La celebración de la Semana Santa por parte de la Iglesia es un momento solemne en el que los católicos de todo el mundo contemplan los últimos días de Jesucristo y conmemoran su pasión, muerte y resurrección.
También brinda la oportunidad de reflexionar sobre nuestra propia mortalidad y sobre el precio pagado por los pecados de la humanidad, que abrió las puertas del cielo para todos y cada uno de nosotros.
Sin embargo, ver con nuestros propios ojos cómo un cristiano realiza ese último y arduo camino también puede ser una fuente de consuelo.
Durante la Semana Santa de 2025, el Papa Francisco fue llamado a participar en el misterio de la pasión de Cristo. Nadie sabe si tuvo alguna premonición de que sería su última semana, pero una cosa era segura: se preparó para ello.
Tras detallar los preparativos de su funeral en su autobiografía, "Esperanza", publicada en enero de 2025, concluyó con una oración sencilla pero conmovedora.
"Aunque sé que ya me ha concedido muchas, solo le he pedido una gracia más al Señor: cuida de mí, que sea cuando quieras, pero, Tú lo sabes, me da bastante miedo el dolor físico… Así que por favor, no me hagas mucho daño", escribió.
Tras su salida del Hospital Gemelli en marzo de 2025, los médicos le recetaron al Papa Francisco dos meses de reposo para recuperarse después de cinco semanas de hospitalización. Aparte de unas pocas apariciones breves, se esperaba que el Papa se dejara ver poco durante la Semana Santa.
Pero, en una decisión que no sorprendió en absoluto --dada su costumbre de hacer o decir cosas inesperadas--, el Papa realizó una visita sorpresa a la prisión Regina Coeli de Roma, a pesar de que aún se estaba recuperando de una grave neumonía doble.
Escoltado en una silla de ruedas, el Papa fue recibido con vítores y aplausos atronadores por 70 reclusos reunidos en la rotonda de la prisión, conmovidos de que hubiera venido a verlos, incluso en su frágil estado. La última vez que visitó la prisión Regina Coeli fue en 2018 para celebrar la Misa de la Cena del Señor y lavar los pies a 12 reclusos.
"Me gusta hacer cada año lo que Jesús hizo el Jueves Santo, el lavatorio de los pies, en la cárcel", les dijo el Papa. "Este año no puedo hacerlo, pero sí puedo y quiero estar cerca de ustedes. Rezo por ustedes y por sus familias".
Luego recorrió la rotonda, saludando a los reclusos individualmente antes de rezar con ellos y bendecirlos. Las fotos publicadas por el Vaticano mostraban a un grupo de reclusos apretujados contra una puerta de hierro y vidrio, con la esperanza de ver al Papa.
Se ve al Papa mirándolos y lanzándo un beso.
Al salir, el Papa, sentado en el asiento del copiloto de un pequeño auto negro, se detuvo brevemente para hablar con un grupo de periodistas reunidos afuera.
"Cada vez que entro por estas puertas, me pregunto: '¿Por qué ellos y no yo?'", dijo.
En declaraciones al canal de noticias italiano TG2000 tras la visita del Papa, el padre Vittorio Trani, capellán de Regina Coeli, dijo que la visita del Papa fue "un signo de inmensa ternura porque expresa cercanía, afecto y todo lo positivo que se puede imaginar en una relación".
Los reclusos, añadió, se sintieron conmovidos de que, a pesar de su delicada salud, el Santo Padre los visitara y "se enfrentara a esta realidad tan específica y dura".
"Nos dejó una gran lección sobre cómo debemos ver los acontecimientos que suceden en la vida, teniendo siempre la capacidad de pensar que hay un mañana en el que podemos tener lo mejor", dijo. "Y la esperanza significa exactamente este puente que existe entre el hoy, que puede ser incluso pesado, y un mañana que alguien podría ayudarnos a hacer mejor".
Como era de esperarse, el Papa Francisco no hizo ninguna aparición pública el Viernes Santo ni el Sábado Santo.
Sin embargo, cuando miles de personas se reunieron en la Plaza de San Pedro para celebrar la Pascua, sus miradas se dirigieron hacia arriba al ver aparecer al pontífice, aun convaleciente, en el balcón central de la basílica, reuniendo fuerzas para saludar con la mano y decirles: "Feliz Pascua".
Tras impartir la que sería su última bendición "Urbi et Orbi", y para sorpresa de muchos, el Papa Francisco subió a su papamóvil por última vez para saludar a los fieles.
No fue hasta después de su muerte que se hizo público cómo se gestó su último viaje en papamóvil.
Según Vatican News, el día antes de Pascua, el Papa Francisco y su enfermero personal, Massimiliano Strappetti, fueron a la Basílica de San Pedro para repasar la ruta que tomaría al día siguiente hasta el balcón central.
El Papa le dijo entonces a Strappetti que esperaba sorprender a los fieles saludándolos en su papamóvil. Sin embargo, le preguntó a su enfermero: "¿Crees que podré hacerlo?".
Después de que Strappetti lo alentara, el Papa se sintió tan feliz de estar cerca de la gente como ellos de verlo. Y aunque el paseo en el papamóvil lo debilitó, expresó su gratitud a su enfermero.
"Gracias por traerme de vuelta a la plaza", le dijo a Strappetti.
Descansó y más tarde disfrutó de una cena tranquila, informó Vatican News. Sin embargo, a las 5:30 a.m. del día siguiente, sufrió un derrame cerebral y un colapso cardiovascular. Tras hacer un gesto de despedida con la mano a Strappetti, el Papa Francisco entró en coma y falleció el 21 de abril de 2025.
Al final, la sencilla oración que había escrito meses antes fue respondida. Al Papa, quien antes había admitido que no era muy valiente ante el dolor físico, se le ahorró un sufrimiento prolongado y quienes estuvieron a su lado recordaron que su muerte fue rápida y pacífica.
Tras una última Semana Santa marcada por la cercanía a los presos, la tranquila resistencia y una bendición final al mundo, el Papa Francisco murió tal y como había vivido su ministerio: confiando en Dios, cerca de la gente y en paz.
Para muchos, ese fallecimiento pacífico se convirtió en un testimonio en sí mismo: que la esperanza que proclamó a lo largo de su pontificado era real.
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Junno Arocho Esteves es corresponsal internacional de OSV News.
