El papa León XIV observa cómo los ciclistas que participan en el Giro de Italia comienzan su recorrido por los Jardines Vaticanos durante un paso especial por la Ciudad del Vaticano el 1 de junio de 2025. (Foto CNS/Cristian Gennari, pool)
CIUDAD DEL VATICANO -- Justo cuando estaban a punto de comenzar los Juegos Olímpicos de Invierno de 2026 en Milán Cortina, el Papa León XIV pidió a la Iglesia Católica que reconociera el deporte como una oportunidad para ofrecer una orientación humana y espiritual muy necesaria.
Con tantos peligros y distorsiones que amenazan la integridad del atletismo y la dignidad de los jugadores, la Iglesia puede ayudar a fortalecer la necesaria armonía entre el desarrollo físico y espiritual de las personas, escribió, ayudando al deporte a convertirse en un lugar "donde aprender a cuidar de uno mismo sin idolatrarse, a superarse sin anularse, a competir sin perder la fraternidad".
El Papa León, que se considera "un tenista aficionado decente", publicó el 6 de febrero una carta sobre "el valor del deporte", titulada "La vida en abundancia", a partir de la declaración de Jesús: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia, del Evangelio según San Juan (10, 10).
La necesidad de un desarrollo humano holístico e integral es fundamental, escribió, porque "el peligro del narcisismo, que atraviesa hoy toda la cultura deportiva. El atleta puede quedar fijado al espejo del propio cuerpo vigoroso, del propio éxito medido en visibilidad y aprobación".
Y a veces el deporte puede adquirir una "función casi religiosa", con los atletas percibidos como "figuras salvíficas", escribió. "Cuando el deporte pretende sustituir a la religión, pierde su carácter de juego y de servicio a la vida, volviéndose absoluto, totalizante, incapaz de relativizarse a sí mismo".
El Papa fechó y publicó la carta de ocho páginas el mismo día en que comenzaron los XXV Juegos Olímpicos de Invierno en Milán y Cortina d'Ampezzo, el 6 de febrero. Este evento deportivo internacional, que se prolongará hasta el 22 de febrero, será seguido por los XIV Juegos Paralímpicos, que se celebrarán del 6 al 15 de marzo.
El Papa transmitió su "saludo y los mejores deseos a cuantos están directamente implicados" en los Juegos invernales y animó a todas las naciones del mundo a "redescubrir y respetar" la tregua olímpica -- un acuerdo dirigido a suspender las hostilidades antes, durante y después de los Juegos Olímpicos -- como símbolo y promesa de esperanza y reconciliación en "un mundo sediento de paz".
"Necesitamos instrumentos que pongan ‘fin a la prepotencia, a la exhibición de la fuerza y al desinterés por el derecho’", escribió, condenando la "radicalización del desacuerdo y del rechazo de cooperar los unos con los otros", así como la "cultura de la muerte".
El mundo es testigo de "vidas truncadas, sueños destrozados, traumas de los supervivientes, ciudades destruidas-- como si la convivencia humana se redujera superficialmente al escenario de un videojuego", escribió, repitiendo la advertencia de San Juan Pablo II de que la agresión, la violencia y la guerra son "siempre ‘una derrota de la humanidad’".
La tregua olímpica se basa en la creencia de que participar en deportes públicos con un espíritu de "la virtud y la excelencia" promueve una mayor fraternidad, solidaridad y bien común, escribió.
"Las competiciones internacionales, en particular, ofrecen una ocasión privilegiada para experimentar nuestra común humanidad en la riqueza de sus diversidades", escribió. "En efecto, hay algo profundamente emotivo en las ceremonias de apertura y de clausura de los Juegos Olímpicos, cuando vemos a los atletas desfilar con las banderas nacionales y los trajes típicos de sus países".
Estas reuniones mundiales "pueden inspirarnos y recordarnos que estamos llamados a formar una única familia humana" y que "los valores promovidos por el deporte --como la lealtad, el compartir, la acogida, el diálogo y la confianza en los demás-- son comunes a toda persona, independientemente de la procedencia étnica, la cultura y la religión", escribió.
Aunque el Papa elogió el poder y el potencial de los Juegos Olímpicos, la mayor parte de la carta estaba dedicada a todos los niveles del deporte, desde los que se practican de forma informal por diversión hasta los que se practican de forma profesional.
Al igual que sus predecesores, el Papa León destacó las virtudes de la actividad física y la competición, y advirtió contra los riesgos actuales que amenazan los valores saludables.
Criticó los problemas recurrentes del uso del deporte como plataforma para promover intereses políticos o ideológicos, el dopaje y la búsqueda de beneficios o la victoria a toda costa, y advirtió contra la "dictadura del rendimiento".
"Cuando los incentivos financieros se vuelven el único criterio, puede suceder que individuos y equipos dobleguen sus resultados a la corrupción y a la intromisión de la industria de los juegos de azar", escribió.
"Estas diversas formas de fraude no sólo corrompen las actividades deportivas en sí mismas, sino que contribuyen además a la desilusión del gran público y a socavar el aporte positivo del deporte a la sociedad en general".
También criticó los programas de "pagar para jugar", que a menudo exigen cuotas costosas para que los niños puedan participar, cuando los deportes organizados deberían ser accesibles para todos.
"En otras sociedades, a las jóvenes y a las mujeres no se les permite practicar deportes. A veces, en la formación a la vida religiosa, especialmente femenina, persisten desconfianzas y temores hacia la actividad física y deportiva", escribió en la carta, animando a realizar mayores esfuerzos para que el deporte sea más accesible a la diversidad y la fraternidad.
También advirtió contra el "transhumanismo" o las tecnologías, incluida la inteligencia artificial, que se aplican para mejorar el rendimiento, separando artificialmente el cuerpo y la mente, y "transformando al atleta en un producto optimizado, controlado, potenciado más allá de los límites naturales".
"Finalmente, es preciso interrogarse sobre la creciente asimilación del deporte con la lógica de los videojuegos", escribió el Papa León, señalando la "gamificación" extrema de la práctica deportiva, que convierte al deporte en "un mero dispositivo de consumo" y lo desconecta de las relaciones concretas.
El Papa afirmó: "Es urgente reafirmar un cuidado integral de la persona humana, en la que el bienestar físico no se separe del equilibrio interior, de la responsabilidad ética y de la apertura a los demás", y pidió a las Iglesia particulares que "reconozcan el deporte como espacio de discernimiento y acompañamiento, que merece un compromiso de orientación humano y espiritual".
Pidió que todas las conferencias episcopales nacionales cuenten con una oficina o comisión dedicada al deporte y ayuden a unir a las parroquias, escuelas, universidades, oratorios, asociaciones y barrios en una "visión compartida".
"El acompañamiento pastoral del deporte no se agota en momentos celebrativos, sino que se realiza a lo largo del tiempo, compartiendo los esfuerzos, las expectativas, las decepciones y las esperanzas de quienes viven a diario el campo, el gimnasio y la calle", añadió.
Hizo un llamamiento a buscar a aquellos "que hayan unido pasión deportiva, sensibilidad social y santidad", como San Pier Giorgio Frassati, que "unía perfectamente fe, oración, compromiso social y deporte". El Papa León canonizó al italiano de 24 años el 7 de septiembre en el Vaticano.
La plenitud de la vida "integra el cuerpo, las relaciones y la interioridad", escribió el Papa. "Así, el deporte puede llegar a ser verdaderamente una escuela de vida, en la que se aprende que la abundancia no nace de la victoria a cualquier precio, sino del compartir, del respeto y de la alegría de caminar juntos".