El arzobispo Gabriele G. Caccia, nuevo nuncio apostólico del Vaticano en Estados Unidos, interviene el 10 de junio de 2026 durante la reunión anual de primavera de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos en Orlando, Florida. (Foto OSV News/Bob Roller)
El nuevo nuncio apostólico en Estados Unidos dijo a los obispos estadounidenses el 10 de junio que su "generosidad y colaboración" le ayudarán a llevar a cabo su nueva misión "al servicio de la comunión y la paz".
Esas palabras las pronunció el arzobispo Gabriele G. Caccia en su discurso inaugural ante los obispos como nuncio en EE.UU. durante la primera sesión pública de su plenaria de primavera, celebrada del 10 al 12 de junio en el Omni Resort de ChampionsGate, cerca de Orlando.
Agradeció a sus "hermanos obispos" su fraternal bienvenida y se dirigió al nuevo presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos --el arzobispo Paul S. Coakley, de Oklahoma City-- y dijo: "Así que comenzamos juntos".
Ambos prelados se dirigieron a la asamblea por primera vez en sus cargos actuales; el nuncio fue nombrado en marzo, tras haber servido anteriormente como observador permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, y el nuevo presidente de la conferencia episcopal estadounidense (USCCB, por sus siglas en inglés) fue elegido el pasado mes de noviembre.
En su discurso, el arzobispo Caccia destacó la consagración de la Iglesia de Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús, instó a los obispos a cumplir su misión como discípulos misioneros acogiendo a los inmigrantes en su seno, y recordó a sus hermanos obispos que está ahí para ellos, especialmente en los momentos en que sus responsabilidades como pastores episcopales los llevan a sentirse aislados.
"Mi servicio aquí consiste en escuchar, confiar y discernir juntos dentro de la Iglesia a la que todos servimos", dijo el arzobispo Caccia.
Agradecido por la fraternal bienvenida de los obispos estadounidenses, el arzobispo señaló lo "hermosa que es la imagen de unidad de los hermanos obispos reunidos", compartiendo el mismo espíritu y cumpliendo la misma misión. Añadió que, si tuviera que resumir sus sentimientos en pocas palabras, sería "gran estima por la Iglesia en Estados Unidos", la cual, dijo, "ha dado tanto a la Iglesia universal, incluso dándonos a nuestro Papa".
Pero añadió que esa estima no significa que deban ignorarse "las heridas que persisten en la vida de la Iglesia".
"Considero que la elección del Papa León es un don del Espíritu Santo que anima a la Iglesia de este país, por un lado, a fomentar lo mejor de su tradición y, por otro, a seguir afrontando con determinación aquellas heridas de su historia reciente que han causado tanto sufrimiento, especialmente a través de los casos de abusos", declaró a los obispos estadounidenses.
"Como nos recuerda el Concilio (Vaticano II), la Iglesia es a la vez santa y siempre necesita ser purificada. Oremos y trabajemos juntos por su renovación, para que su testimonio sea creíble, sus comunidades seguras y su misión cada vez más fiel al Evangelio".
Los líderes de la Iglesia están llamados a dar testimonio unos a otros de la "paz de Cristo resucitado", tomando prestadas las palabras del Papa León XIV, como una paz que es "desarmada y desarmante, humilde y perseverante", y una paz del amor incondicional de Dios.
Como "constructores de paz", el arzobispo Caccia afirmó que la consagración formal de la Iglesia de Estados Unidos al Sagrado Corazón de Jesús, que tendrá lugar en la Basílica del Santuario Nacional de María, Reina del Universo, el 11 de junio, serviría como "centro espiritual" de la asamblea.
"Cuando se pierde el corazón, la persona se fragmenta. Cuando el corazón se sana, la vida puede recuperar la unidad", dijo el arzobispo. "Del corazón de Cristo, la Iglesia aprende la verdad del corazón humano: su dignidad, sus heridas, su deseo de Dios y su necesidad de comunión".
El arzobispo Caccia afirmó que la Iglesia en Estados Unidos ciertamente comprende el espíritu misionero, ya que su joven historia se vio beneficiada por los misioneros que llegaron a sus costas procedentes de otras tierras.
Sin embargo, señaló que la Iglesia envía misioneros y despierta discípulos misioneros no solo para ir a tierras extranjeras, sino también para acoger a los inmigrantes que buscan esperanza en Estados Unidos. Afirmó que recibir a los inmigrantes "con la caridad de Cristo, reconocer su dignidad y ayudarles a encontrar un lugar en la vida de la comunidad forma también parte de una Iglesia misionera".
Antes de concluir su intervención, el arzobispo obsequió a cada obispo estadounidense un pequeño folleto de bolsillo que contenía las dos constituciones dogmáticas del Concilio Vaticano II: “Lumen Gentium” (sobre la Iglesia) y “Dei Verbum” (sobre la Divina Revelación). Comentó que dichas constituciones "nos recuerdan quién es la Iglesia y cómo esta escucha la Palabra de Dios".
"Nos devuelven a las fuentes de nuestra comunión y misión", dijo a los obispos. "Esta continuidad es importante. No empezamos de cero. Recibimos una tradición viva y, sobre todo, recibimos el amor de Cristo, derramado desde su corazón para la vida del mundo".