El papa León XIV alimenta a los peces en un estanque de los Jardines Pontificios de Castel Gandolfo, Italia, el 5 de septiembre de 2025. (Foto CNS/Lola Gomez)
La palabra “vacaciones” proviene del latín vacatio, que significa “estar libre”. En latín, los días de descanso se llamaban vacui dies, y desde hace varios siglos las personas han elegido el verano como un momento para tomarse un período de descanso.
Los Papas no son la excepción a esta tradición. Cada uno ha dejado su propia huella en la manera de disfrutar del descanso estival.
Castel Gandolfo ha ocupado un lugar central en los calendarios papales desde el siglo XVII. El papa Clemente VIII fue el primer pontífice en disfrutar de los encantos de esta localidad situada a orillas del lago Albano, en las afueras de Roma. Sin embargo, los Papas no fueron los primeros en descubrirla: la residencia se encuentra en el lugar donde estuvo el antiguo Albanum Domitiani, una residencia de campo del emperador Domiciano (81-96 d. C.), que también fue utilizada por Adriano y Marco Aurelio.
La propiedad pasó a manos del papado “debido a una deuda impaga” y fue transformada por Carlo Maderno y Gian Lorenzo Bernini hasta convertirse en el complejo que conocemos hoy: el lugar donde los pontífices han encontrado tranquilidad durante los sofocantes veranos romanos. El papa Pío XII y el papa san Pablo VI fallecieron en ese palacio.
Para san Juan Pablo II, Castel Gandolfo era mucho más que un lugar de vacaciones. El papa polaco solía llamarlo “el Vaticano número 2” y lo veía como un lugar de descanso y renovación espiritual, donde solía pasar unos dos meses al año.
“Las vacaciones ofrecen la oportunidad de encontrarse con los demás, de compartir tiempo sin esperar nada a cambio, simplemente por el gusto de la amistad y de vivir juntos momentos de paz”, dijo Juan Pablo II en 1997. Al mismo tiempo, recordó que disfrutar de ese descanso no debía hacer olvidar a quienes, por su edad, salud, trabajo, situación económica u otras circunstancias, no podían alejarse de su entorno habitual.
Durante su pontificado, Benedicto XVI también conservó un vínculo especial con Castel Gandolfo. De hecho, eligió la residencia como lugar de retiro tras su renuncia, efectiva el 28 de febrero de 2013. Allí pasó sus primeros meses como papa emérito, descansando y preparándose para una nueva etapa dedicada principalmente a la oración. En los jardines de la residencia tuvo lugar además el histórico primer encuentro entre dos papas vivos: Benedicto XVI y el papa Francisco.
El pontífice argentino, en cambio, no tenía el mismo entusiasmo por las vacaciones que sus predecesores. Decidió no utilizar Castel Gandolfo y convirtió la residencia papal en un museo abierto al público. Durante sus 13 años como pontífice, solo visitó los jardines una vez y lo hizo en privado. Para Francisco, tomarse vacaciones podía interrumpir su ritmo de trabajo. Por eso prefirió permanecer todo el año en su residencia del Vaticano, la Casa Santa Marta.
La tradición cambió con la llegada del papa León XIV al pontificado. En sus primeros meses como Papa, no tardó en recuperar la costumbre de sus predecesores, aunque con algunos cambios. Como el Palacio Apostólico había sido convertido en museo y ya no podía alojarse allí, decidió utilizar la Villa Barberini, donde en el pasado residió el secretario de Estado del Vaticano.
Además, León XIV incorporó Castel Gandolfo a su rutina semanal, incluso fuera de los meses de verano. Todos los lunes, al terminar su jornada de trabajo, se dirige a la Villa Barberini, donde pasa la noche. El martes permanece allí durante buena parte del día y regresa al Vaticano por la tarde.
El papa León XIV saluda a los fieles después del rezo del Ángelus en la Piazza della Libertà, en Castel Gandolfo, Italia, el 12 de julio. (OSV News/Guglielmo Mangiapane, Reuters)
Según el papa León XIV, sus días en la residencia papal transcurren entre el tenis, la natación, la oración y la lectura, actividades que considera fundamentales en su vida.
Pero en su segundo verano como pontífice, León XIV fue aún más lejos y pasó más tiempo en Castel Gandolfo. Decidió regresar al palacio papal que Francisco había cerrado y permaneció allí durante tres semanas en julio, con una agenda más tranquila y menos compromisos. Entre las pocas actividades programadas estuvo un almuerzo con 200 personas sin hogar de Roma.
El 12 de julio, León XIV hizo una de sus poco frecuentes apariciones de verano para presidir el rezo semanal del Ángelus junto a peregrinos y visitantes, desde la entrada del Palacio Apostólico de Castel Gandolfo. Allí invitó a los católicos a aprovechar también las vacaciones para «escuchar, leer y meditar la Palabra de Dios» y, junto con el descanso y el sano esparcimiento, dedicar momentos importantes al silencio y la oración.
“Regresaremos a nuestras actividades habituales renovados en cuerpo y espíritu, dispuestos a anunciar la Buena Nueva del Evangelio y con una capacidad cada vez mayor para colaborar en el crecimiento del Reino de Dios”, afirmó el Papa.
León XIV puso fin oficialmente a sus vacaciones de verano el 27 de julio, cuando regresó al Vaticano para retomar su agenda habitual durante agosto, que, por supuesto, todavía incluye sus martes en Castel Gandolfo.