El fallecimiento del obispo Mario Eduardo Dorsonville Rodríguez quien lideró la Diócesis de Houma-Thibodaux, Luisiana, por casi un año y fue arzobispo auxiliar de la Arquidiócesis de Washington -- además de acompañar a esa comunidad por casi tres décadas como sacerdote --, llenó a muchas personas de tristeza por su partida, además de gratitud por su vida y ministerio.

"Despidámonos de nuestro hermano y que nuestra despedida exprese nuestro afecto por él, alivie nuestra tristeza y fortalezca nuestra esperanza. … Escucha nuestras oraciones y abre las puertas del paraíso a tu servidor, el obispo Mario, y ayúdanos a los que quedamos a consolarnos unos a otros, con la seguridad de la fe hasta que todos nos reunamos en Cristo y estemos contigo y nuestro hermano para siempre", dijo el arzobispo Wilton Gregory de Washington ante su ataúd al presidir la recomendación final en la Misa de sepultura el 1 de febrero del 2024 en la co-catedral de San José en Thibodaux.

El obispo Dorsonville falleció sorpresivamente el 19 de enero por complicaciones de salud derivadas de una enfermedad hepática que fue diagnosticada a finales de 2023. Tenía 63 años.

Dorsonville nació, se educó y fue ordenado en 1985 en su natal Colombia. Vino a Estados Unidos a estudiar en la Universidad Católica de América y se graduó con un doctorado en 1997. Sirvió a los católicos en organismos internacionales, fue vicario parroquial en Nuestra Señora de Lourdes de Bethesda (1997 al 2004) y luego en San Marcos El Evangelista de Hyattsville (2004-2005). El entonces sacerdote, quien se incardinó en la arquidiócesis en 1999, fue director del Centro Católico Hispano (2005 al 2013) y vicepresidente de Caridades Católicas (2013-2015). Fue obispo auxiliar de la Arquidiócesis Católica Romana de Washington desde 2015 al 2023, presidió varios comités en USCCB y estaba sirviendo desde marzo del año pasado como el quinto obispo de la Diócesis de Houma-Thibodaux, Luisiana.

En los días después de su prematuro fallecimiento, fue recordado como un pastor y líder que instaba a imitar a Cristo, un ferviente defensor de la justicia social y de los inmigrantes, además de ser un campeón recaudando fondos a favor de los más pobres. También era conocido como una voz alentadora para la comunidad de fe en un clima nacional de división, inequidad social y adversidad hacia los inmigrantes hispanos como él.

El cardenal Donald Wuerl, arzobispo emérito de Washington, dijo durante la homilía de la Misa del funeral que el obispo Dorsonville era un pastor lleno de energía, ingenioso y amoroso, de risa espontánea, amable disposición, atento a las necesidades de los demás y con amor por su vocación.

El cardenal, quien trabajó de cerca con el obispo por varios años y compartió con él muchas conversaciones luego de su instalación en Houma-Thibodaux el 29 de marzo del 2023, dio fe de que Dorsonville abrazó su nueva misión en Luisiana con celo, entusiasmo e incansable energía. "Ustedes fueron una gran parte del motivo de su orgullo y deleite sirviendo a esta Iglesia de Luisiana", le dijo a su feligresía.

Considera que era visible el lazo de amor y servicio con su diócesis, así como la gracia de Dios actuando en su vida y ministerio.

"En el centro de su alegría, de su amor a la Iglesia, de su dedicación a los que estaban bajo su cuidado pastoral y de su compromiso con tantos que llegaron a quererle, estaba su fe permanente", dijo el cardenal, recalcando que eso mismo se reflejaba en las lecturas que el propio obispo escogió para su funeral.

"Siempre tuvo la convicción de que, al igual que sus manos se alzaban a menudo para consagrar, absolver, ungir y bendecir, él también debía doblar la rodilla a imitación de su Señor para responder a la necesidad de los demás", dijo el cardenal.

El padre Simon Peter Engurait, vicario general de la Diócesis de Houma-Thibodaux y administrador temporalmente hasta que el Papa Francisco asigne otro obispo dijo en la Misa del funeral que la pérdida del obispo Dorsonville le generó un shock y un sentimiento de incredulidad -- reacción generalizada entre quienes lloran su partida.

"Nada pone a prueba nuestra fe tan severamente como la muerte, pero Jesucristo nos consuela con su presencia", subrayó.

El Santo Padre envió su bendición, paz y consuelo a su diócesis y a todos los que lloran la muerte del obispo Dorsonville con la segura esperanza de la resurrección -- por medio de una carta firmada por el cardenal Pietro Parolin, secretario de estado del Vaticano.

El 2 de febrero, el cardenal Gregory fue el celebrante principal en una Misa en memoria del obispo Dorsonville en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes de Bethesda, Maryland. Esta concurrida Misa contó con la presencia del nuncio apostólico del Vaticano Christophe Pierre, los arzobispos Gregory y Wuerl y los obispos auxiliares Roy Campbell Jr., Evelio Ménjivar y Juan Espósito y muchos de sus hermanos sacerdotes.

"Nos embarga un gran sentimiento de tristeza, pero a la vez, nuestro corazón está lleno de agradecimiento por las muchas maneras cómo Dios mostró su amor, misericordia y cercanía a través de la vida y del ministerio fructífero de nuestro querido obispo y amigo Mario Dorsonville", dijo el obispo Menjívar, en su homilía.

Lo describió como un siervo bueno y fiel, que se sentía muy bien acogido en Estados Unidos y que ponía mucha energía en la tradicional procesión anual "Caminemos con María", que él mismo estableció. "Para él era una caminata de solidaridad con los inmigrantes y una oportunidad para evangelizar. Nos contagiaba con su entusiasmo", dijo.

El obispo Menjívar recordó estas palabras del obispo Dorsonville: "Tenía sed y encontré a alguien que me dio de beber… He visto tantos rostros sedientos que me recuerdan a mí mismo y en ellos veo a Jesús". Cree que tal vez eso era lo que generaba su preocupación y compromiso en cuidar a los que se han visto obligados a abandonar su patria en busca de una vida mejor y más segura.

El obispo fallecido abogaba incansablemente por los 'dreamers', inmigrantes que llegaron a Estados Unidos con sus familias a una edad temprana y que buscan oportunidades educativas y una vía hacia la ciudadanía. El obispo los veía como el futuro de la Iglesia y de la nación, dijo. Un refugiado, decía, es un hijo de Dios y de la Iglesia, es la sonrisa de Dios al mundo.

"No es de extrañar que fuera elegido por los obispos de la nación para ser su voz principal en materia de migración como presidente del Comité de Migración de la USCCB. ¡Y qué voz!", expresó monseñor Menjívar.

El obispo Dorsonville, dijo, no fue solo una vela encendida en la oscuridad sino una antorcha que iluminó nuestro camino a seguir.

Explicó que gran parte del ministerio del obispo fue de alcance a la comunidad, cabildeo o abogacía y cuidado pastoral a los pobres y recién llegados. El Centro Católico Hispano, que dirigió del 2005 al 2013, era como su hijo, dijo el homilista.

"Luchó por mantener activos estos servicios vitales para la comunidad. Amaba a los clientes y sobre todo amaba a los empleados de Caridades Católicas para quienes tenía un tremendo respeto, les consideraba su familia y siempre se mostraba agradecido", dijo.

Como obispo auxiliar, dirigió la Oficina de Alcance a la Comunidad y Diversidad Cultural. Lideró los esfuerzos para reconocer y celebrar los dones, la riqueza y la importancia de la diversidad de nuestra familia de fe en la Arquidiócesis de Washington. También promovió con entusiasmo la iniciativa que proporciona apoyo financiero a las familias hispanas para la educación de sus hijos en una escuela católica, dijo monseñor Menjívar, quien pidió apoyo a las mismas en tributo al obispo fallecido.

Lo recuerda con su rostro cálido y radiante, sonriendo con el amor de Jesús, como un gran oyente compasivo, amable, generoso y encantador que marcó la diferencia en la vida de la gente para mejor, dando a las personas la experiencia de ser reconocidas y sentirse queridas.

"Ahora tenemos en el cielo a un gran amigo que seguirá enriqueciendo nuestras vidas con sus oraciones ante Dios y buscando la intercesión de María… Apelemos a la compasión sin límites de Dios, autor de la vida, para que en su misericordia perdone los pecados que haya podido cometer por fragilidad humana y le conceda una amable acogida en la ciudad celestial de la luz y la paz eternas", finalizó el obispo Ménjivar.

Los líderes hispanos laicos de Washington dijeron que, con su partida, el obispo Dorsonville deja un vacío notable -- recordando cómo sus homilías alentaban al inmigrante a no darse por vencido en un camino cuesta arriba.

"El obispo Mario Dorsonville combinó su profunda intelectualidad con su compromiso de justicia social y el cuidado pastoral y espiritual de la feligresía. Fue un defensor compasivo de la comunidad inmigrante y apasionado por fortalecer el multiculturalismo en la Arquidiócesis de Washington. De muchas maneras, buscó incluir en vez de excluir", dijo Celia Rivas, coordinadora de los servicios de inmigración del Centro Católico Hispano de Gaithersburg, Maryland, quien trabajó de cerca con él durante dos décadas.

"Ha dejado una huella imborrable", dijo Enrique Soros, líder laico en la parroquia de Lourdes, a nombre del Movimiento de Schoenstatt de Washington. "Recorrió sus comunidades sin descanso, invitando, motivando, abriendo caminos, dando respuestas, ayudando. Se dedicó a los más necesitados, sin cesar. … Nunca caíste en la trampa de los extremos. Siempre fuiste pastor del Señor, fiel a la Iglesia. Hasta pronto, querido padre, hermano y pastor", agregó.

Los restos del obispo Dorsonville descansan en los predios de St. Joseph Co-Cathedral, 721 Canal Boulevard, Thibodaux, Luisiana.

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Andrea Acosta escribe para El Pregonero, el periódico en español de la Arquidiócesis de Washington.