WASHINGTON -- Si bien continuamos trabajando para cambiar las leyes con el fin de proteger a los niños por nacer y apoyar a las mujeres embarazadas necesitadas, "debemos redoblar nuestros esfuerzos para seguir construyendo, en palabras de San Juan Pablo II, 'una cultura de la vida y una civilización del amor'", afirmó el obispo James D. Conley, de Lincoln, Nebraska, el 22 de enero.
"Necesitamos seguir orando y trabajando para cambiar los corazones", dijo en su homilía durante la Misa de apertura de la Vigilia Nacional de Oración por la Vida, que se celebra anualmente los días 22 y 23 de enero, antes de la Marcha por la Vida, que este año tiene lugar el 23 de enero.
El 22 de enero también es celebrado por los católicos de Estados Unidos como el Día de Oración por la Protección Legal de los Niños en el Vientre Materno. La fecha conmemora las decisiones de la Corte Suprema de Estados Unidos del 22 de enero de 1973 en los casos Roe vs. Wade y Doe vs. Bolton, que legalizaron el aborto como un derecho consitutcional hasta que la decisión del caso Dobbs vs. Jackson Women's Health Organization revirtió esa decisión en 2022.
"Como se ha dicho a menudo, al final, la medida de una sociedad es la forma en que trata a sus miembros más débiles", afirmó el obispo Conley. "Solo Dios puede cambiar los corazones, pero sabemos que Dios escucha y responde a las oraciones de su pueblo".
El obispo tenía un mensaje especial para los cientos de jóvenes --desde la escuela primaria hasta la secundaria y la universidad-- de la congregación de unas 6.500 personas que llenaban hasta rebosar la iglesia superior de la Basílica del Santuario Nacional de la Inmaculada Concepción en Washington.
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Mis queridos jóvenes, ustedes son la generación provida", dijo. "He dicho a los jóvenes de mi diócesis, jóvenes de vuestra generación, que creo firmemente que, dentro de 50 años, cuando mi generación haya ido con Dios, sus nietos les preguntarán: "¿Es cierto que cuando tenías mi edad mataban a los niños en el útero?"".
"Nuestro objetivo no es solo ilegalizar el aborto. ¡Nuestro objetivo es hacer que el aborto sea impensable!", afirmó.
El obispo Conley, celebrante principal, agradeció al obispo Daniel E. Thomas, de Toledo, Ohio, presidente del Comité de Actividades Pro-Vida de la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos, por invitarlo a oficiar la Misa. Entre los concelebrantes se encontraban tres cardenales, 21 obispos y 133 sacerdotes. Según un vocero de la basílica, 33 diáconos y 260 seminaristas también participaron en la Misa.
Los tres cardenales eran el cardenal Robert E. McElroy, de Washington; el cardenal Christophe Pierre, nuncio apostólico en Estados Unidos, y el cardenal Seán P. O'Malley, arzobispo emérito de Boston, que estaba previsto que fuera el celebrante y homilista de la Misa de clausura de la vigilia a la mañana siguiente.
En sus palabras de bienvenida, el cardenal McElroy agradeció a los miles de peregrinos, "especialmente a los jóvenes", que viajaron "desde muy lejos" para venir a rezar y dar testimonio de la dignidad de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural.
El cardenal Pierre leyó un mensaje del Papa León XIV a los participantes en la Marcha por la Vida de este año. El Papa expresó su "sincero agradecimiento" a los participantes en la marcha y su profunda gratitud por su "elocuente testimonio público".
Citando su discurso del 9 de enero ante los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede, el Papa aseguró a los manifestantes "mi cercanía espiritual mientras se reúnen para dar este elocuente testimonio público para afirmar que 'la tutela del derecho a la vida constituye el fundamento imprescindible de cualquier otro derecho humano'".
En su homilía, el obispo Conley hizo referencia a ese discurso Papal a los diplomáticos, "confirmando la importancia del aborto como prioridad preeminente" y enfatizando que el derecho a la vida es "la condición para todos los demás derechos humanos".
"Los obispos de Estados Unidos también enseñan que el aborto es la cuestión preeminente de nuestros días por varias razones", dijo el obispo, incluyendo el hecho de que es "una destrucción directa e intencionada de la vida humana en su nivel más fundamental".
"El número de vidas perdidas por el aborto, más de un millón cada año, es catastrófico", añadió. "Imaginen si hubiera más de un millón de asesinatos cada año por violencia armada. ¿Lo toleraríamos?".
El obispo Conley dijo que los obispos también enseñan que existen otras "amenazas muy graves para la vida y la dignidad de la persona humana, como la eutanasia, la violencia armada, el terrorismo, la pena de muerte y la trata de personas".
"También está la redefinición del matrimonio y el género, las amenazas a la libertad religiosa en el país y en el extranjero, la falta de justicia para los pobres, el sufrimiento de los migrantes y refugiados, las guerras y hambrunas en todo el mundo, el racismo, la necesidad de un mayor acceso al cuidado de salud y la educación, el cuidado de nuestra casa común y más. Todos éstos amenazan la dignidad de la persona human", dijo, citando la nota introductoria del documento "Formando la conciencia para ser ciudadanos fieles: Llamado de los obispos católicos de los Estados Unidos a la responsabilidad política".
"Pero nuestros hermanos y hermanas en el útero son las víctimas más vulnerables y sin voz", enfatizó el obispo Conley. "En la mayoría de los demás casos de injusticia, los amenazados pueden hablar por sí mismos y tienen al menos algunos poderes para defenderse, alguna forma de defensa".
Elogió el hecho de que la Corte Suprema, en su decisión Dobbs de 2022, revocara Roe y devolviera la cuestión del aborto a los legisladores.
Elogió a los votantes de su propio estado, Nebraska, por aprobar una iniciativa electoral el 5 de noviembre de 2024 para enmendar la constitución estatal con el fin de prohibir los abortos electivos en el segundo y tercer trimestre.
Sin embargo, lamentó el hecho de que "todavía se practiquen más de un millón de abortos cada año en nuestro país, en su mayoría mediante métodos químicos y no quirúrgicos".
El obispo Conley dijo que "pase lo que pase en el ámbito político, nosotros, como católicos, debemos estar siempre aquí para servir con amor a las mujeres y ayudarlas a acoger una nueva vida", y una forma en que la Iglesia lo hace es a través de la iniciativa Walking with Moms in Need (Caminando con mamás necesitadas), mediante la cual las parroquias católicas participantes de todo el país ofrecen servicios, apoyo "y acompañamiento a las madres embarazadas y con hijos vulnerables".
La Iglesia tampoco "abandona a quienes han optado por el aborto", afirmó. "Como pastores, somos testigos de primera mano de las heridas que sufren las mujeres y los hombres tras poner fin a la vida de su hijo", señaló, y mencionó el Proyecto Raquel y su labor de ayuda tras el aborto.
El obispo Conley dijo que ha estado asistiendo a "esta Misa de Vigilia y a la Marcha por la Vida, de forma intermitente, desde mis tiempos en el seminario, que estaba justo al lado, en el Seminario Mount St. Mary's en Emmitsburg, Maryland".
"Cada año es como una inyección de ánimo estar con tantos de ustedes", continuó, "particularmente con ustedes, jóvenes, que comparten la pasión y la alegría por el don de la vida y que desean construir una 'cultura de la vida y una civilización del amor', donde los bebés sean protegidos en el vientre de sus madres, y las mujeres sean amadas y cuidadas cuando se enfrentan a decisiones muy difíciles que cambian sus vidas".
La Misa de clausura celebrada en la basílica el 23 de enero sirvió como despedida para quienes se dirigían al otro lado de la ciudad para participar en la Marcha por la Vida. En su homilía, el cardenal O'Malley, celebrante principal, calificó de "una alegría y un privilegio reunirnos en este nuevo día para dar gracias por la vida y marchar por la vida".
"Esta es una peregrinación por la vida y comienza con la oración aquí, en el santuario de María", dijo el cardenal, quien, con la excepción de las limitaciones impuestas por la COVID en 2021, ha asistido a todas las Marchas por la Vida desde la primera, en 1974.
"Estamos aquí hoy para proclamar que la vida es un regalo. Es un regalo precioso de un Dios amoroso", continuó.
"Juntos podemos proteger y cultivar ese regalo de la vida; debemos buscar oportunidades para ser apóstoles de la vida, construyendo una civilización del amor y una ética del cuidado".
Afirmó que "si aspiramos a eliminar el aborto en nuestro mundo, debemos comprometernos a ayudar a las madres, especialmente a aquellas con un embarazo difícil y circunstancias desafiantes", con programas como la iniciativa Walking with Moms in Need (Caminando con mamás necesitadas) y el Proyecto Raquel, haciéndose eco de las palabras del obispo Conley en su homilía de la Misa inaugural la noche anterior.
Jesucristo vino al mundo "como un bebé para que pudiéramos tener vida y tenerla en abundancia", dijo el cardenal O'Malley. "La vida abundante es la vida sostenida por la gracia. El antídoto contra el aborto es el amor, el amor que se manifiesta en la comunidad, la compasión y la solidaridad", añadió.
"La vida es un regalo. Cada persona es un regalo. Cada persona cuenta. Todas son importantes. Su misión es trabajar para que ningún niño se quede atrás, para que cada bebé sea acogido, amado, cuidado, educado y protegido. Den gracias a Dios por el regalo de la vida, den gracias a Dios por el amor, den gracias a Dios por ustedes".
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Julie Asher es editora sénior de OSV News.
