. Fue un episodio sangriento y caótico que dejó una huella profunda en la cultura británica, todavía visible en nuestros días. Pero cabe preguntarse cuánto de lo que cuenta la película se ajusta realmente a los hechos.

Como no tenía tiempo de viajar a Oxford para consultar antiguos manuscritos y crónicas de la revuelta, recurrí a internet. Por supuesto, no todo lo que aparece en los resultados de búsqueda es fiable, pero hay fuentes serias y esclarecedoras. Una de ellas es el pódcast The Rest is History. Es como asistir a una clase universitaria de Historia en la que dos historiadores británicos ofrecen contexto y análisis sobre una gran variedad de temas. En 2024, dedicaron dos horas a la Revuelta de los Campesinos.

La primera distorsión histórica está en el propio nombre del acontecimiento. No fue, en realidad, un levantamiento campesino. Como ocurrió con muchas revoluciones posteriores, desde la estadounidense y la francesa hasta la bolchevique, el movimiento surgió de las clases altas o de una clase media en ascenso. La élite gobernante británica ya había protagonizado su propia revolución en 1215, cuando obligó al rey Juan a firmar la Carta Magna. Este documento limitó el poder absoluto de la monarquía y abrió el camino para que, a lo largo de los siglos siguientes, las libertades se fueran extendiendo de manera gradual, pero constante.

The Uprising acierta al mostrar la magnitud de la revuelta. Fue un movimiento enorme: una multitud llegó a las calles de Londres y golpeó las puertas del castillo del rey para exigir que la escucharan. Y los “villanos” de la historia, por estereotipados que parezcan, los consejeros malvados del rey y los obispos corruptos y codiciosos, no están tan lejos de lo que relatan las fuentes históricas.

La película también refleja con bastante fidelidad la violencia que desató la revuelta: asesinatos en masa, decapitaciones y destrucción generalizada. Sin embargo, los hechos admiten distintas interpretaciones. Y la manera en que The Uprising los presenta dice mucho más sobre las ideas que predominan hoy en las juntas directivas de la industria cinematográfica que sobre lo que pensaban quienes ocupaban la corte de un rey del siglo XIV.

Los historiadores de The Rest is History comparten en buena medida la interpretación de la película y sugieren que la revuelta fue un movimiento precursor del protestantismo y del socialismo. Aunque casi de pasada, reconocen que también podría interpretarse como una especie de movimiento capitalista o libertario. Al fin y al cabo, los rebeldes cuestionaban un sistema en el que el Estado controlaba todos los aspectos de la vida y los nobles habían puesto en marcha medidas para mantener los salarios artificialmente bajos.

Sin embargo, la crítica más contundente que hace la película —y que encuentra respaldo en los registros históricos— es la pésima imagen que deja la Iglesia. Hay un viejo dicho según el cual, desde el primer Pentecostés, la Iglesia siempre ha sido una de dos cosas en cada cultura y en cada época: su mártir o su ama.

Lamentablemente, es aquí donde tanto la película como los historiadores encuentran los argumentos más sólidos para considerar que la Revuelta de los Campesinos fue precursora del protestantismo. Entre las numerosas exigencias de los rebeldes estaban la confiscación de todas las propiedades de la Iglesia y la destitución de todos los obispos, salvo un representante papal. ¿El motivo? Los abusos y la acumulación de riquezas materiales y poder político por parte de la Iglesia en la Inglaterra del siglo XIV. La Iglesia y el Estado estaban íntimamente ligados, y muchos de los más altos dignatarios eclesiásticos eran terratenientes ricos que anteponían los intereses políticos de su clase a las necesidades espirituales de sus fieles.

A pesar de esta representación tan desfavorable del clero, The Uprising incorpora demasiadas ideas contemporáneas como si fueran verdades históricas, y eso me incomoda. La cantidad de ejecuciones extrajudiciales y el dominio de las turbas no encajan con ninguna enseñanza moral católica que yo conozca. Tampoco encuentro en el Catecismo fundamento para presentar como héroe a un hombre consumido por el odio y una sed de venganza sangrienta.

No cabe duda de que la Revuelta de los Campesinos fue un momento decisivo de la historia. Pero, por mucho que investiguemos para comprobar la fidelidad histórica de un acontecimiento, la manera en que reconstruimos el pasado siempre estará condicionada, en mayor o menor medida, por la falta de información o por los prejuicios con los que interpretamos los hechos.

The Uprising se siente demasiado cómoda con la violencia de las masas. Así que, si alguna vez quiero volver al siglo XIV para entretenerme, me quedo con Errol Flynn.

Robert Brennan
Share
Robert Brennan

Tags: peliculas