Gracieuse Jean habla con una periodista en el barrio de Little Haiti, en Miami, Florida, el 8 de julio de 2021. Esa semana, el presidente de Haití, Jovenel Moïse, fue asesinado a tiros por hombres armados en su residencia privada, lo que desató temores de que la empobrecida nación caribeña se hundiera aún más en el caos. (Foto OSV News/Shannon Stapleton, Reuters)
Líderes católicos advierten que la decisión de la Corte Suprema de EE.UU., que permite a la administración Trump deportar a cientos de miles de haitianos y a miles de sirios que se encuentran en el país con estatus de protección temporal, tendrá consecuencias nefastas, incluso para el propio Estados Unidos.
Al menos dos obispos han instado al Congreso a prorrogar dichas protecciones, dada la grave crisis que persiste en ambas naciones.
"Revocar el estatus legal de cientos de miles de personas que residen en nuestro país genera una crisis moral cuando el retorno a su país de origen no constituye una opción segura ni razonable", afirmó el 26 de junio el obispo Brendan J. Cahill, de Victoria, Texas y presidente del Comité de Migración de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés)
Antecedentes del TPS
El 25 de junio, la Corte Suprema de EE.UU. suspendió los fallos de tribunales federales que habían impedido a la administración poner fin al programa de Estatus de Protección Temporal (conocido como TPS, por sus siglas en inglés) para ciudadanos de Haití y Siria, argumentando que la ley federal impide en gran medida que los tribunales revisen las decisiones previas de eliminar las designaciones de TPS para dichos países.
"Si realmente queremos afirmar la dignidad que Dios ha otorgado a cada ser humano, nosotros, como nación, no podemos hacer la vista gorda ante tal injusticia ni ante las decisiones imposibles que esta planteará a las familias y comunidades", declaró el obispo Cahill.
Creado por el Congreso como parte de la Ley de Inmigración de 1990, el TPS ofrece protección contra la deportación a personas provenientes de países designados por el Departamento de Seguridad Nacional que atraviesan crisis continuas, tales como guerras y desastres ambientales. Para el 31 de marzo de 2025 --la fecha más reciente con datos disponibles públicamente-- había aproximadamente 1,3 millones de personas con TPS residiendo en Estados Unidos.
Más de 330.000 haitianos y unos 6.100 sirios en Estados Unidos contaban con la protección del TPS en 2025. Ambas naciones han sufrido conflictos prolongados, inestabilidad, desastres y enfermedades.
"Aunque la Administración determine que el TPS ya no está justificado, la salida forzosa diferida sigue siendo una herramienta a disposición del presidente, y le instamos a ejercer un buen criterio en este sentido", declaró el obispo Cahill. "Enviar a familias por la fuerza a condiciones extremas es un legado que todo líder debería tratar de evitar. Con ese fin, mis hermanos obispos y yo seguimos exhortando al Congreso a actuar: a estar a la altura de las circunstancias con la fortaleza moral que se necesita tan desesperadamente".
Los peligros que enfrentan los haitianos
Los haitianos se enfrentan a la posibilidad de ser devueltos a un país que está "al borde del colapso", una nación que durante décadas ha "soportado una calamidad tras otra", señaló el arzobispo Thomas G. Wenski, de Miami, cuya arquidiócesis alberga a una amplia comunidad haitiana y haitiano-estadounidense.
Horas después de anunciarse la decisión de la Corte Suprema, el arzobispo Wenski ofreció una conferencia de prensa el 25 de junio, transmitida en vivo a través de Radio Paz, de la Arquidiócesis de Miami, en la que afirmó que "sería un acto de crueldad extrema que Estados Unidos enviara de regreso a las familias" a las "condiciones peligrosas e inseguras" que prevalecen en Haití.
Instó al Congreso a conceder a los haitianos "al menos una prórroga de tres años más" mediante la extensión del TPS --que reconoció como una "herramienta imperfecta"-- en lugar de "dejar a las familias en el desamparo total sin ninguna alternativa viable".
"La deportación masiva de 350.000 hombres, mujeres y sus hijos a un país en una situación desesperada no es una alternativa viable", subrayó el arzobispo Wenski.
Citó "la violencia generalizada de las pandillas y los secuestros, una epidemia de cólera, la creciente inseguridad alimentaria” y la “falta de instituciones estatales funcionales".
"La situación en Haití es muy, muy crítica", afirmó el padre Eugène Almonor, sacerdote haitiano Oblato de María Inmaculada y capellán de la comunidad católica haitiana de la Arquidiócesis de Filadelfia.
El padre Almonor, quien actualmente es ciudadano estadounidense y presta servicio en la parroquia de San Guillermo en Filadelfia, declaró a OSV News el 25 de junio que pedirle a alguien "que regrese a Haití es exponer su vida" al peligro.
Él mismo lleva tiempo sin poder viajar para visitar a su familia en Haití.
El padre Almonor, cuya comunidad afronta el impacto de la decisión de la Corte Suprema, señaló que los haitianos que han vivido en Estados Unidos durante "10, 15 o 20 años" quedarían "perdidos" al regresar a una tierra que se ha hundido aún más en la crisis desde la última vez que la conocieron.
"No sabemos a dónde iríamos", dijo.
Parte de la comunidad
Tanto él como el arzobispo Wenski señalaron que los haitianos acogidos al TPS en Estados Unidos --muchos de los cuales son católicos-- se han integrado en el tejido social del país, realizando importantes aportaciones a sus comunidades y a la economía nacional.
"Los haitianos en este país no viven de las ayudas públicas", afirmó el arzobispo Wenski. "Son personas trabajadoras que ocupan puestos de empleo que, de no ser por ellos, quedarían vacantes”"
Subrayó que la "expulsión repentina de los haitianos beneficiarios del TPS tendría un efecto potencialmente devastador para la economía de nuestra nación", haciendo referencia a los centros de salud de su región.
El arzobispo también señaló que políticos de Indiana y Ohio --lugares donde "se acusó falsamente a los haitianos de comerse las mascotas de la gente", en referencia a un rumor sin fundamento difundido por el vicepresidente JD Vance y otras personas-- han reconocido asimismo que "perder a los haitianos ahora perjudicaría a la economía local".
Ante todo, afirmó el padre Almonor, "es una cuestión de humanidad".
"En Estados Unidos decimos: ‘En Dios confiamos’", señaló. "Pero nuestra fe en Dios es una fe destinada a amar a los demás, a apoyar a los otros, especialmente a las personas vulnerables".