CIUDAD DEL VATICANO -- El Papa León XIV deseaba que su viaje a África pusiera de relieve las graves injusticias que persisten en la región y transmitiera un mensaje de paz a un mundo marcado por los conflictos y las violaciones del derecho internacional.
"Queridos hermanos y hermanas, la visita del Papa es, para las poblaciones africanas, una ocasión para hacer oír sus voces, para expresar la alegría de ser pueblo de Dios", dijo el Santo Padre.
Siguiendo la costumbre de sus predecesores, el Papa León aprovechó su primera audiencia general tras su viaje del 13 al 23 de abril a cuatro naciones africanas para explicar a la gente el propósito de su visita y lo que más le había impactado de su recorrido.
Dirigiéndose a miles de personas en la Plaza de San Pedro el 29 de abril, el Papa León dijo en inglés que su estancia allí "tenía como objetivo ofrecer al mundo un mensaje de paz en un momento marcado por los conflictos y las frecuentes violaciones del derecho internacional".
"Junto con el llamado a la paz, también denuncié las graves injusticias que existen en esos países tan ricos en recursos naturales, instando a la comunidad internacional a superar las actitudes neocoloniales y a comprometerse en una colaboración auténtica", dijo.
En su viaje, el Papa visitó Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial.
"Desde el inicio de mi pontificado, había pensado en un viaje a África", dijo en su discurso principal en italiano. "Doy gracias al Señor, que me ha permitido realizarlo como Pastor para visitar y animar al pueblo de Dios".
En Argelia, un país predominantemente musulmán, el Papa dijo que quería "mostrar al mundo que es posible vivir juntos como hermanos y hermanas, incluso de religiones distintas, cuando nos reconocemos hijos del mismo Padre misericordioso".
El país del norte de África es también el lugar de nacimiento de su "padre espiritual", San Agustín, y al "comenzar desde las raíces de mi identidad espiritual", le ofrecía una forma de destacar su legado, dijo. "Él es maestro en la búsqueda de Dios y de la verdad. Su testimonio es hoy de gran importancia para los cristianos y para cualquier persona".
Los otros tres países eran predominantemente cristianos, dijo, y "por tanto, me he sumergido en un ambiente de fiesta de la fe".
También fue un poco similar a "lo que le sucedía a Jesús con las multitudes de Galilea: Él las veía sedientas y hambrientas de justicia, y les anunciaba: 'Bienaventurados los pobres en el espíritu, bienaventurados los mansos, bienaventurados los que trabajan por la paz'", dijo el Papa, "y, reconociendo su fe, (Jesús) dijo: 'Vosotros sois la sal de la tierra y la luz del mundo'".
En Camerún, dijo a la multitud en la Plaza de San Pedro, reforzó el llamado a trabajar juntos por la reconciliación y la paz.
Al igual que el resto del continente, Camerún es rico en recursos naturales y humanos, dijo, pero es necesario que haya: "una distribución equitativa de las riquezas"; más oportunidades para los jóvenes; el fin de la "corrupción endémica"; la promoción del desarrollo integral y sostenible; y el cese de "las varias formas de neocolonialismo una cooperación internacional con visión de futuro".
En Guinea Ecuatorial, dijo, el pueblo "ha atravesado los acontecimientos de su historia" y "ha renovado con gran entusiasmo su voluntad de caminar unido hacia un futuro de esperanza".
"No puedo olvidar lo sucedido en la cárcel de Bata", afirmó, añadiendo que "nunca había visto nada semejante".
"Los reclusos cantaron a pleno pulmón un canto de agradecimiento a Dios y al Papa, pidiéndole que rece 'por sus pecados y su libertad'", y luego "han rezado conmigo el Padre Nuestro, bajo una lluvia torrencial. ¡Un signo auténtico del Reino de Dios!".
Al referirse a cómo Angola superó su turbulento período de guerra civil, el Papa dijo: "En el crisol de esta historia, Dios ha guiado y purificado la Iglesia convirtiéndola cada vez más al servicio del Evangelio, de la promoción humana, de la reconciliación y de la paz. ¡Iglesia libre para un pueblo libre!".
Al ver la alegría y la unidad de las diferentes generaciones y vocaciones de los fieles católicos, el Papa dijo que fue testigo del "fundamento de una esperanza que resiste a las desilusiones causadas por las ideologías y las promesas vanas de los poderosos".
"Esta esperanza exige un compromiso concreto, y la Iglesia tiene la responsabilidad, con el testimonio y el anuncio valiente de la Palabra de Dios, de reconocer los derechos de todos y de promover su respeto efectivo", añadió.
Cada vez que un Papa visita un país, es una oportunidad para que el pueblo haga oír su voz y para que los católicos expresen la alegría de ser el pueblo de Dios y la esperanza de un futuro mejor, de dignidad para todos y cada uno, dijo el Santo Padre.
"Me alegro de haberles dado esta oportunidad, y, al mismo tiempo, doy gracias al Señor por lo que ellos me han dado: una riqueza inestimable para mi corazón y mi ministerio", concluyó.
