CIUDAD DEL VATICANO -- El Papa León XIV elogió a los hombres y mujeres consagrados por ir a las periferias del mundo y negarse a abandonar a su pueblo, incluso en medio de conflictos.
"No se van, no huyen, permanecen --despojados de todo-- para ser un signo, más elocuente que mil palabras, a la sacralidad inviolable de la vida", dijo el 2 de febrero en su homilía para el día de la Candelaria --la fiesta de la Presentación del Señor--, que también marca la celebración de la Iglesia católica de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada.
"También allí donde resuenan las armas y donde parecen prevalecer la prepotencia, el interés y la violencia", dijo, la presencia de estos hombres y mujeres consagrados proclama las palabras de Jesús en su parábola de la oveja perdida: "Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque … sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial".
La Misa del Papa comenzó con la bendición con agua bendita de las velas utilizadas para la procesión de entrada. Decenas de hombres y mujeres consagrados encabezaron la procesión a la luz de las velas, mientras las luces de la basílica de San Pedro permanecían apagadas y miles de personas que llenaban la basílica también sostenían velas encendidas.
Después de que la basílica a oscuras se llenara de luz, el Papa León, quien se unió a la Orden de San Agustín cuando era joven y sirvió como misionero en Perú durante décadas, reflexionó sobre la misión de los religiosos y religiosas en la Iglesia y en el mundo.
"Hermanos y hermanas, la Iglesia les pide que sean profetas; mensajeros y mensajeras que anuncian la presencia del Señor y preparan su camino", dijo en su homilía. "Y esto están llamados a hacerlo, ante todo, mediante el sacrificio de su existencia, arraigados en la oración y dispuestos a consumirse en la caridad", afirmó.
Dóciles a la acción del Espíritu Santo, los fundadores y fundadoras de sus órdenes y comunidades religiosas ofrecen"modelos maravillosos de cómo vivir de manera concreta este mandato", afirmó.
"En continua tensión entre la tierra y el Cielo, con fe y valentía se dejaron llevar", dijo.
Algunos fundadores fueron conducidos "al silencio del claustro, otros a los desafíos del apostolado", pero todos ellos regresaron con humildad y sabiduría, "a los pies de la cruz y ante el sagrario, para ofrecerlo todo y reencontrar en Dios la fuente y la meta de toda su acción".
El Papa León destacó a aquellos fundadores que "se lanzaron también a empresas arriesgadas".
"Haciéndose presencia orante en ambientes hostiles e indiferentes; mano generosa y hombro amigo en contextos de degradación y abandono; testimonio de paz y de reconciliación en medio de escenarios de guerra y de odio", dijo. "Dispuestos incluso a sufrir las consecuencias de un obrar a contracorriente que los hizo en Cristo ‘signo de contradicción’, a veces hasta el martirio".
Una forma de honrar a estos hermanos y hermanas, dijo, es llevando adelante su legado.
"Están llamados a testimoniar, en una sociedad donde fe y vida parecen alejarse cada vez más una de la otra en nombre de una concepción falsa y reductiva de la persona, que Dios está presente en la historia como salvación para todos los pueblos", afirmó.
"A dar testimonio de que el joven, el anciano, el pobre, el enfermo, el encarcelado, tienen, ante todo, un lugar sagrado propio, en su Altar y en su Corazón", dijo, y a mostrar cómo cada uno de los más pequeños es "santuario inviolable de su presencia, ante el cual hemos de arrodillarnos para encontrarlo, adorarlo y glorificarlo".
Muchas comunidades religiosas han establecido "cuarteles de Evangelio" y estos se mantienen "en los contextos más variados y exigentes, incluso en medio de los conflictos", dijo. "No se van, no huyen, permanecen", ya que buscan defender la sacralidad de la vida humana en sus condiciones más vulnerables.
A través de su promesa de seguir más de cerca a Cristo profesando los consejos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, los hombres y mujeres consagrados se "vacían" de sí mismos para que Cristo, el único mensajero eterno de la alianza, "presente también hoy entre los hombres, pueda fundir y purificar los corazones con su amor, con su gracia y con su misericordia", dijo el Papa León.
A través de este vaciamiento de sí mismos y de la vida en el Espíritu, dijo, los hombres y mujeres consagrados "pueden mostrar al mundo, en la libertad de quienes aman y perdonan sin medida, el camino para superar los conflictos y sembrar fraternidad".
"Queridas consagradas y queridos consagrados, la Iglesia hoy da gracias al Señor y a ustedes por su presencia", dijo, animándolos a "ser, allí donde la Providencia los envíe, fermento de paz y signo de esperanza".
