El Papa León XIV posa para una fotografía con los líderes de los "organismos continentales" que representan a América Latina, África, Asia, Europa, Oceanía, Oriente Medio y América del Norte, junto con los coordinadores de los equipos sinodales continentales, durante una reunión privada en el Vaticano el 25 de junio de 2026. (Foto CNS/Vatican Media)
Las dudas y la resistencia ante el camino sinodal de la Iglesia pueden abordarse con explicaciones más claras, una mejor capacitación y una experiencia más práctica de lo que es la sinodalidad, afirmaron los obispos que representan a América del Norte.
"Una conclusión muy clara es la necesidad de una mayor formación en sinodalidad, incluyendo su significado, sus métodos y su espiritualidad", dijo el arzobispo Paul S. Coakley, de Oklahoma City y presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB, por sus siglas en inglés).
"La sinodalidad suele ser presentada y percibida por muchos como un proceso engorroso y complicado, con un lenguaje y una terminología que resultan desconocidos para la mayoría de los católicos. A menos que podamos simplificar la forma en que se presenta la sinodalidad, se corre el riesgo de que se convierta en un dominio exclusivo de especialistas o de 'los iniciados' (aquellos quienes ya están familiarizados con el proceso), en lugar de ser simplemente una forma de vivir juntos nuestra fe", declaró al Catholic News Service (CNS).
El arzobispo Coakley fue uno de los líderes de los llamados "organismos continentales" que se reunieron en el Vaticano a fines de junio como parte de su labor durante la etapa continental del Sínodo mundial sobre la sinodalidad, que fue iniciado por las iglesias locales en 2021.
Representantes de América Latina, África, Asia, Europa, Oceanía, el Medio Oriente y América del Norte, junto con los coordinadores de los equipos sinodales continentales, se reunieron en privado con el Papa León XIV y miembros de la Secretaría General del Sínodo del 23 al 25 de junio en el Vaticano. Parte de la reunión consistió en informar sobre los principales avances en la implementación, en los diferentes continentes, del documento final que se publicó en octubre de 2024.
El equipo que representó a América del Norte estuvo integrado por: el arzobispo Coakley; el obispo auxiliar Juan Miguel Betancourt, de Hartford, Connecticut, quien funge como enlace de la USCCB para el sínodo; el obispo Pierre Goudreault, de Sainte-Anne-de-la-Pocatière, en Quebec, Canadá, quien es presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá; y Julia McStravog, asesora principal del equipo de responsables del sínodo de EE.UU. y coordinadora de los equipos diocesanos del sínodo.
Al responder (por escrito) a las preguntas de CNS tras su reunión, los tres obispos compartieron los avances que han observado y los desafíos que aún persisten en la implementación del documento final del Sínodo sobre la Sinodalidad en América del Norte.
Los líderes del sínodo de EE.UU. se reúnen mensualmente y comparten lo que aprenden con todos los líderes y equipos de todo el país, escribió el obispo Betancourt. Estas reuniones virtuales "han fortalecido las relaciones entre las diócesis de Estados Unidos" y han proporcionado importantes "consultas, retroalimentación, síntesis y el establecimiento de prioridades".
En muchos lugares de Estados Unidos se ha implementado con éxito la sinodalidad "de una manera más intencional, utilizando el método de las conversaciones en el espíritu" y promoviendo la participación de los laicos, los religiosos y el clero "para discernir lo bueno y los desafíos que se presentan en las diócesis particulares de sus provincias", agregó.
"Este proceso ha sido útil para orientar la planificación pastoral, el discernimiento en la consolidación de parroquias, la evaluación de los horarios de misa y la carga de trabajo del sacerdote, así como para una asignación más eficaz de recursos", declaró el obispo a CNS.
El arzobispo Coakley señaló que la Iglesia en Estados Unidos está "muy acostumbrada a acoger y fomentar la participación de los laicos, tanto hombres como mujeres, en todos los niveles de la vida eclesial. Contamos con órganos consultivos bien establecidos, tales como los consejos pastorales parroquiales y diocesanos, los consejos presbiterales, los consejos financieros, los consejos asesores escolares y demás".
"Me parece que debemos seguir profundizando en nuestra práctica del discernimiento dentro de esos organismos, así como desarrollar y profundizar una espiritualidad adecuada, basada en el discernimiento y arraigada en la oración", escribió el arzobispo.
La Iglesia en Estados Unidos también está "bendecida con una notable diversidad cultural", añadió el obispo Betancourt.
Contar con "hermanos y hermanas de innumerables naciones ofrece la oportunidad de seguir participando en el diálogo multicultural, ampliar la participación, practicar la corresponsabilidad y, sobre todo, fortalecer la labor misionera", escribió.
Sin embargo, señaló el obispo Betancourt, se han enfrentado a dos grandes desafíos: "el lenguaje en torno a la sinodalidad --incluido el término mismo-- y, en segundo lugar, la resistencia a participar en el proceso".
"Aumentar la participación de los fieles laicos en toda la Iglesia universal, especialmente entre los marginados o los alejados, es esencial para hacer que la labor de la Iglesia sea más sinodal, ya que todos los bautizados comparten la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia, la cual se fundamenta en su dignidad común", escribió. "Este enfoque ayuda a superar el clericalismo, a desmantelar estructuras autorreferenciales y a garantizar que el discernimiento de la Iglesia refleje los diversos dones espirituales de todo el Pueblo de Dios".
"La sinodalidad no supone alejarse de la tradición católica, sino un retorno más profundo a ella", escribió el obispo Betancourt. "Se trata de discernir la voluntad de Dios, no de preferencias o agendas personales; el objetivo último de la sinodalidad es una evangelización más sólida, hallando formas más eficaces de llevar a Jesús al mundo moderno y de atraer de nuevo a su Sagrado Corazón a las almas alejadas o heridas".
El obispo Goudreault comentó a CNS que a la Iglesia en Canadá también le resulta "difícil involucrar a quienes se muestran más reticentes a sumarse al proceso".
Están desarrollando un recurso en línea para los católicos y lanzaron una red esta primavera para facilitar "el aprendizaje, la acogida y la conversión a la sinodalidad. Esto requerirá tiempo y paciencia", escribió.
"Los 'puntos de entrada' concretos presentados en la página 20 del documento 'Pathways' nos han sido de gran ayuda, ya que algunas comunidades aún no sabían por dónde empezar", escribió. "Aprendemos la sinodalidad viviéndola, más que hablando de ella".
En su propia diócesis, el obispo Goudreault creó un equipo sinodal dirigido por una mujer y un sacerdote como "signo a favor del liderazgo sinodal", y organizaron asambleas sinodales diocesanas para ayudarle, "como obispo, a clarificar las orientaciones pastorales sobre una cuestión específica".
"Otra iniciativa relacionada con el nombramiento de sacerdotes para las parroquias", escribió, consistió en invitar a los sacerdotes a participar en un discernimiento comunitario guiado por la conversación en el Espíritu Santo.
"La primera reunión se centró en las necesidades de la diócesis; la segunda, en los carismas de los sacerdotes; y la tercera, en identificar qué sacerdotes serían los más adecuados para servir en esas comunidades", escribió. "Al final, los sacerdotes estaban abiertos a recibir sus nombramientos porque habían participado en un proceso sinodal".
Asimismo, "tras ocho años de servicio como obispo, pedí al equipo diocesano que me evaluara", declaró el obispo canadiense a CNS, porque "la sinodalidad exige rendición de cuentas".
"Este proceso de evaluación fue para mí una auténtica oportunidad de crecimiento, que me permitió celebrar lo que funciona bien y tomar conciencia de los aspectos susceptibles de mejora", añadió.
El arzobispo Coakley afirmó que el Papa León "claramente quiere construir sobre la visión sinodal esbozada y presentada por el Papa Francisco", a su manera particular.
El obispo Betancourt señaló: "Creo que el enfoque del Papa León sobre la sinodalidad tiene que ver con la comunión: que todos los miembros de la Iglesia se sientan unidos entre sí como familia de Dios".
"Al reconocer y valorar la responsabilidad de cada uno, de acuerdo con su vocación específica, para construir la Iglesia de manera misionera, el Papa León considera que la formación en todos los niveles es esencial para abordar los temores y la resistencia a la sinodalidad", agregó.
El Papa "ha dejado claro en repetidas ocasiones que la sinodalidad no consiste en cambiar la doctrina ni en socavar la comunión jerárquica de la Iglesia", escribió el obispo. Más bien, "sirve como fundamento para la evangelización, un proceso compartido de escucha, discernimiento y construcción de relaciones, haciendo que la Iglesia en el mundo moderno resulte atractiva como faro de la verdad y la salvación en Cristo".
"Depende de los bautizados y de su pastor en cada Iglesia local ser creativos y dar pasos audaces para poner en práctica la sinodalidad", escribió el obispo Goudreault.
"Es un llamado a discernir caminos para la misión hoy", escribió, invitando a quienes se muestran indecisos "a confiar y escuchar al Espíritu Santo para que, junto con otros, podamos discernir lo que Él nos llama a hacer al proclamar el Evangelio en el mundo de hoy".
Los líderes de los organismos continentales seguirán acompañando el proceso sinodal en sus respectivos países durante esta fase de implementación, a la luz de la publicación de "Hacia las Asambleas 2027-2028: Etapas, criterios e instrumentos para la preparación".
Ese texto describe las próximas cuatro etapas: las asambleas diocesanas y eparquiales de evaluación revisarán la implementación del documento final en el primer semestre de 2027; las asambleas nacionales y regionales de las conferencias episcopales interpretarán esas evaluaciones durante el segundo semestre de 2027; las asambleas continentales elaborarán informes y orientaciones con visión de futuro a principios de 2028; y una asamblea eclesial de toda la Iglesia se reunirá con el Papa en el Vaticano en octubre de 2028.