El papa León XIV saluda a los jóvenes durante una vigilia de oración en el Stade de France, en Saint-Denis, Francia, el 25 de septiembre. (OSV News/Simone Risoluti, Vatican Media)
El escepticismo se hacía sentir, pero no era algo nuevo.
Ya en 1997, cuando san Juan Pablo II celebró la Jornada Mundial de la Juventud en París, había quienes dudaban de que pudiera reunir las multitudes que acostumbraba convocar en otras partes del mundo. Francia avanzaba rápidamente hacia la secularización y su sociedad parecía cada vez más cerrada a los mensajes de fe.
Sin embargo, 1,2 millones de jóvenes de todo el mundo llenaron los Campos Elíseos, en una muestra de la vitalidad y la fuerza del catolicismo que ocupó titulares en toda Europa.
El viaje del papa León XIV a Francia, del 25 al 28 de septiembre, enfrentaba un desafío similar: estar a la altura del entusiasmo que había despertado su vecino del sur, España, durante su exitosa visita de junio. (Después de todo, España también ha seguido de manera notoria el camino hacia la secularización que Francia ya había emprendido).
Cuando llegué a París, la víspera del inicio del viaje, la escena me recordó a la visita del Papa a Estambul: nada en la ciudad hacía pensar que estaba a punto de celebrarse un acontecimiento de gran importancia. En Turquía, esto era comprensible, ya que los católicos representan apenas el 0,07% de la población.
Personas se reúnen cerca del Arco de Triunfo de París para participar de una Misa al aire libre presidida por el papa León XIV en la Plaza de la Concordia, el 26 de septiembre. (OSV News/Benoit Tessier, Reuters)
En Francia, donde todavía el 29% de la población se identifica como católica, no esperaba encontrar calles adornadas con pancartas de bienvenida o banderas del Vaticano, como había ocurrido en España o incluso en el Líbano en diciembre pasado. La mañana de la llegada del Papa, la vida en París transcurría con total normalidad. Las actividades seguían su curso habitual y parecía que la visita de Estado no despertaba demasiado interés entre los parisinos.
Sin embargo esa tarde, cuando el Papa salió de la sede de la UNESCO en París, los fieles salieron en masa a las calles para acompañar a León XIV en su camino hacia la Basílica de Notre Dame, la catedral más famosa del país. Fue entonces cuando el fervor de la gente comenzó a deparar algunas sorpresas.
Esa noche, en el Stade de France, la vigilia de oración con los jóvenes fue una muestra de una alegría digna de admiración. Unos 80.000 jóvenes, entre ellos algunos no católicos, se reunieron para escuchar el mensaje de León: una invitación a buscar la santidad, la paz y una relación viva con Jesús. Después de una representación teatral sobre algunos santos franceses, el Papa les dijo a los jóvenes que ellos mismos eran “los santos de Francia”.
“Los santos cambiaron el curso de la historia, llevando a muchos del sufrimiento a la esperanza, porque primero cambiaron sus propios corazones, transformándolos a la luz de la fe”, les dijo el Pontífice. “Queridos jóvenes, mientras disciernen su vocación, tengan la certeza de que el Señor no les habla de manera confusa, sino que se dirige a cada uno por su nombre y los invita a seguirlo porque los ama”.
El papa León XIV bendice a Marie-Garance Noël, una niña con múltiples discapacidades, mientras recorre en el papamóvil la avenida de los Campos Elíseos rumbo a la Plaza de la Concordia, en el centro de París, el 26 de septiembre, para celebrar una Misa al aire libre, durante el segundo día de su visita a Francia. (OSV News/Alessia Giuliani, CPP)
Si las imágenes de ese día ya habían disipado los temores de que faltara entusiasmo, la Misa en la Plaza de la Concordia fue una verdadera demostración de fuerza: una muestra contundente de que la Iglesia todavía es capaz de convocar a multitudes de todo el país. Se estima que unas 800.000 personas participaron en la celebración.
Entre los fieles había personas de todas las edades y condiciones: jóvenes, familias y adultos mayores. Incluso a los más escépticos les sorprendió ver a personas acercarse a confesarse en plena calle.
Al día siguiente, en Lourdes, el público era diferente. Casi todos los participantes eran adultos mayores, y las sillas de ruedas y las muletas dominaban la escena. Allí, León defendió con firmeza la dignidad de quienes sufren físicamente, asegurándoles que, a los ojos de Dios, su valor permanece intacto.
Durante el encuentro con peregrinos enfermos en Lourdes, el mensaje de León de que “la medicina nunca debe ser servidora de una muerte programada” fue interpretado como una alusión bastante clara a la reciente legalización de la muerte asistida en el país.
Esa tarde, en el albergue de Notre Dame, el Papa volvió a cuestionar estas leyes y afirmó que “no todo lo que es legal es necesariamente moral”.
“Es imposible considerar la muerte provocada como algo normal”, afirmó el Pontífice.
El papa León XIV encabeza una procesión con velas en el Santuario de Nuestra Señora de Lourdes, el 27 de septiembre. (OSV News/Remo Casilli, Reuters)
Mientras el Papa celebraba la Misa en un campo ubicado frente al santuario, la gruta de las apariciones de Lourdes estaba completamente desierta. Algunos aprovechamos esta oportunidad poco habitual para visitar el lugar donde Bernadette habló con la Virgen María, un destino de peregrinación, incluso para los papas, desde hace casi dos siglos. Esa noche, León encabezó una procesión con antorchas junto a unos 150.000 fieles.
En Metz, el Papa centró su mensaje en reafirmar las raíces cristianas de Europa, en medio de la preocupación por que el continente esté viendo cómo su patrimonio cultural cede ante el islam y la secularización. El presidente Emmanuel Macron asistió a la Misa en la Catedral de San Esteban y, pese a sus diferencias en cuestiones como la ley sobre la muerte asistida, mantuvo un trato cordial con León durante todo el viaje.
Después de una breve parada en la tierra natal del venerable Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, el Papa emprendió el regreso a Roma en un avión acompañado por miembros de la prensa.
Durante la habitual conferencia de prensa a bordo del avión, llamó la atención que optara por dejar de lado el italiano y respondiera las preguntas únicamente en español y en inglés.
Entre los temas abordados estuvieron la inteligencia artificial, los abusos sexuales en la Iglesia francesa, las guerras y la vivienda en España, entre otros. Sobre sus futuros viajes, el Papa señaló que para el próximo año solo está programado uno: la Jornada Mundial de la Juventud en Corea del Sur. Todo lo demás está todavía por decidirse.
La próxima vez que León suba a un avión será para regresar, en noviembre, a su querido continente sudamericano. El Papa visitará Perú, donde pasó buena parte de su sacerdocio como misionero; el país natal de su predecesor, Argentina; y Uruguay, un país que se ha secularizado con mayor rapidez que la mayoría de las naciones latinoamericanas.