CIUDAD DEL VATICANO -- Los poderosos y los violentos no pueden controlar, suprimir o mercantilizar la gracia, la amistad y la voluntad de Dios de dar paso a un nuevo amanecer, afirmó el Papa León XIV.
"A nuestro alrededor, una economía deformada intenta sacar provecho de todo. Lo vemos: el mercado transforma en negocios incluso la sed humana de buscar, de viajar y de recomenzar", dijo, celebrando la Misa en la Basílica de San Pedro el 6 de enero, la solemnidad de la Epifanía del Señor, y clausurando oficialmente la celebración del Año Santo dedicado a la esperanza.
"Preguntémonos: ¿nos ha educado el Jubileo a huir de este tipo de eficiencia que reduce cualquier cosa a producto y al ser humano a consumidor?", preguntó.
"Después de este año, ¿seremos más capaces de reconocer en el visitante a un peregrino, en el desconocido a un buscador, en el lejano a un vecino, en el diferente a un compañero de viaje?".
Antes de la Misa, el Papa, los cardenales y los obispos presentes en Roma se reunieron en el atrio de la basílica y dieron gracias a Dios por los dones recibidos durante el Año Jubilar. Decenas de cardenales de todo el mundo se encontraban en Roma para asistir al primer consistorio extraordinario del Papa León, celebrado los días 7 y 8 de enero, para rezar, apoyar y asesorar al Santo Padre sobre la vida y la misión de la Iglesia.
El Papa León se dirigió al umbral de la Puerta Santa y cerró cada uno de los lados. La puerta permanecerá sellada hasta el próximo Año Santo, que probablemente será en 2033, el 2.000 aniversario de la muerte y resurrección de Jesús.
Mientras se cerraba la última de las Puertas Santas de la ciudad, "la puerta" de la misericordia de Dios nunca se cerrará, dijo el Papa León antes de cerrar la puerta en la basílica. Dios siempre sostendrá a aquellos que están cansados, levantará a los caídos y ofrecerá "cosas buenas" a quienes depositen su confianza en él.
En su homilía, el Papa León comparó a los millones de hombres y mujeres que acudieron a Roma en peregrinación con los Reyes Magos de hoy en día, "que dejaron atrás el palacio y el templo" en busca de un nuevo "rey", al que encontraron en el niño Jesús en una humilde gruta de Belén.
"Sí, los (reyes) magos aún existen. Son personas que aceptan el desafío de arriesgar cada uno su propio viaje; que en un mundo complicado como el nuestro --en muchos aspectos excluyente y peligroso-- sienten la exigencia de ponerse en camino, en búsqueda", dijo.
Sin embargo, advirtió el Papa León, los "buscadores" de hoy deben encontrar en las iglesias y lugares sagrados actuales la misma humilde fuente de vida, esperanza y alegría que encontraron los tres reyes en Belén.
"Qué importante es que, el que cruza la puerta de la Iglesia, se percate de que el Mesías recién ha nacido allí, que allí se reúne una comunidad donde ha surgido la esperanza, que allí se está realizando una historia de vida", dijo.
"Jesús salió al encuentro de todos y dejó que todos se le acercaran", dijo, porque "el Señor quiere crecer entre nosotros, quiere ser el Dios-con-nosotros".
"Nadie puede vendernos esto. El Niño que los magos adoran es un Bien que no tiene precio ni medida", dijo el Papa, criticando "una economía deformad", que incluso trata de explotar y mercantilizar el deseo humano de libertad y verdadera realización.
Dios que se revela a la humanidad como hombre es un don, dijo el Papa León. Él se revela y "se deja encontrar".
"Sus caminos no son nuestros caminos, y los violentos no consiguen dominarlos, ni los poderes del mundo los pueden obstruir", dijo, recordando la gran alegría que sintieron los Reyes Magos al encontrar al Mesías y a pesar de los esfuerzos de Herodes por destruir lo que se había prometido.
El miedo y la violencia desatados por el rey Herodes "nos hace pensar en los numerosos conflictos con los que los hombres pueden resistirse e incluso atacar la Novedad que Dios ha reservado para todos", dijo. "Amar la paz, buscar la paz, significa proteger lo que es santo y que precisamente por eso está naciendo: pequeño, delicado y frágil como un niño".
"Dios cuestiona el orden existente", dijo el Papa. "Está decidido a rescatarnos de antiguas y nuevas esclavitudes; en sus obras de misericordia, en las maravillas de su justicia, involucra a jóvenes y ancianos, a pobres y ricos, a hombres y mujeres, a santos y pecadores".
"Preguntémonos: ¿hay vida en nuestra Iglesia? ¿Hay espacio para aquello que nace? ¿Amamos y anunciamos a un Dios que nos pone en camino?", dijo el Papa León.
"El miedo, en efecto, enceguece. La alegría del Evangelio, en cambio, libera; nos hace prudentes, sí, pero también audaces, atentos y creativos; sugiere caminos distintos de los ya recorridos", afirmó.
"Es hermoso convertirse en peregrinos de la esperanza", que caminan juntos y se maravillan de la fidelidad de Dios, expresó.
"Si no reducimos nuestras iglesias a monumentos, si nuestras comunidades se convierten en hogares, si rechazamos unidos los halagos de los poderosos, entonces seremos la generación de la aurora", afirmó.
En Jesús, "contemplaremos y serviremos a una humanidad magnífica, transformada no por delirios de omnipotencia, sino por el Dios que se hizo carne por amor", dijo.
Afuera, en una fría y lluviosa mañana de invierno, la plaza de San Pedro se llenó de miles de personas que veían la Misa en pantallas gigantes y esperaban que el Papa recitara el Ángelus al mediodía.
Cientos de personas vestidas con trajes tradicionales y festivos participaron en la procesión folclórica anual de la Epifanía a lo largo de la avenida principal frente a la basílica. Grupos musicales y personas con trajes renacentistas desfilaban por la calle detrás de los Reyes Magos a caballo.
Antes del rezo del Ángelus, desde el balcón de la logia de la basílica, el Papa rezó para que "se cumplan en nosotros Sus palabras, que los extraños y los adversarios se conviertan en hermanos y hermanas".
"Que en lugar de las desigualdades haya equidad, que en vez de la industria de la guerra se afirme la artesanía de la paz", dijo. Como "Artesanos de esperanza, caminemos hacia el futuro por otro camino".
