Santa Kateri Tekakwitha nació en Auriesville, Nueva York, en 1656. Su madre era una cristiana algonquina y su padre, un jefe mohawk que no profesaba la fe cristiana. Cuando era niña, una epidemia de viruela azotó a su tribu y sus padres murieron. Kateri sobrevivió, pero la enfermedad le dejó cicatrices permanentes en el rostro y una visión muy debilitada. Tras la muerte de sus padres, fue acogida por su tío, quien se convirtió en jefe de la tribu y comenzó a preparar un matrimonio para ella.
En 1667, tres sacerdotes jesuitas visitaron la aldea y le hablaron de Jesucristo. Aunque no pidió el bautismo de inmediato, acogió plenamente la fe y comprendió que Dios la llamaba a consagrarle su vida en la virginidad.
Kateri tuvo que afrontar una fuerte oposición por parte de su propia comunidad. Fue objeto de burlas y rechazo después de negarse a contraer el matrimonio que su tío había arreglado para ella.
A los 18 años, cuando el padre Jacques de Lamberville regresó a la aldea mohawk, Kateri le pidió recibir el bautismo. Poco después comprendió que el ambiente de violencia y desorden en el que vivía hacía imposible perseverar en su vocación. Por ello huyó a la misión de Caughnawaga, en Quebec, donde pasó los últimos años de su breve vida.
Allí llevó una vida de gran austeridad y de intensa oración. Quienes la conocieron afirmaban que alcanzó una profunda unión mística con Dios y que, incluso en vida, obró numerosos milagros por su intercesión.
Kateri murió el 17 de abril de 1680, a los 24 años. Los testigos aseguraron que, pocos momentos antes de su muerte, las cicatrices que la viruela había dejado en su rostro desaparecieron, dejando su rostro resplandeciente.
La devoción a Kateri comenzó inmediatamente después de su fallecimiento. Sus restos, venerados en Caughnawaga, reciben cada año la visita de miles de peregrinos. Fue beatificada por san Juan Pablo II en 1980 y canonizada por el papa Benedicto XVI en 2012.
Conocida como el "Lirio de los Mohawks", santa Kateri Tekakwitha es la primera indígena de América del Norte en ser canonizada.
