El Papa León XIV saluda a la multitud desde el balcón central de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, mientras dirige por primera vez el rezo del Regina Caeli al mediodía, el 11 de mayo de 2025. (Foto CNS/Vatican Media)
La esperada primera encíclica del Papa León XIV sobre inteligencia artificial ya fue publicada y propone una guía clara frente a uno de los mayores desafíos de nuestra época. Sin embargo, las 42.000 palabras de “Magnifica Humanitas” también marcan el inicio formal de la visión del pontífice sobre cómo aplicar hoy la doctrina social de la Iglesia.
El texto responde a las “nuevas realidades” del mundo moderno, siguiendo el camino iniciado por León XIII cuando abordó los cambios tecnológicos, industriales y económicos de finales del siglo XIX, dando origen a la doctrina social católica contemporánea. Pero “Magnifica Humanitas” también deja entrever quién es León XIV, cómo ejerce su pontificado y qué impronta quiere dar al ministerio de Pedro. Entre líneas, la encíclica funciona además como una síntesis de lo que se ha visto hasta ahora de su liderazgo y ofrece pistas sobre el rumbo que podría tomar su pontificado.
Hay una palabra que el Papa repite con frecuencia —incluso desde su primer saludo tras ser elegido— y que parece ser clave para entender el documento: “desarmar”. En la encíclica, León XIV afirma que es una expresión “muy cercana a su corazón” (n. 110). Tal vez más de lo que parece a simple vista.
Un momento decisivo
El Papa León XIV inicia su encíclica con una advertencia contundente: el mundo actual corre el riesgo de seguir el camino de los constructores de la Torre de Babel, quienes, según relata el capítulo 11 del Génesis, buscaron su propia gloria en lugar de la de Dios, con consecuencias desastrosas.
Como contraste a ese relato, el Papa presenta el ejemplo de Nehemías y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, narrada en los primeros capítulos del libro bíblico que lleva su nombre. Mientras Babel representó un proyecto centrado en el ser humano y no en Dios, la visión de Nehemías hizo posible el progreso mediante la colaboración con Dios y con los demás, uniendo a la sociedad y sus distintos talentos en torno a un bien común. En muchos sentidos, “Magnifica Humanitas” refleja el deseo de León XIV de llevar esa visión al mundo contemporáneo.
Según propone el Papa, esto solo es posible cuando “desarmamos” nuestras propias prioridades, planes y proyectos para poner a Jesucristo en el centro, y no a nosotros mismos. El mensaje está en plena sintonía con el fuerte cristocentrismo que ha marcado las palabras y gestos de León XIV desde el inicio de su pontificado.
“Cada vez que la humanidad corre el riesgo de deformar su verdadera identidad, los cristianos elevamos la mirada hacia el Dios encarnado, sabiendo que ‘solo en el misterio del Verbo hecho carne se esclarece verdaderamente el misterio del hombre’”, escribe el Papa, citando la constitución Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. “En Jesucristo, esta humanidad alcanza toda su grandeza y se convierte en Camino, Verdad y Vida, abriendo para cada uno de nosotros el camino hacia la plenitud” (n. 1).
Retomando a su querido san Agustín, León XIV busca ayudar a la humanidad a redescubrir ese deseo profundo de felicidad que solo puede ser colmado en Dios. “Como san Agustín, también nosotros podemos decir: ‘Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti’” (n. 11).
Un llamado a abrazar la visión de la Iglesia
En un mundo cada vez más polarizado e ideologizado, incapaz de encontrar un lenguaje, un propósito o una visión común —y marcado por la pérdida de verdades objetivas y el relativismo moral—, el Papa León XIV presenta la doctrina social de la Iglesia como una herramienta necesaria para desactivar las divisiones, tensiones y amenazas actuales.
El Papa sostiene que esta etapa de rápidos cambios tecnológicos, económicos y políticos exige volver a mirar esta tradición con profundidad y valentía. De hecho, explicó al Colegio de Cardenales que eligió el nombre León principalmente por León XIII, quien abordó la cuestión social durante la primera gran revolución industrial en su histórica encíclica Rerum Novarum de 1891.
“En nuestros días, la Iglesia ofrece a todos el tesoro de su doctrina social en respuesta a otra revolución industrial y a los avances de la inteligencia artificial, que plantean nuevos desafíos para la defensa de la dignidad humana, la justicia y el trabajo”, afirmó León XIV ante los cardenales.
“Magnifica Humanitas” representa la contribución magisterial de León XIV a esa tradición, incluso firmada en el 135° aniversario de Rerum Novarum. La encíclica es una invitación a dejar de lado el interés propio, mirar el panorama completo y trabajar juntos para afrontar los desafíos comunes y orientar el futuro.
Con una mirada pastoral muy marcada, el Papa insiste en que la Iglesia posee verdades fundamentales para responder a las grandes cuestiones sociales de nuestro tiempo. Afirma que “construir el bien común requiere un lenguaje evangélico” y que debemos “custodiar amorosamente la grandeza de la humanidad que nos ha sido dada y revelada plenamente en Cristo, un esplendor que ninguna máquina podrá reemplazar jamás” (nn. 14-15).
Un llamado a la unidad
Para que la humanidad pueda avanzar hacia la paz que Dios quiere, el Papa León XIV subraya la importancia de trabajar juntos por el bien común. La fraternidad, la comunión y la unidad humanas —explica— nacen del hecho de que todos hemos sido creados a imagen de Dios. Quienes siguen de cerca su agenda pública destacan lo accesible que se muestra el Papa y la atención con la que escucha a quienes se acercan a él. León XIV impulsa además la sinodalidad como camino de diálogo y corresponsabilidad dentro de la Iglesia, y defiende la diplomacia y el multilateralismo.
Su lema episcopal, In Illo uno unum (“En el Uno, somos uno”), tomado de un comentario de san Agustín sobre los salmos, refleja precisamente esa idea de unidad en Jesucristo. El Papa insiste en que ese llamado a la unidad —inscrito en el corazón humano por haber sido creados a imagen del Dios Trinidad— debe orientar también las respuestas a los desafíos sociales de hoy.
Al referirse a la Jerusalén celestial descrita por san Juan en el Apocalipsis, León XIV afirma que esa visión “nos anima a superar nuestras divisiones y a trabajar juntos, porque ese es el camino de Jesucristo, ayer, hoy y siempre” (n. 242). En definitiva, enseña que seguir a Cristo implica desarmar todo aquello que compite con el proyecto de Dios para la humanidad.
El Papa reconoce además que la Iglesia no está exenta de las divisiones, polarizaciones e ideologías que afectan al mundo actual. Y aunque esas tensiones crecieron durante el pontificado de Francisco —e incluso, en algunos casos, se profundizaron—, León XIV ha transmitido desde el primer día una presencia serena y conciliadora. Su decisión de usar la tradicional muceta roja al aparecer en el balcón de la Basílica de San Pedro tras su elección fue interpretada como un gesto simbólico de continuidad y reconciliación.
En “Magnifica Humanitas”, León XIV dedica amplio espacio a las contribuciones de sus predecesores a la doctrina social de la Iglesia, comenzando por León XIII. Robert Prevost —el hombre nacido en Chicago y misionero en Perú— parece haber quedado en segundo plano para dar paso plenamente al Papa León XIV. Al repasar extensamente las enseñanzas sociales de los papas recientes, el pontífice se inserta claramente dentro de esa tradición.
Además, al citar generosamente al Papa Francisco, León XIV busca integrar y consolidar el legado de su antecesor dentro de la continuidad del magisterio de la Iglesia. Con un estilo sobrio y desarmante, que pone en el centro al ministerio petrino y a Cristo mismo, León XIV parece conducir a la Iglesia hacia una nueva etapa de unidad, ayudándola a recuperar su voz en un mundo cada vez más dividido.
¿Un cambio de prioridades?
Como ocurre con cualquier documento de este tipo, “Magnifica Humanitas” también tiene sus límites. Al abordar temas actuales y sensibles, es inevitable que genere críticas, especialmente entre quienes miran todo desde posturas ideológicas.
Sin embargo, en lugar de caer en esas divisiones, el texto sugiere que sería más sensato escuchar atentamente lo que el Papa León XIV intenta decirle hoy a la humanidad. Por lo que se ha visto y oído hasta ahora de su pontificado, parece querer evitar que dentro de la Iglesia se sigan levantando nuevas “torres de Babel” y, en cambio, ofrecer un lenguaje y una guía común para reconstruir un mundo fracturado y al borde del colapso.
La experiencia de León XIV como sacerdote y obispo lo puso durante años en contacto con los pobres del mundo, cuya fe marcó profundamente su propia vida espiritual. La realidad cotidiana de esas comunidades hacía que las discusiones internas de la Iglesia pasaran a un segundo plano. En el fondo, el Papa parece estar invitando a los cristianos a vivir verdaderamente el Evangelio, en lugar de reducir la fe a debates interminables o relativizar la santidad.
Tal vez ese sea, precisamente, el llamado más profundo de “Magnifica Humanitas”: que quienes forman parte de la Iglesia dejen de lado sus obsesiones, intereses y posturas personales para ponerse al servicio de la vida del mundo.