El Papa afirmó este miércoles que la diversidad de los pueblos del mundo “no debe considerarse un peligro o una amenaza”, sino una potencial fuente de enriquecimiento. Asimismo, criticó las actitudes de confrontación que, en ocasiones, “degeneran en violencia”.

“La confrontación, que a veces degenera en violencia, es fruto del poder del pecado y de cómo este condiciona las mentalidades y las acciones, a todos los niveles, causando destrucción y muerte”, señaló durante la Audiencia General que presidió, como cada semana, en la Plaza de San Pedro.

En este contexto, subrayó la necesidad de “abrirse cada vez más a la lógica de la reciprocidad, del compartir y del cuidado mutuo, como sucede también entre los distintos miembros del cuerpo humano”.

El Pontífice prosiguió así su ciclo de catequesis dedicado a Gaudium et Spes, la Constitución Pastoral sobre la Iglesia y su papel en el mundo contemporáneo aprobada por el Concilio Vaticano II el 7 de diciembre de 1965.

Según destacó, el mensaje del documento, que considera la “multiplicación de las relaciones entre los hombres” como uno de los aspectos más importantes del mundo actual, reviste hoy una especial urgencia.

El riesgo de “delegar” decisiones importantes en algoritmos

Aunque el desarrollo de los medios de comunicación, las redes sociales y la inteligencia artificial contribuye a derribar “barreras y distancias”, según dijo el Papa, también observó que las relaciones humanas “tienden a ser cada vez menos personales y más virtuales”.

Desde esta perspectiva, alertó también del riesgo de “delegar en algoritmos decisiones que corresponden exclusivamente a la conciencia humana”.

“Hacer que las relaciones sociales tengan un auténtico espesor humano y una verdadera profundidad personal es, en este sentido, la contribución que la comunidad cristiana se propone ofrecer”, afirmó ante cientos de fieles congregados en la Plaza de San Pedro para escuchar su enseñanza.

El Papa recordó asimismo que la Constitución pastoral Gaudium et Spes ofrece una definición sintética del bien común, entendido como “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten tanto a los grupos como a cada uno de sus miembros alcanzar más plena y fácilmente su propia perfección”.

Al mismo tiempo, señaló que el documento reconoce la interdependencia entre los pueblos y afirma que “todo grupo debe tener en cuenta las necesidades y las legítimas aspiraciones de los demás grupos, e incluso el bien común de toda la familia humana”.

El respeto a la dignidad humana

A partir de este planteamiento, los padres conciliares identificaron algunas “consecuencias prácticas de mayor urgencia” como el respeto a la dignidad humana.

En este sentido, recordó el Papa, Gaudium et Spes señala: “Todo lo que atenta contra la vida misma, como cualquier tipo de homicidio, el genocidio, el aborto, la eutanasia y el mismo suicidio voluntario; todo lo que viola la integridad de la persona humana, como las mutilaciones, las torturas físicas y mentales, las coacciones psicológicas; todo lo que ofende la dignidad humana, como las condiciones de vida infrahumanas, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de mujeres y jóvenes, o las indignas condiciones de trabajo en las que los trabajadores son tratados como simples instrumentos de lucro y no como personas libres y responsables; todas estas cosas y otras semejantes son ciertamente vergonzosas”.

Del mismo modo, el Papa aseguró que la segunda consecuencia de este mensaje es “el respeto y el amor incluso hacia los adversarios o hacia quienes tienen formas de pensar y actuar distintas de las propias”.

En tercer lugar, el Papa destacó que de la igualdad fundamental de todos los seres humanos, se deriva la exigencia de la justicia social. En este sentido, el Papa instó a “superar la mentalidad individualista” y a asumir una actitud de responsabilidad y participación.

“El futuro de la humanidad depende del compromiso de cada uno para colaborar con Dios y con los hermanos en la construcción de un mundo más humano”, concluyó el Papa.

Al concluir la Audiencia General, León XIV dirigió un saludo especial a diversos grupos de peregrinos y expresó su “vivo reconocimiento” al apostolado que realizan los capellanes de las cárceles.

“Sean siempre una presencia viva del Evangelio y de la esperanza cristiana”, pidió el Santo Padre, agradeciendo además la colaboración que prestan tanto a él como a la Secretaría de Estado en la atención espiritual de los presos que escriben al Papa diariamente para compartir sus dramas y heridas personales.

Entre los grupos presentes, León XIV saludó también a los participantes de un curso de asistencia farmacéutica, a quienes exhortó a combinar la competencia científica con la cercanía humana y una visión integral de la persona.

author avatar
Victoria Cardiel