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Las personas afectadas por las medidas de control migratorio necesitan la oportunidad de ser escuchadas, afirma una religiosa detenida por ICE

Hay que dar a las personas afectadas por los operativos de control migratorio "una oportunidad real de ser" escuchadas, declaró una religiosa que fue detenida durante varias horas el 28 de junio por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE.UU. (ICE), en el marco de un intento de deportación a un tercer país.

El 23 de julio, la hermana Leticia Ugboaja (conocida como hermana Letty) leyó una declaración preparada durante una conferencia de prensa organizada por la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores en McAllen, Texas, situada en la frontera entre Estados Unidos y México.

Casi un mes antes de este encuentro con los medios, la hermana Leticia se dirigía a pie a la Misa dominical en dicha iglesia, vestida con su hábito religioso, cuando agentes del ICE la abordaron y detuvieron. Fue puesta en libertad tras varias horas, gracias a la intervención de varios representantes del Congreso de EE.UU.

El abogado de la hermana, Carlos Moctezuma García, y la hermana Norma Pimentel, miembro de las Misioneras de Jesús y directora ejecutiva de Catholic Charities del Valle del Río Grande en la Diócesis de Brownsville, Texas, acompañaron a la hermana Leticia en la conferencia de prensa. La diócesis publicó la grabación completa de la conferencia de prensa en su canal de YouTube.

En la conferencia de prensa, la hermana Leticia --miembro de las Hijas de María Madre de la Misericordia, una congregación fundada en Nigeria, y enfermera titulada que ha trabajado en el sector sanitario local durante más de una década-- relató su experiencia en inglés, mientras la hermana Norma traducía sus palabras al español.

A continuación, García explicó la situación migratoria de su cliente, señalando que en 2019 un juez denegó la solicitud de asilo de la hermana Leticia.

Sin embargo, "en esa misma decisión", afirmó, el juez "le concedió protección contra la expulsión a Nigeria" en virtud de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura, "al determinar que ella había cumplido con el riguroso criterio jurídico necesario para demostrar que era más probable que sufriera torturas si fuera devuelta a dicho país".

En los últimos años, Nigeria ha sido testigo de una violencia constante perpetrada por extremistas islámicos tanto contra cristianos como contra musulmanes. Se documentaron secuestros de religiosas católicas en 2017 y 2018, antes de que se denegara el asilo a la
hermana Leticia.

Aunque la protección contra la expulsión dictada por el juez "impide legalmente" que Estados Unidos la deporte a Nigeria, explicó el abogado, sor Leticia "permanece técnicamente bajo una orden final de expulsión".

Sin embargo, García aclaró que "ha cumplido con todo lo que la ley le ha exigido" y que posee "un documento de autorización de empleo válido" mientras asiste a todas las citas requeridas con los funcionarios de inmigración.

Afirmó que su detención del 28 de junio formaba parte de un intento de deportar a la hermana Leticia "no a Nigeria, sino a un tercer país", una medida que constituye "una vía legal distinta a la que impide la protección que ella posee", y que es objeto de litigios en tribunales federales de todo el país.

García señaló que su cliente tiene una cita con las autoridades de inmigración el 28 de julio y expresó su esperanza de que no se le coloque un monitor de tobillo a la hermana Leticia como parte de dicho proceso.

La hermana Leticia recordó que, mientras caminaba hacia la iglesia, meditaba sobre las lecturas de la Misa y se preparaba para servir como ministra extraordinaria de la Sagrada Comunión cuando unos agentes la interceptaron.

"Sinceramente, en ese momento no entendía lo qué me estaba pasando", dijo. "Sentía mucho miedo, sudor frío. Solo podía oír mi corazón, latiendo aceleradamente".

Su larga trayectoria de vida y servicio en la zona de McAllen acentuaba su desorientación.

"Llevo en esta comunidad... más de una década", dijo. "He cuidado a los enfermos como enfermera en varios hospitales. No esperaba (ser interceptada por agentes de inmigración) en una mañana de domingo cualquiera --cuando la gente debería estar preparándose para ir a Misa, para adorar al Señor--, aquí en la calle, justo frente a la escuela. Una calle por la cual he caminado por aquí, he pasado por esta misma vía innumerables veces".

Su voz se llenó de emoción al describir cómo se le negó la oportunidad de asistir a Misa.

"Como todos sabemos, la Misa dominical es obligatoria", dijo. "Y debemos asistir a Misa todos los días, si es posible... Y para mí, no ir a Misa el domingo, no recibir la comunión, fue algo muy, muy doloroso".

La hermana Leticia incluso le había pedido a los agentes de inmigración que le permitieran asistir primero a la liturgia o recibir la sagrada comunión de un ministro de la eucaristía, explicó la hermana Norma al traducir la declaración de la hermana Leticia.

Pero "incluso cuando les pregunté: ‘¿Puedo ir a Misa? ¿Puedo simplemente asistir a Misa? ¿Puedo recibir la comunión?’ la respuesta fue ‘no’", dijo la hermana Leticia.

También describió sentirse vulnerable --siendo "solo una mujer pequeña, una monja" con "mi rosario, mi llave y mi teléfono"-- rodeada de dos hombres que estaban "armados"

La experiencia "todavía me duele", afirmó.

Tras comentar que había "orado mucho" desde su detención, la hermana Leticia subrayó que su caso no era poco común.

"No soy la única", dijo. "Hay muchas otras personas en situaciones como la mía. Personas que han recibido alguna forma de protección bajo nuestras leyes, que han cumplido con todas las normas que se les exigen. Y que aún así viven en la incertidumbre sobre a dónde podrían ser enviadas. Y si alguien les avisará antes de que eso suceda".

La hermana Leticia recalcó que su fe le "enseña a no guardar silencio", ya que ni el silencio ni el miedo "resolverán ningún problema".

"Hablo desde la paz y la honestidad de mi corazón", dijo. "Lo que pido es algo sencillo. Antes de que alguien --sea quien sea-- sea detenido o sea apartado de su hogar, de su parroquia o de su familia, se le debe informar el motivo y darle una oportunidad real de ser escuchado".

La hermana Leticia añadió: "Creo que toda persona que se encuentre en una situación como la mía merece ser escuchada, merece que se le preste atención y se le dé una oportunidad; merece tener otra ocasión para expresar lo que tiene que decir".

Gina Christian
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Gina Christian