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La respuesta adecuada al sufrimiento humano no debe ser causar la muerte, sino brindar atención y cercanía a los más vulnerables, afirmaron los obispos españoles en relación con el caso de una mujer de 25 años que decidió poner fin a su vida mediante eutanasia el 26 de marzo, a pesar de que su padre luchó por impedir el procedimiento.

“Cuando la vida duele, la respuesta no puede ser acortar el camino, sino recorrerlo juntos. Solo así podemos construir una sociedad verdaderamente justa, donde nadie se sienta solo o descartado”, señalaron los obispos en un comunicado publicado el 26 de marzo.

El pronunciamiento surgió a raíz del caso de Noelia Castillo, una joven a quien el gobierno de Cataluña le concedió en 2024 el permiso para poner fin a su vida. El texto fue firmado por varios obispos, entre ellos José Mazuelos Pérez, presidente de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la conferencia episcopal.

En una entrevista con el canal de televisión español Antena3, emitida pocas horas antes de su muerte el 26 de marzo, Castillo afirmó que quería “irme en paz ya y dejar de sufrir, punto”.

La joven relató el sufrimiento que vivió tras la separación de sus padres cuando tenía 13 años. Entre sus experiencias estuvieron tres agresiones sexuales. En 2022, después de la segunda agresión, intentó suicidarse.

Aunque sobrevivió, quedó parapléjica.

“La joven sufrió una violación en grupo y no recibió el apoyo psicológico ni la cercanía humana que necesitaba. Un intento fallido de suicidio la dejó en silla de ruedas y profundizó su sufrimiento”, escribió en X el 26 de marzo Elena Postigo, profesora adjunta de antropología, ética y bioética en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid.

“Su historia pone de manifiesto las fallas más profundas de nuestro sistema”, afirmó Postigo, quien calificó a Castillo como “una víctima del abandono institucional que la dejó completamente sola en su dolor”. La profesora lamentó que “su solicitud de ayuda para morir se presente como un acto de libertad, cuando en realidad expresa la desesperación de alguien que nunca fue acogido ni tratado como merecía”.

Castillo dijo en su última entrevista televisiva: “Por fin voy a poder descansar porque no puedo más con esta familia, no puedo más con el dolor, no puedo más con todo lo que me atormenta en la cabeza por lo que he vivido”.

Aunque el proceso se retrasó después de que el padre de Castillo apelara la decisión, el Tribunal Supremo de Cataluña y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos la confirmaron, permitiéndole seguir adelante.

Castillo murió mediante eutanasia en un centro de Barcelona, confirmó en una publicación en X a las 7:54 p.m. hora local la organización española Abogados Cristianos, que ayudó al padre en su batalla legal. Se le administró medicación para poner fin a su vida.

“Lamentamos profundamente su muerte y denunciamos que este caso pone de manifiesto graves fallas en la ley de eutanasia, que no protege a las personas más vulnerables”, señaló Abogados Cristianos en su comunicado.

“Pedimos a los políticos que su historia sirva para impulsar cambios urgentes y evitar que algo así vuelva a suceder”, añadió la organización, expresando su agradecimiento a quienes “empatizaron con la familia en estos momentos tan difíciles”.

Indicaron que los padres de la joven “están devastados después de años intentando acompañarla en su rehabilitación”.

En su mensaje publicado el día anterior a su muerte, los obispos afirmaron que la situación de Castillo reflejaba “una acumulación de sufrimientos personales y carencias institucionales que interpelan a toda la sociedad”.

“Su situación no puede interpretarse únicamente en términos de autonomía individual; exige una mirada más profunda, capaz de reconocer el peso del sufrimiento psicológico, la soledad y la desesperación”, señala el texto.

España legalizó la eutanasia en 2021, permitiendo a adultos con enfermedades terminales y a quienes padecen discapacidades graves y crónicas solicitar ayuda para morir dentro del sistema público de salud.

Aunque la eutanasia suele justificarse, según los defensores de la ley, en casos de enfermedades terminales e incurables, los obispos subrayaron que Castillo no enfrentaba “una enfermedad terminal, sino heridas profundas que requieren atención, tratamiento y esperanza”.

La eutanasia y el suicidio asistido “no son actos médicos”, sino una “ruptura deliberada del vínculo de cuidado” que constituye “una derrota social cuando se presenta como respuesta al sufrimiento humano”, afirmaron.

En la eutanasia, un médico administra la medicación letal, mientras que en el suicidio asistido es el propio paciente quien la toma.

Los obispos españoles señalaron que la dignidad humana no debe depender del estado de salud ni de la percepción subjetiva de la vida, sino que posee “un valor intrínseco que exige ser reconocido, protegido y promovido en toda circunstancia”.

“Por tanto, la respuesta verdaderamente humana al sufrimiento no puede ser causar la muerte, sino ofrecer cercanía, acompañamiento, atención adecuada y apoyo integral”, indicaron.

Expresando su cercanía con Castillo y su familia, los obispos les aseguraron sus oraciones y renovaron su “compromiso con una cultura del cuidado que no abandona a nadie”.

“Llamamos a toda la sociedad a fortalecer los recursos de atención psicológica, el acompañamiento humano y las redes de apoyo, especialmente para las personas más vulnerables”, escribieron.

La profesora Postigo afirmó en su publicación viral: “La dignidad humana no depende del sufrimiento ni de una autonomía entendida como autosuficiencia. Nace del valor único de cada persona, de su necesidad de vínculo, cuidado y amor. Sin embargo, en lugar de ofrecer una verdadera compasión, la ley termina legitimando el abandono de la vida de quienes más necesitan apoyo y esperanza”.

Castillo, subrayó la profesora, no necesitaba que el Estado español “le ofreciera la muerte”, sino que le devolviera “sentido, ayuda y la posibilidad de sanar” en su vida.

Postigo afirmó que lo decidido en el caso de Castillo —confirmado por tribunales nacionales e internacionales— “no fue un acto de libertad, sino el reflejo de un profundo fracaso colectivo”.

“Cuando la vida duele, lo verdaderamente humano es cuidar, acompañar y sostener, no matar”.

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Junno Arocho Esteves