El Dr. Andrew Harper, director médico de Huntsville Reproductive Medicine, P.C., observa mientras Lynn Curry, enfermera practicante de Huntsville Reproductive Medicine, P.C., abre un contenedor de criopreservación utilizado para la fecundación in vitro (FIV) en Madison, Alabama, el 4 de marzo de 2024. El presidente Donald Trump realizó un anuncio en la Casa Blanca el 16 de octubre de 2025 sobre la cobertura de tratamientos de fertilidad. (Foto OSV News/Roselle Chen, Reuters)
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés) y otras organizaciones católicas presentaron comentarios públicos instando al Departamento de Trabajo a rechazar una propuesta de regulación que ampliaría las oportunidades de cobertura de seguro para la fertilización in vitro (FIV).
Los reguladores considerarán un cambio en la normativa que crearía una categoría de beneficios exceptuados limitados que cubra la FIV y otros tratamientos relacionados con la fertilidad. No impone mandatos, sino que crea más oportunidades para que los empleadores ofrezcan esta cobertura.
En una carta de 17 páginas presentada por el asesor legal de la USCCB, los obispos apoyaron la ampliación de la cobertura relacionada con la fertilidad que respete la vida embrionaria humana no nacida y el proceso natural de procreación, pero desaconsejaron firmemente cualquier inclusión de la FIV.
“La FIV, especialmente tal como se practica en Estados Unidos, mata o congela al menos tantos niños no nacidos como el aborto, en una magnitud de cientos de miles o quizás más de un millón por año”, señaló el comentario de los obispos.
Cuando una persona recibe un tratamiento de FIV, “múltiples óvulos fecundados o cigotos —seres humanos— son producidos” en cada ciclo, etapa en la que la mayoría muere, de acuerdo con el comentario de los obispos. De los embriones que sobreviven, algunos se implantan, pero “otros [son] destruidos o sometidos a criopreservación inhumana”.
El proceso de selección en el que los embriones son implantados y algunos son destruidos incluye pruebas genéticas. Los obispos calificaron esto como una “forma distópica de eugenesia moderna que mata a los niños considerados genéticamente inferiores”. En ocasiones, cuando se implanta más de un embrión, pero los padres sólo desean un hijo, los demás se abortan mediante un proceso llamado “reducción selectiva”, explicaron.
“Promover la FIV”, señaló el comunicado, “contrasta flagrantemente con las demás declaraciones y acciones provida de esta administración”.
Los obispos afirmaron que la congelación indefinida de embriones supervivientes “es también una violación profunda y terrible de su dignidad y derechos”, y añadieron: “Cientos de miles de nuestros hermanos y hermanas más pequeños en Estados Unidos están sufriendo este destino en este preciso momento”.
Además, los obispos advirtieron que la FIV “mercantiliza a nuestros semejantes y los trata como productos y propiedades”. Advirtieron que la tecnología viola “la exclusividad del vínculo matrimonial en su contexto más singular y separa de manera antinatural el aspecto procreativo del aspecto unitivo (es decir, la unidad de los cónyuges) del acto conyugal”.
El comentario también citó preocupaciones prácticas para el Departamento de Trabajo, advirtiendo que la inclusión de la FIV podría poner en riesgo toda la normativa, ya que podría exceder la autoridad legal del departamento y es arbitraria y caprichosa, lo que podría generar problemas en los tribunales.
Si finalmente se incluye la FIV, los obispos solicitaron salvaguardias. Esto incluye normas que impidan la destrucción de embriones, prohíban las pruebas genéticas y comuniquen claramente las alternativas, como la medicina reproductiva restaurativa (MRR).
Independientemente de si se incluye la FIV, los obispos fomentaron la flexibilidad para garantizar que la cobertura de la MRR esté claramente incluida, de modo que los empleadores “puedan hacer un uso significativo de esa flexibilidad, brindándoles la oportunidad de conocer la gama completa de tratamientos de fertilidad posibles que pueden identificar y tratar las afecciones subyacentes de un paciente, salvaguardando al mismo tiempo la vida y la dignidad humanas”.
La atención médica de la MRR se centra en abordar las afecciones subyacentes que causan la infertilidad y trabaja para ayudar a la pareja a lograr la concepción de forma natural a través del acto conyugal.
Las preocupaciones de los obispos fueron compartidas por otras organizaciones católicas, como la Asociación Médica Católica, el Centro Nacional Católico de Bioética y la Asociación Nacional de Enfermeras Católicas de Estados Unidos.
“En el proceso de FIV mueren más bebés de los que nacen”, señaló la Asociación Médica Católica en su comentario. “Los bebés que finalmente son sacrificados, tras largos periodos de criopreservación, no renuncian voluntariamente a su libertad, su potencial ni sus vidas”, añadió.
La declaración promovió la MRR, que la Asociación Médica Católica calificó de “más holística, más delicada, más respetuosa con la vida humana, más compasiva, más empática y más generosa”. Afirmó que la MRR está “libre de violencia, negligencia o desdén hacia seres viables a quienes se les niega el acceso a estar ‘en el útero’”.
En un comunicado conjunto, las tres organizaciones católicas calificaron la iniciativa para ampliar la atención a la infertilidad como “una valiosa oportunidad para impulsar soluciones reales a la infertilidad que respeten la dignidad que Dios ha otorgado a los padres y a los niños, nacidos y por nacer”.
Sin embargo, instaron conjuntamente al departamento a “reorientar la normativa hacia los tratamientos terapéuticos y restaurativos, y a abandonar la inclusión de la FIV, que presenta graves deficiencias legales, terapéuticas y morales, y que no aborda la patología subyacente”.
“Si la FIV es incluida en la normativa final, las regulaciones deben limitar el número de embriones generados al número de embriones que pueden ser implantados y gestados de forma segura hasta el nacimiento”, añadió el comunicado.
“Generar embriones con la intención de proporcionar ‘reservas’ para fines eugenésicos o de investigación es una afrenta a la humanidad y debe prohibirse; y las prácticas actuales de reducción selectiva, especialmente después de que se haya generado deliberadamente más embriones de los que pueden gestarse de forma segura, constituyen una afrenta flagrante a la vida humana y deben prohibirse”, afirmó.