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Es una tarde de diciembre perfecta en Pacific Palisades, y los sonidos de un vecindario que vuelve a la vida flotan en el aire: el zumbido constante de los martillos neumáticos, el ronroneo de los generadores de emergencia, los chirridos de camionetas de contratistas cargadas de materiales de construcción. A casi un año del incendio de Palisades, las primeras casas reconstruidas están a punto de terminarse.

El predio de la iglesia Corpus Christi, que se incendió por completo la noche del 7 de enero de 2025, está cercado; el cúmulo de escombros retorcidos ya fue retirado. Las luces navideñas que colgaban de los árboles en la entrada de la iglesia esa noche siguen allí, fusionadas con las ramas calcinadas.

Corpus Christi será reconstruida algún día, promete su párroco, monseñor Liam Kidney. Pero antes habrá que resolver permisos, financiamiento y diseños arquitectónicos.

"¿Ves esa casa blanca de allá? Esa es la casa de uno de nuestros feligreses que se está reconstruyendo", señaló Kidney desde la vereda frente al terreno de Corpus Christi, con un dejo de orgullo. "Es constructor".

Unos momentos después, un Land Rover negro redujo la velocidad al pasar frente al sitio de la iglesia.

Una de las primeras viviendas próximas a completarse en el vecindario Alphabet Streets de Pacific Palisades. (Reese Cuevas)

Una de las primeras viviendas próximas a completarse en el vecindario Alphabet Streets de Pacific Palisades. (Reese Cuevas)

"¿Es usted el padre Kidney?", gritó una mujer de unos 30 años desde la ventanilla del conductor. "¡No sabe cuánto extraño esta iglesia!"

El sacerdote irlandés de 81 años sonrió y respondió con un "¡Hola!". No era la primera madre de familia que lo reconocía durante una de sus visitas habituales al lugar que había sido su hogar durante 26 años.

Al igual que Kidney, la mayoría de los feligreses de Corpus Christi perdieron sus casas en el incendio de Palisades. Algunos se han trasladado a lugares tan cercanos como Brentwood o Manhattan Beach, o tan lejanos como Japón. Otros están decididos a reconstruir y regresar, a pesar del retraso en reclamos de seguros y permisos aún pendientes.

Kidney también mira a largo plazo, convencido de que la oportunidad de construir una nueva iglesia supera los riesgos.

"No estamos construyendo para lo que hay ahora", dijo Kidney. "Ahora no hay nada. Estamos construyendo para el futuro. No sabemos cómo será el futuro, pero lo que construyamos tiene que ser para el futuro".

¿Pero cómo será ese futuro? Para las parroquias directamente afectadas por los incendios forestales de enero de 2025 en Los Ángeles, todavía es difícil saberlo.

Otra iglesia católica que se incendió esa semana, el Sagrado Corazón en Altadena, sufrió daños por viento y fuego por valor de 350.000 dólares durante el incendio Eaton, pero se salvó gracias a la rápida reacción de un diácono en la madrugada. La mayoría de los feligreses fueron desplazados al menos temporalmente, y al menos la mitad perdió sus hogares, estima el párroco, el padre Gilbert Guzman.

El padre Gilbert Guzman, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón en Altadena, señala el subtecho que se incendió durante los incendios del año pasado. (Reese Cuevas)

El padre Gilbert Guzman, párroco de la iglesia del Sagrado Corazón en Altadena, señala el subtecho que se incendió durante los incendios del año pasado. (Reese Cuevas)

Algunos eran propietarios, incluidas familias afroamericanas mayores que habían vivido toda su vida en Altadena y esperaban jubilarse con tranquilidad. Guzman teme que muchos simplemente "no tengan fuerzas" para reconstruir.

"No veo cómo quienes compraron sus casas hace décadas puedan atravesar este proceso de reconstrucción y afrontar lo que costaría volver a vivir aquí", dijo el sacerdote.

Algunos de los más afectados fueron jóvenes solteros que alquilaban pequeñas viviendas accesorias o ADU. La mayoría quedó excluida del mercado de alquiler cercano y se desplazó más hacia el interior, a ciudades como San Bernardino o Monrovia, dijo Guzman.

"Hay personas que perdieron sus casas, hay personas que estuvieron fuera de sus hogares durante nueve meses", dijo Guzman. "Todos tuvieron experiencias diferentes. Entonces, ¿cómo se acompaña pastoralmente a una comunidad con tantas experiencias distintas, pero a la vez tan similares?"

La otra iglesia católica de Altadena, Santa Isabel de Hungría, también se salvó del incendio Eaton, que llegó a cuatro cuadras. La asistencia a Misa disminuyó, pero se estabilizó desde la llegada del nuevo párroco, el padre John Kyebasuuta, en julio pasado. Sin embargo, no se espera que su escuela vuelva a abrir: la mayoría de los estudiantes fue desplazada de manera permanente por el incendio, y solo una pequeña minoría de los padres encuestados el año pasado dijo que podría reinscribir a sus hijos.

"Algunos padres me han dicho que siguen pagando la hipoteca de la casa que perdieron y, al mismo tiempo, el alquiler de donde viven ahora", dijo Kyebasuuta. "¿Cómo pueden pagar una escuela católica?"

Mary Bowman, a la izquierda, y su excompañera de trabajo DeeDee Beard posan para una foto de reencuentro en la escalera de entrada del histórico restaurante The Fox en Altadena, el miércoles 7 de enero de 2026. El restaurante, fundado en 1955, donde Bowman trabajó durante veinte años como mesera y Beard durante doce, se incendió por completo durante el incendio Eaton. (Juanito Holandez)

Mary Bowman, a la izquierda, y su excompañera de trabajo DeeDee Beard posan para una foto de reencuentro en la escalera de entrada del histórico restaurante The Fox en Altadena, el miércoles 7 de enero de 2026. El restaurante, fundado en 1955, donde Bowman trabajó durante veinte años como mesera y Beard durante doce, se incendió por completo durante el incendio Eaton. (Juanito Holandez)

En Corpus Christi está surgiendo una narrativa algo distinta.

Paola Sessarego llevaba seis meses en su nuevo cargo como directora de la escuela parroquial primaria cuando ocurrió el incendio de Palisades. Mientras sus alumnos se vieron obligados a inscribirse en nuevas escuelas en el sur de California, ella ha aprendido a ser directora sin escuela.

Sin embargo, suficientes padres desplazados están prometiendo regresar a Palisades y enviar nuevamente a sus hijos a la Escuela Corpus Christi, que, a diferencia de la iglesia, no fue destruida por el incendio. Hay benefactores dispuestos a ayudar, e incluso docentes que ya consiguieron otros empleos le han dicho a Sessarego que quieren volver.

"Me sorprende la oportunidad que tenemos de mejorar esto", dijo Sessarego, que trabaja con arquitectos, constructoras y la Arquidiócesis de Los Ángeles para planificar la reapertura de la escuela en el ciclo lectivo 2026-2027.

Sessarego sabe que muchas familias no regresarán, pero espera que otras nuevas las reemplacen.

El padre John Kyebasuuta, párroco de la iglesia católica Santa Isabel de Hungría en Altadena (segundo desde la derecha), participa junto a líderes religiosos locales en una vigilia interreligiosa el 7 de enero de 2026, al cumplirse un año del incendio Eaton. Cada uno sostenía la imagen de una persona fallecida en el incendio. (Juanito Holandez)

El padre John Kyebasuuta, párroco de la iglesia católica Santa Isabel de Hungría en Altadena (segundo desde la derecha), participa junto a líderes religiosos locales en una vigilia interreligiosa el 7 de enero de 2026, al cumplirse un año del incendio Eaton. Cada uno sostenía la imagen de una persona fallecida en el incendio. (Juanito Holandez)

"Si se puede ver una luz al final del túnel, es que esta es una oportunidad… para mejorar la escuela", dijo Sessarego. "Modernizar todas las aulas, actualizar realmente todo y convertirla en una escuela de primer nivel".

Un factor que juega a favor de Corpus Christi es que pertenece a una comunidad inusualmente unida para los estándares del sur de California. A diferencia de muchos vecindarios de Los Ángeles, en Pacific Palisades casi todo quedaba a distancia caminable de las casas.

"La belleza de Palisades es que, fueras donde fueras, la gente te decía ‘hola’ y vos respondías ‘hola’, porque es como un pequeño pueblo estadounidense", dijo Sue Kohl, agente inmobiliaria local.

Kohl había vivido 32 años en su casa en una de las calles "Alphabet Streets" de Pacific Palisades, cerca de Corpus Christi, antes de que se incendiara. Un año después, su nueva casa está casi terminada. Se considera afortunada, sabiendo que para muchos otros residentes la decisión de reconstruir depende de factores como el seguro y la edad. Pero ha observado otro factor clave.

"Las personas que deciden quedarse y reconstruir son, en primer lugar, personas que tienen fe en que la comunidad va a volver", dijo Kohl, feligresa de Corpus Christi y presidenta del Consejo Comunitario de Pacific Palisades.

"Hay familias que sé que quieren volver, y muchas lo harán, incluso si durante dos o tres años llevaron a sus hijos a otros barrios y a otros sistemas escolares", dijo Kohl. "Tengo que confiar en que, al final de eso, van a querer regresar. Creo que muchos lo harán, pero llevará tiempo".

Feligreses de la iglesia del Sagrado Corazón en Altadena intercambian el saludo de la paz durante una Misa de sanación el 7 de enero de 2026, al cumplirse un año de los incendios en Los Ángeles. (John Rueda)

Feligreses de la iglesia del Sagrado Corazón en Altadena intercambian el saludo de la paz durante una Misa de sanación el 7 de enero de 2026, al cumplirse un año de los incendios en Los Ángeles. (John Rueda)

En última instancia, el verdadero proyecto de reconstrucción para los católicos de las zonas incendiadas es el personal.

"Tenemos que empezar realmente a reconstruir una comunidad", dijo Sessarego.

En las semanas posteriores a los incendios, las parroquias de Altadena y Pacific Palisades utilizaron redes sociales y correo electrónico para ayudar a las personas a mantenerse conectadas. El domingo siguiente a los incendios, el padre Marcos González, párroco de San Andrés en Pasadena, abrió su iglesia para que Guzman y los feligreses del Sagrado Corazón celebraran una Misa vespertina con el obispo auxiliar Brian Nunes.

Guzman dijo que esa Misa fue "una de las experiencias más sanadoras que he presenciado".

"Después, todos se quedaron alrededor de una hora y media abrazándose y compartiendo historias, llorando juntos. Fue hermoso".

Mientras tanto, los feligreses de Corpus Christi adoptaron el nombre de "católicos itinerantes", reuniéndose cada domingo para la Misa en una parroquia distinta del oeste de Los Ángeles. Ahora celebran Misa todos los domingos en el campus de la Universidad Mount Saint Mary en Brentwood, lo que les da cierta estabilidad mientras toman forma los planes para una nueva iglesia Corpus Christi y las personas regresan a Palisades.

"No quiero decir que haya habido una pérdida de comunidad porque seguimos muy en contacto, pero sí hay una pérdida de comunidad visible", dijo Kohl. "No podemos vernos. No podemos caminar por la calle".

Desde su llegada a Santa Isabel en Altadena el verano pasado, Kyebasuuta ha buscado reconstruir el sentido de comunidad perdido en los incendios. Inició encuentros de café y donas después de las Misas dominicales, y este mes se lanza un nuevo grupo parroquial de mujeres. Visita a feligreses que perdieron sus casas y ahora viven en otras ciudades. La conferencia local de la Sociedad de San Vicente de Paúl continúa distribuyendo alimentos a diario en la parroquia.

El sacerdote, originario de Uganda, dijo que eventos como bodas, funerales y primeras comuniones también desempeñan ahora un papel fundamental.

"Mis hijos fueron a la escuela aquí, me casé aquí, hice mis sacramentos aquí, así que para mí esto es hogar", le dicen las personas, según Kyebasuuta. "Aunque hayan perdido su casa, siguen teniendo esa conexión espiritual del pasado".

Al igual que la pandemia de COVID-19, Kidney y Guzman consideran que los incendios de enero fueron un acontecimiento disruptivo que, aunque separó a las personas entre sí y de su iglesia, los obligó a replantearse qué es realmente la fe.

"Cada vez creo más que el COVID y el incendio son una oportunidad para reunirnos como pueblo de Dios y reconstruir una comunidad", dijo Kidney, quien señaló que vio un aumento de confesiones desde que Corpus Christi comenzó a celebrar el sacramento al aire libre durante la pandemia.

Guzman dijo que los incendios trajeron un "verdadero sentido de purificación" a su parroquia y les permitieron experimentar el amor de Dios a través de la generosidad de desconocidos. Pero, más allá de lo que se construya o no, la lección final ha sido existencial.

"Los más ricos y los más pobres estuvieron todos sin hogar al mismo tiempo, y eso nos dio la perspectiva de que es una situación que todos estamos atravesando. Ninguno de nosotros es realmente dueño de nada", dijo Guzman.

"El sufrimiento nos ha dado un terreno común a todos y un sentido de propósito para salir adelante. Es darnos cuenta de que las cosas materiales no lo son todo, que lo que permanece es el amor".

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Pablo Kay
Pablo Kay es el redactor en jefe de Angelus.