El 30 de mayo, el Arzobispo José H. Gomez ordenará a tres nuevos sacerdotes para la Arquidiócesis de Los Ángeles en la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles.

En los días previos a la ordenación, iremos presentando a cada uno de ellos. ¡Los Ángeles, conozcan a sus nuevos sacerdotes!

Edad: 26 años

Ciudad de origen: Lancaster

Parroquia de origen: Iglesia del Sagrado Corazón

Asignación parroquial: Iglesia Nuestra Señora de Lourdes

Cuando David Zamora estaba en la secundaria y pensaba qué quería hacer con su vida, imaginaba convertirse en médico.

Eso claramente no sucedió, pero mientras estaba postrado frente al altar durante la Misa en la que fue ordenado diácono transitorio en 2025, sintió que Dios le decía en su corazón que quería que fuera “un instrumento de sanación”.

De alguna manera, terminaría siendo médico después de todo, aunque dedicado a sanar almas.

Al repasar su historia personal, su vocación parece haber estado presente desde siempre. Nacido en South Gate y criado luego en Lancaster, Zamora pasó gran parte de su vida en la Iglesia del Sagrado Corazón, donde participaba en todo lo que podía: recibió allí la Confirmación, enseñó clases de OCIA, fue sacristán, lector, ministro extraordinario de la Comunión y también integró un grupo de oración.

“Prácticamente estaba en la iglesia todos los días, y no lo digo como algo de lo que presumir”, contó Zamora, de 26 años. “Simplemente era el lugar donde me sentía como en casa”.

“Sentía que ahí estaba en mi ambiente: cerca de Dios, en la iglesia y colaborando con su obra”.

Zamora asegura que sintió el llamado de Dios desde muy joven, aunque durante mucho tiempo no entendió del todo qué significaba. Como uno de seis hermanos, criado por padres muy creyentes y unidos, al principio pensó que su vocación era formar una familia propia.

Sin embargo, mientras comenzaba a pensar seriamente en su futuro durante la secundaria, siempre terminaba volviendo a Dios.

Creo que intentaba negociar con Dios y decirle: ‘Hasta acá llego’, hasta que entendí que Él me pedía todo”, recordó Zamora. “No me daba cuenta de lo liberador que sería cuando finalmente le dije que sí”.

David Zamora posa junto a su familia después de una Misa en la Iglesia del Sagrado Corazón en 2016, mientras sostiene en brazos a su hermano menor. (Foto cedida)

David Zamora posa junto a su familia después de una Misa en la Iglesia del Sagrado Corazón en 2016, mientras sostiene en brazos a su hermano menor. (Foto cedida)

Otra influencia importante en su camino vocacional fueron los seminaristas que pasaban por la Iglesia del Sagrado Corazón para realizar su servicio pastoral. Muchos de ellos ya habían tenido carreras profesionales antes de descubrir el llamado al sacerdocio.

“Ellos tenían muchas de las cosas que yo creía que daban felicidad, y aun así sentían que no era suficiente”, recordó Zamora. “Ahí entendí que solo Dios podía llenar realmente ese anhelo profundo del corazón”.

Por eso, apenas terminó la secundaria, decidió entrar al seminario con solo 17 años.

Al principio imaginaba una vida estricta, enfocada únicamente en rezar y estudiar. Pero con el tiempo descubrió algo mucho más humano: amistades profundas, momentos de alegría, espíritu de fraternidad y muchas enseñanzas espirituales que lo fueron transformando.

El contacto con otros seminaristas también lo llevó a hacerse una pregunta fundamental: ¿quién es Jesús para mí?

“Eso marcó muchísimo mi discernimiento”, explicó. “Porque al final, lo que quiero hacer como sacerdote es ayudar a las personas a descubrir que Jesús quiere encontrarse con cada uno de manera única y personal”.

Zamora también encontró un ejemplo muy cercano de lo que significa responder al llamado de Dios: su propio padre, Miguel. Un año antes de que David ingresara al seminario, comenzó su formación diaconal y hoy sirve como diácono en la Iglesia Nuestra Señora de la Gracia.

“Incluso antes de ser diácono, como padre siempre se preocupó por mi vida espiritual y por enseñarme a vivir como un buen católico”, contó Zamora. “Fue un gran ejemplo: un hombre de oración, de amor y de profunda entrega a la Iglesia”.

Y aunque bromea diciendo que una de las ventajas es poder usar las vestiduras litúrgicas de su padre —“creo que soy el único de mi clase que tiene dalmáticas de todos los colores”—, hay otro momento que espera vivir con especial emoción.

“La tradición es que el diácono se acerque al sacerdote y le diga: ‘Padre, deme su bendición’ antes de proclamar el Evangelio”, explicó entre risas. “Y ahora voy a poder responderle: ‘Claro, padre’, y darle yo también la bendición”.

Los padres de David Zamora le dan una bendición después de dejarlo en el Seminario San Juan en 2021. (Foto cedida)

Los padres de David Zamora le dan una bendición después de dejarlo en el Seminario San Juan en 2021. (Foto cedida)

Zamora cree que está llamado a ser sacerdote en una ciudad y una arquidiócesis marcadas por una enorme diversidad cultural y por distintas expresiones de la Iglesia universal. Y fue durante su servicio pastoral en la Iglesia Santa Filomena donde eso se hizo más evidente para él.

Allí quedó impactado por la variedad de comunidades presentes en la parroquia, especialmente por el ministerio filipino, aunque no era el único.

“No eran solo filipinos”, recordó Zamora. “También había samoanos, afroamericanos y personas de habla hispana. Toda esa diversidad en Santa Filomena me hizo entender que no estoy llamado a ser sacerdote para un solo grupo, sino para todos. Y quiero aprender todo lo necesario para poder servirlos y acompañarlos”.

author avatar
Mike Cisneros