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El pasado 30 de mayo, el Arzobispo José H. Gomez ordenó algunos nuevos sacerdotes en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles. Lo que viene a continuación es una adaptación de su homilía.

Hermanos, en este día, ustedes son ungidos con el Espíritu Santo, con ese mismo Espíritu que inundó a Jesucristo en aquella sinagoga de Nazaret al comienzo de su misión, con el mismo Espíritu que iluminó a los profetas de Israel a lo largo de la historia de la salvación.

Y así como el Padre envió a su Hijo único a este mundo para que proclamara su amor y su salvación, así ahora Jesús los envía al mundo para continuar con esa hermosa misión.

Jesús les dice hoy a ustedes: “No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca”.

Hermanos, ustedes serán los sacerdotes de ese nuevo reavivamiento católico que estamos viendo desarrollarse aquí en Los Ángeles y en otras partes de nuestro país.

Este nuevo reavivamiento —hay tantos jóvenes y familias que se unen a la Iglesia, tantas personas que vuelven a ella— es una hermosa señal de que el Espíritu de Dios sigue vivo y activo, y de que continúa actuando en nuestro mundo.

Esto es tanto un signo como una responsabilidad para toda la Iglesia, y especialmente para los sacerdotes, pues tenemos que cuidar de estas nuevas almas que están llegando a nosotros.

Tenemos que alentarlas, fortalecerlas, hacer que su fe crezca y que su amistad con Jesús se profundice.

Sin embargo, queridos hermanos, Jesús los está también enviando al mundo en una época marcada por profundas transformaciones sociales, culturales y económicas.

Ustedes serán sacerdotes en el tiempo de una nueva revolución industrial, como nos lo dice nuestro Santo Padre, el Papa León XIV.

La revolución de la inteligencia artificial (IA) va más allá de la tecnología y de la economía. La IA cambiará la forma en la que nuestra gente ve el mundo, los llevará a cuestionar lo que es real y lo que no lo es; desafiará sus creencias y su comprensión de lo que significa ser humanos.

Como sacerdotes de este nuevo mundo, ustedes están siendo ungidos y enviados como el profeta de la primera lectura, para llevar la “buena nueva” y la “liberación” a aquellas personas cuyos corazones están divididos y cautivos, están siendo enviados a quienes se sienten confundidos y oprimidos.

Debemos llevarles esa verdad que los hará libres, para que puedan así percibir la belleza del plan de Dios para sus vidas y para la redención del mundo.

San Pedro nos dice hoy que el sacerdote debe ser un pastor que camina con su pueblo, a ejemplo del “Pastor supremo”, Jesucristo.

Un buen pastor conoce a su pueblo, conoce sus problemas y sus anhelos. Permanezcan, pues, cerca de aquellos a quienes sirven, hermanos míos. Infundan en ellos la esperanza y llévenlos a Jesús.

Los santos nos enseñan que, por mucho que el mundo cambie, la cruz permanece firme. Y hoy, la cruz sigue siendo el único signo verdadero en este mundo de que Jesucristo es el Señor de la historia, y de que toda alma tiene un valor inapreciable para Él. La cruz sigue siendo el signo de que toda persona posee una dignidad magnífica y es digna de la sangre de Jesús.

Él nos dice que “Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos”.

Cada Eucaristía que celebramos es un recuerdo de este maravilloso amor que Él nos demostró al entregar su vida por nosotros en la cruz.

En estos tiempos difíciles, lo que la gente anhela más que ninguna otra cosa es saber que Dios los ama.

Ellos anhelan ser liberados, tanto de sus pecados, como del miedo a la muerte y del poder del mal. Anhelan esa salvación que sólo Jesús les puede dar.

Proclamen, pues, a Jesús, queridos hermanos, tanto con sus palabras, como con su ejemplo.

La maravillosa misión de la Iglesia en nuestro tiempo es la de guiar a los hombres y mujeres a redescubrir a Dios, a encontrarse con el Dios vivo que nos permite ver su rostro humano en Jesucristo, conocer a ese Dios que nos creó y que nos ama, a ese Dios que comparte nuestra humanidad y que nos invita, incluso ahora, a participar de su divinidad.

Jesús los llama a ser líderes en esta gran misión. “A ustedes los llamo amigos”, les dice hoy. Le pido a Dios que ustedes permitan que estas hermosas palabras de Nuestro Señor moldeen sus corazones y su sacerdocio.

Y le pido también a él que permanezcan ustedes unidos en fraternidad con sus hermanos sacerdotes, orando juntos, estudiando juntos, compartiendo juntos el pan.

El Papa León nos dice que en ése único Cristo, nosotros somos uno. Esforcémonos, pues, para que todos los que formamos parte de la Iglesia vivamos esa unidad y fraternidad en el servicio a Jesús.

Encomendamos su sacerdocio a Santa María, Reina de los Ángeles y Madre de los Sacerdotes; que permanezcan cerca de ella y sientan siempre rodeados de la calidez de su amor.

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Arzobispo José H. Gomez

El Reverendo José H. Gomez es el arzobispo de Los Angeles, la comunidad católica más grande del país. También se desempeña como Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos.

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