Un sacerdote mexicano fue asesinado en vísperas de las celebraciones del día de la independencia del país, lo que pone de relieve la persistente preocupación por la violencia contra el clero católico en México.
En un comunicado del 16 de septiembre, la Diócesis de Huejutla confirmó la muerte, ocurrida un día antes, del padre Román de la Cruz Hernández, párroco de la Parroquia de Santa Cruz en el municipio de Huejutla de Reyes, a unas 180 millas (unos 290 kilómetros) al noreste de la Ciudad de México, en el estado de Hidalgo.
La diócesis se abstuvo de especular sobre los detalles de la muerte del padre de la Cruz. El asesinato ocurrió dos días después de una marcha por la paz en otra parte de México para exigir el fin de la violencia en el país.
El medio de comunicación N+ informó que el cuerpo del padre de la Cruz fue hallado el 15 de septiembre a lo largo de una carretera rural. Presentaba múltiples heridas de bala. N+ informó que el ataque contra el padre de la Cruz ocurrió en el mismo momento en que los mexicanos celebran tradicionalmente la independencia del país del dominio español.
"Ante la situación alarmante de violencia que se vive en nuestro país, hacemos un llamado urgente a la autoridad competente, para que lleve a cabo una investigación exhaustiva y se llegue al esclarecimiento de este hecho acontecido en nuestra diócesis, se haga justicia y no permitir que este suceso, ni los demás crímenes que han lastimado nuestra nación queden impunes", decía el comunicado, firmado por el obispo José Hiraís Acosta Beltrán.
La Conferencia del Episcopado Mexicano añadió en un comunicado del 16 de septiembre: "Hacemos un llamado para que las autoridades correspondientes realicen una investigación exhaustiva que permita esclarecer estos hechos y se haga justicia de manera expedita".
Cuatro sacerdotes han sido asesinados desde que la presidenta Claudia Sheinbaum asumió el cargo el 1 de octubre de 2024, según el Centro Católico Multimedia, que da seguimiento a la violencia contra la Iglesia en México. El periódico El Sol de Hidalgo informó en agosto que a los sacerdotes de la Diócesis de Huejutla les habían hackeado sus teléfonos celulares y que se estaban realizando llamadas desde sus números para solicitar donaciones y extorsionar a los católicos.
La violencia ha asolado algunas regiones de México desde finales de 2006, cuando el entonces presidente Felipe Calderón lanzó una campaña de represión contra los cárteles de la droga, los cuales se han enfrentado a las autoridades y han librado batallas por el control territorial. Se han registrado más de 460.000 homicidios en los últimos 20 años, mientras que al menos 134.000 mexicanos siguen desaparecidos, según un registro del gobierno.
Sheinbaum destacó recientemente una reducción del 51% en los homicidios durante sus primeros 22 meses en el cargo, ya que su administración --bajo presión del gobierno de Trump-- revirtió una política del gobierno anterior bautizada como "abrazos, no balazos".
Los líderes católicos han alzado la voz en los últimos años, instando al gobierno a dar prioridad a pacificar el país, restaurar el tejido social y atender a las víctimas de la violencia.
Las iglesias de la Ciudad de México, por ejemplo, han instalado buzones para recibir denuncias anónimas e información sobre personas desaparecidas. Los líderes eclesiásticos también han apoyado a los grupos de familias que han formado equipos de búsqueda para encontrar a sus seres queridos desaparecidos --a menudo ante la inacción y la indiferencia del gobierno.
"Su ejemplo resuena con especial fuerza aquí en México, donde tantas madres siguen buscando con firmeza y fe a sus hijos desaparecidos, nada puede impedirles hacer todo lo posible por ayudar a sus hijos",dijo el cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, en una homilía del 5 de agosto en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. "Todos podemos ayudarlas con nuestra oración para que, al igual que aquella mujer del evangelio de hoy, su perseverancia y su fe sean recompensadas".
El obispo Jesús José Herrera Quiñónez, de Culiacán --capital del estado occidental de Sinaloa, donde desde hace dos años se libra una batalla entre facciones rivales del Cártel de Sinaloa-- convocó una marcha por la paz el 13 de septiembre, en la que celebró una Misa frente a la catedral y rezó para que prevalezca la calma.
"Culiacán no se puede acostumbrar al dolor, ni a permitir que el miedo nos robe la esperanza", dijo el obispo Herrera en su homilía.
"Deténganse. Miren lo que está ocurriendo. Miren a las familias heridas. Miren a los jóvenes. Miren a nuestra ciudad", dijo, dirigiéndose a los combatientes de los cárteles de la droga. "Ningún poder, ningún dinero, ningún territorio y ninguna ambición valen más que una vida humana. Todavía es posible cambiar de camino. Todavía es posible elegir la vida".
