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Del editor: Recordando a John Allen, un amigo cuya estrella nació en Los Ángeles

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Si estás leyendo esto, probablemente ya te hayas enterado de la noticia de que el ex corresponsal vaticano de Angelus y colaborador de larga data, John L. Allen Jr., falleció el 22 de enero en Roma a los 61 años, tras una larga batalla contra el cáncer.

Para cualquiera con un interés siquiera remoto en las noticias católicas —y no digamos para los lectores del sitio de noticias que fundó, CruxNow.com, y de Angelus— la magnitud de su pérdida es difícil de dimensionar.

Tras haber cubierto el Vaticano durante tres décadas, John era, en esencia, el decano de los vaticanistas de habla inglesa: un escritor extraordinariamente talentoso, cuyas dotes para el reporteo, conexiones profundamente consolidadas, memoria casi enciclopédica y capacidad para formar a otros marcaron a toda una generación de periodistas católicos.

Yo fui uno de ellos. Nerd desde siempre, leí su libro sobre la elección del Papa Benedicto XVI durante la secundaria y seguí durante años sus despachos para el National Catholic Reporter. Nunca hubiera imaginado entonces que ese contacto temprano con la escritura de John me prepararía para un trabajo en la prensa católica años más tarde, algo que jamás estuvo en mis planes profesionales.

John logró que el funcionamiento interno de la Iglesia católica resultara interesante, accesible e incluso apasionante. Fue una voz experta y confiable para los medios seculares que cubrían temas católicos, y era especialmente conocido por la perspectiva interna que aportaba a la cobertura de CNN sobre los grandes acontecimientos de la Iglesia. Antes de los dos últimos cónclaves, se sabía que cardenales electores de habla inglesa leían sus perfiles “Papabile del día”, publicados en National Catholic Reporter y Crux, en los días previos a entrar en la Capilla Sixtina.

Para quienes disfrutamos de su amistad, John era un depósito inagotable de anécdotas eclesiales, relatos de guerra del cuerpo de prensa vaticano y, por supuesto, recomendaciones de restaurantes romanos. Él y su esposa, Elise Ann Allen (otro nombre familiar para los lectores de Angelus), gozaban de una reputación como anfitriones generosos y excelente compañía entre una amplia variedad de figuras del mundo mediático católico.

John también tenía un vínculo decisivo y poco conocido con la Arquidiócesis de Los Ángeles. A comienzos de la década de 1990, el entonces recién nombrado editor de The Tidings, Tod Tamberg, fue presentado a John —por entonces un oriundo de Kansas que enseñaba en Notre Dame High School en Sherman Oaks— a través de amigos en común que también daban clases allí.

Ambos entablaron una amistad, y Tamberg invitó a John a comenzar a escribir para The Tidings. Esa invitación lanzó una carrera que lo llevaría a convertirse en un reconocido autor y periodista especializado en la Iglesia católica. Puedo confirmar el recuerdo de Tamberg de que John “solía mencionar a menudo que su primer trabajo pago como escritor en la Iglesia fue con The Tidings”.

A lo largo de esa trayectoria, John se convirtió en una figura habitual y muy apreciada del Congreso de Educación Religiosa de Los Ángeles, que se celebra cada año en Anaheim, y que convocaba a miles de personas a sus conferencias. En 2016, poco después de que su recientemente fundado proyecto periodístico Crux terminara su asociación con The Boston Globe, John fue invitado por el entonces editor en jefe J.D. Long García a ayudar a lanzar Angelus, sucesor de The Tidings, como colaborador, junto con la cofundadora de Crux, Inés San Martín.

Poco después de que yo asumiera como editor a comienzos de 2018, Angelus amplió su acuerdo con Crux para compartir contenidos y presentar a John como colaborador semanal de la revista. Durante siete años, eso me colocó en la extraña posición de ser, en cierto modo, el editor de John, algo que solo tendría sentido en un universo alternativo.

A pesar de la evidente brecha de experiencia y trayectoria entre ambos, John nunca intentó recordármela. Acogía mis propuestas y sugerencias de temas, y además las mejoraba. Sus textos siempre llegaban limpios y (casi) siempre en fecha. Era el sueño de cualquier editor.

Con los años, los lectores respondieron con abundantes comentarios —en su mayoría elogios, y algunas críticas— a los artículos de John en Angelus, una muestra de lo atentamente que era leído. Era exigente pero justo, y se ganaba el respeto incluso de importantes figuras eclesiales que no siempre coincidían con él.

Tras su muerte, el arzobispo José H. Gómez lamentó a John como “un buen amigo, un excelente periodista”, y rezó por él:

“Que Nuestra Señora de Guadalupe lo abrace con el manto de su amor, y que Dios le conceda la paz en el amor que no termina”.

En su propio homenaje, el arzobispo emérito, el cardenal Roger Mahony, elogió el “reporteo equilibrado de John a través de líneas ideológicas, su acceso a fuentes confiables dentro del Vaticano y su capacidad para explicar dinámicas complejas de la Iglesia a audiencias seculares”.

La última vez que vi a John fue en mayo de 2025, en Roma, durante y después del cónclave que eligió al Papa León XIV.

Uno de nuestros intercambios ocurrió la tarde del 8 de mayo, cuando nos cruzamos en la calle, frente a la Plaza de San Pedro. Se lo veía visiblemente cansado por sus constantes apariciones en CNN y por los tratamientos contra el cáncer de esa semana. Antes de despedirnos, no pude resistirme a comentarle un rumor que acababa de escuchar minutos antes de boca de un ex funcionario vaticano sobre un supuesto acuerdo pre-cónclave entre dos papabili para asegurar la elección de uno de ellos.

“Qué curioso, acabo de escuchar el mismo rumor de alguien de The New York Times”, me respondió John. “Pero ¿qué diablos sabrán ellos?”.

El escepticismo de John estaba más que justificado. Dos horas después llegó el humo blanco, y luego el Habemus Papam anunciando la elección de Robert Francis Prevost, un estadounidense a quien John había recibido en su propia casa pocos meses antes. El rumor no podía haber sido más equivocado.

Considero que ese episodio es un recordatorio adecuado del legado perdurable de John: una rara especie de autor, conferencista y periodista católico, con un nivel de conocimiento que suele faltar dolorosamente en la cobertura secular sobre la Iglesia católica.

El resto de nosotros todavía tenemos mucho que aprender de él.

Pablo Kay
Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.
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Pablo Kay

Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.