Categories: Arte y Cultura

El libro que retrata la devoción de Los Ángeles por la Virgen de Guadalupe

Sam Quinones es un nombre muy conocido en el sur de California.

Fue periodista de Los Angeles Times entre 2004 y 2014, donde escribió ampliamente sobre las comunidades y la cultura mexicanas. También es autor de cuatro libros de no ficción, entre ellos Dreamland y The Least of Us, ambos dedicados a analizar la crisis de los opioides en Estados Unidos.

Su proyecto más reciente le llevó 17 años de trabajo: un libro bilingüe con fotografías y textos titulado Our Lady of the Angels: The Virgin of Guadalupe on the Walls of Los Angeles (Nuestra Señora de los Ángeles: la Virgen de Guadalupe en los muros de Los Ángeles).

Nacido en Los Ángeles, Quinones desarrolló una profunda devoción por la Virgen de Guadalupe durante los años que vivió en México. “Vi cómo la gente trabajadora y los más pobres acudían a ella buscando un refugio que la vida no les ofrecía. Su cariño por ella era profundo y auténtico. Veías a una madre empujando el cochecito de su bebé y allí estaba la Virgen, mirándola con una expresión dulce, comprensiva, paciente y protectora”, recordó.

Tradicionalmente, la imagen de la Virgen ha estado presente en comunidades inmigrantes o históricamente marginadas, donde muchas personas carecen tanto de recursos para sentirse seguras como de confianza en la protección de las autoridades.

Ya de regreso en Los Ángeles, hacia 2009, Quinones comenzó a fotografiar de manera espontánea los murales de la Virgen de Guadalupe que encontraba por la ciudad, desde el sur de Los Ángeles hasta algunos barrios de Pasadena. “Paraba un momento, tomaba la foto y seguía mi camino”, contó.

Con el paso del tiempo fue reuniendo una amplia colección y nació en él el deseo de conocer mejor esos murales y la cultura que los rodea.

(Angel City Press)

Comenzó a salir a fotografiar alrededor de las 4 o 4:30 de la tarde, la llamada “hora mágica” para los fotógrafos. Jugaba con las sombras, esperaba el momento adecuado y observaba lo que ocurría alrededor de cada mural: personas caminando de regreso de la escuela, jóvenes en monopatín o vecinos que iban a la lavandería.

Algunas imágenes las tomó con una cámara Canon 70D y otras con su iPhone.

Con el tiempo, sus fotografías fueron ganando profundidad y complejidad, impregnadas de esa luz tan característica del sur de California que, según el estado de ánimo de quien la contempla, puede parecer apocalíptica o transmitir una serena esperanza.

Aunque las representaciones de la Virgen de Guadalupe suelen compartir elementos reconocibles —el manto azul estrellado, la mirada baja, las manos unidas en oración y las rosas del milagro de 1531 a san Juan Diego—, cada mural posee una identidad propia. Cada uno es un pequeño testimonio urbano y un reflejo de la comunidad que lo rodea.

Los murales aparecen en esquinas de barrios populares, acompañando la vida cotidiana: un adolescente con mochila pasa junto a una Virgen rodeada por las banderas de México, Centroamérica y Estados Unidos; una mujer empuja un carrito con ropa recién lavada mientras la imagen de la Virgen parece velar por ella; en la pared de una carnicería, una pequeña "Morenita" acompaña las sombras de una mujer y un niño.

En el prólogo del libro, el columnista del Los Angeles Times Gustavo Arellano destaca que las fotografías muestran la enorme diversidad con la que los artistas representan a la Virgen: rodeada de banderas, rosas o luces navideñas; sobre una montaña, junto a un arroyo o en un pequeño altar con velas y flores. A veces ocupa apenas un rincón de un muro y otras cubre toda la fachada de un comercio. Incluso el tono de su piel varía según la interpretación del artista.

Para Quinones, la Virgen de Guadalupe es una expresión del arte popular, un símbolo de solidaridad, comunidad y del espíritu emprendedor de los inmigrantes. Su presencia en un negocio transmite un mensaje claro: "Aquí hay alguien como tú".

De hecho, la mayoría de los murales se encuentra en pequeños comercios y no en viviendas particulares. Al elaborar un mapa interactivo con unos 200 murales, Quinones descubrió que se concentran principalmente en las grandes avenidas comerciales de la ciudad.

Además de atraer clientes, la imagen de la Virgen parecía bendecir tanto al negocio como a quienes entraban en él. Sin embargo, con el paso del tiempo muchos murales fueron cubiertos, modificados o desaparecieron cuando cambiaron los propietarios de los locales.

Durante años existió una especie de código no escrito por el que ni siquiera las pandillas dañaban estas imágenes. Hoy esa protección se ha debilitado: muchos grafiteros ya no respetan la figura de la Virgen y, a medida que la gentrificación transforma los barrios tradicionales y desaparecen los pequeños negocios familiares, también van desapareciendo estos murales.

Aun así, el libro concluye con una nota de esperanza. Aunque hoy sean menos numerosos que antes, la Virgen de Guadalupe sigue sonriendo desde los muros de mercados, lavaderos de autos y florerías, permaneciendo silenciosamente presente para quienes necesitan encontrar en ella consuelo y protección.

Heather King
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Heather King