Santo Tomás es conocido popularmente como el “apóstol incrédulo” por haber dudado de la resurrección de Cristo.
Antes de la Pasión, Tomás era un discípulo profundamente fiel y llegó incluso a manifestar su disposición a morir junto a Jesús cuando este decidió regresar a Judea.
Después de la Resurrección, Jesús se apareció a varios de los apóstoles, pero Tomás no estaba presente. Cuando ellos le anunciaron que el Señor había resucitado, respondió: «Si no veo en sus manos la marca de los clavos, no pongo mi dedo en ella y no meto mi mano en su costado, no creeré».
Ocho días después, Jesús volvió a aparecerse y lo invitó a tocar sus manos y su costado para comprobar que era realmente Él. Entonces Tomás creyó y profesó su fe.
Según la tradición, después de ese encuentro llevó el Evangelio a Persia y Media, y más tarde evangelizó la India, donde murió mártir hacia el año 72 d. C.
Santo Tomás es el patrono de los arquitectos y los constructores.
