En la mañana del 24 de enero, en el salón de la iglesia de St. Patrick del sur de Los Ángeles —que es una de las iglesias más antiguas de Los Ángeles—se reunieron trece personas en una situación familiar para cualquier parroquia: hubo pasteles, gafetes con nombres, charlas triviales y risas educadas y cuando todos se sentaron en las cómodas sillas dispuestas en forma de un gran cuadrado, lo primero que hicieron fue entonar un canto.

Y cuando terminaron de hacerlo, pusieron manos a la obra.

El Equipo de trabajo contra el racismo de la Arquidiócesis de Los Ángeles, que se enfoca a los afroamericanos, se ha estado reuniendo una vez al mes desde septiembre pasado, por indicación del Arzobispo de Los Ángeles, José H. Gómez, para abordar la “lacra del racismo”. Se han formado equipos de trabajo similares en otras diócesis de California, como parte de una iniciativa estatal lanzada en 2020 por los Obispos católicos del Estado.

Quizás el tema suene un tanto grandioso, pero es una lucha que los miembros de este equipo de trabajo conocen bien. Ellos han lidiado con el racismo tanto personal como públicamente durante años. Están al tanto de los innumerables grupos y comisiones con ideas afines y bien intencionadas que han ido y venido antes que ellos, que han estado de acuerdo en que el racismo es un problema, que han redactado un documento o quizás se han tomado una foto de grupo y que luego han seguido su camino sin que se vean resultados verdaderamente significativos.

 

Los miembros del equipo de trabajo son el padre Anthony Bozeman, SSJ, de la Iglesia de la Transfiguración, Rorrie Aubry, Sherry Hayes-Peirce, el Arzobispo Gómez, Carl Cohn y Edwina Clay. (Foto Víctor Alemán)

Al párroco y coordinador del grupo de trabajo de St. Patrick, Msgr. Timothy Dyer, le tocó invitar a participar a los posibles miembros. La mayoría de las respuestas que obtuvo tuvieron algo en común.

“Le dije a Tim que no quería formar parte, que no podía formar parte, de algo que se hiciera de una vez por todas”, dijo la hermana Angela Faustina de las Hermanas de San José de Carondelet. “Esto tiene que tener el objetivo de producir un plan de acción continuado”.

Carl Cohn, antiguo superintendente de los sistemas escolares de Long Beach y San Diego, estuvo de acuerdo con esto y dijo que “a menos que este asunto quede cimentado con miras al progreso futuro de la Iglesia, no sucederá nada valioso”.

Monseñor Dyer les aseguró a los miembros del equipo que “estaba absolutamente de acuerdo en que se trataba de un asunto tenía que ir acompañado de acción”. De igual modo, en su carta para anunciar la formación del equipo de trabajo, el Arzobispo Gómez escribió que sus miembros participarían en un “proceso de oración, diálogo y acción” y que ese proceso conducirá no sólo a un “plan de acción” sino también a participar en el subsecuente “trabajo de implementación” del plan.

Lo que prevaleció durante gran parte de la reunión fue el determinar, exactamente, qué es lo debería implementarse y cómo, porque, por vez primera, el Arzobispo Gómez estaba entre los reunidos.

 

Rorrie Aubry (izquierda) y Sherry Hayes-Peirce en una discusión durante la reunión del equipo de trabajo del 24 de enero. (Foto Víctor Alemán)

Durante casi una hora, los miembros del equipo de trabajo hicieron sus sugerencias y sus “Preguntas” al Arzobispo, sobre cosas que creían que eran necesarias para una verdadera acción. Hablaron sobre propiciar que los católicos afroamericanos narren sus historias y sobre cómo éstas podrían presentarse de mejor manera.

Hubo solicitudes de que el equipo de trabajo tuviera su propia ubicación, dentro del sitio web de la arquidiócesis.

Sherry Hayes-Peirce, estratega de redes sociales y feligrés de la Iglesia de los Mártires Estadounidenses de Manhattan Beach, abogó por una presencia en línea mejor y más pronunciada. Ella está convencida de la necesidad de crear espacios para que los católicos afroamericanos narren sus propias historias personales, como por ejemplo, la perturbadora historia de Audrey Shaw, miembro del equipo de trabajo, a quien en un principio se le negó el bautismo católico debido al color de la piel de sus padres.

“El hecho de narrar historias es algo que cambiará el corazón de la gente”, dijo Hayes-Peirce.

Se estima que hay más de 50,000 católicos afroamericanos en la Arquidiócesis de Los Ángeles, lo cual representa aproximadamente el 6% de sus católicos. Y, sin embargo, ellos le podrán decir que su fe a menudo es cuestionada o puesta en duda.

Hayes-Peirce cuenta la historia de alguien que se le acercó y le sonrió, comentándole luego: “¿Sabes qué?, nuestros conversos son nuestros católicos más fuertes”. Un poco sorprendida, Hayes-Peirce respondió con bastante énfasis: “Yo

no soy una conversa”, y su historia provocó una risa de doloroso reconocimiento.

“Hay veces en que intento no darle importancia a eso, pero he conocido a sacerdotes y feligreses que realmente dudan que [los afroamericanos] sean auténticamente católicos”, dijo Shaw. “¿Me pregunto qué creerán que somos? Yo soy católica de nacimiento, pero la mayoría de la gente se sorprende de que yo sea negra y católica. De algún modo, para ellos, esas dos cosas no van juntas”.

Aun así, muchos de los reunidos no creían que fuera responsabilidad de los afroamericanos el educar a esas personas o defender su propia fe. Como se repitió varias veces durante la reunión, “Éste no es un problema de los negros”.

Rorrie Aubry señaló que esta situación se percibe especialmente entre los católicos negros más jóvenes que “no quieren ser validados”.

“Ellos sólo quieren ser libres”, dijo Aubry. “Quieren que sus preocupaciones sean abordadas desde el altar, cosa que muchas veces no sucede”.

Más allá de los desacuerdos sobre lo que se debe presentar y de qué manera, todos parecieron estar de acuerdo en que, en última instancia, cuando se presente un plan de acción en septiembre, su éxito dependerá de obtener el apoyo y el entusiasmo de los párrocos individuales para transmitir el mensaje, para dar ejemplo y para aportar un fundamento que sirva para el crecimiento a largo plazo.

“Si no involucramos a los sacerdotes y a los párrocos, no llegaremos a las familias”, dijo Mons. Dyer.

Carl Cohn (izquierda) y Edwina Clay. (Víctor Alemán)

El esposo de Aubry, Anderson, funge como director del Centro Católico Afroamericano para la Evangelización y forma también parte del equipo de trabajo. Él sugirió que se les pida a los párrocos que aborden el tema de vez en cuando en alguna homilía dominical. Otros sugirieron la participación —por medio de una carta, mensaje o video— del Arzobispo, para que esto llegue al conocimiento de los feligreses.

La hermana Angela, que encabeza el subcomité de parroquias del equipo de trabajo, dijo que, para involucrar a los párrocos, es necesario conocer primero sus parroquias y no adoptar un enfoque único para todos.

“Tenemos que saber qué condiciones imperan ahí, no podemos simplemente salir y aplicar las medidas. Tenemos que saber cuál es su situación”, dijo. “Algunas parroquias están muy adelantadas en el manejo de este problema. En algunas parroquias, no hay nada. Así que eso es lo primero que tenemos que hacer”.

Ese primer paso puede ser el más importante. A todos los asistentes a la reunión se les entregó una copia de la “Carta desde la cárcel de Birmingham” de Martin Luther

King Jr., en la cual él defiende la protesta no violenta ante las desigualdades raciales, dirigiendo su escrito específicamente a sus “Compañeros clérigos”, que creían que sus esfuerzos eran “imprudentes e inoportunos”. Del mismo modo, los miembros del equipo de trabajo consideran la posibilidad de que algunos feligreses y sacerdotes puedan resistirse a la idea de hablar sobre el racismo dentro de una iglesia.

Para aquellos que creen que es todavía incongruente abordar la discusión sobre la raza dentro del tiempo de la iglesia, Cohn sugirió algunas lecturas adicionales.

“Lean los Evangelios”, dijo. “Jesús usaba constantemente parábolas relacionadas con los marginados, con aquellos que en ese tiempo eran vistos políticamente como muy problemáticos, ya fueran samaritanos o lo que fuera. La lectura cuidadosa del Nuevo Testamento lo lleva a uno a la noción de que la Iglesia debería estar comprometida con lo que sucede en el mundo.

“Yo se lo debo todo a mi fe, a mi educación católica”, añadió Cohn, quien en un tiempo estuvo estudiando para el sacerdocio. “Aunque desempeñé mi misión en la escuela pública, todo fue posible gracias a mi catolicismo. Yo no habría logrado nada en mi vida sin él. A esto se debe que sea tan importante para mí y quiero asegurarme de que nadie se sienta privado de él”.

De izquierda a derecha: Sherry Hayes-Peirce, el Arzobispo Gómez y Carl Cohn durante la reunión del equipo de trabajo, del día 24 de enero. (Foto Víctor Alemán)

La hermana Ángela comparó la resistencia que ellos esperan encontrar entre algunos de los fieles con la cruz de Cristo, considerándolo como un asunto inevitable que hay que afrontar con fe.

“A algunas personas este tema no les importa, ésa es la verdad”, dijo la hermana Angela. “Pero si a un cristiano esto no le importa, entonces no es cristiano. No hay forma de evitarlo. Llegará un momento en el que se tendrá que tomar una decisión, ¿a qué dirección nos vamos a dirigir? Éste es el momento de actuar”.

Fue un mensaje que el Arzobispo Gómez y el Obispo Dave O’Connell —quien se desempeñó como párroco en los barrios pobres de la ciudad durante la mayor parte de su sacerdocio— captaron con claridad.

“Estamos unidos en esto, yo estoy totalmente comprometido en ello”, dijo el Arzobispo Gómez, quien pasó más de una hora escuchando al grupo. “Es algo muy importante; es realmente una prioridad para mí. Ustedes están presentes en mis oraciones todos los días”.

Delia Johnson, de St. Lawrence Brindisi, preguntó enseguida: “¿Volverá Ud.?”

“Si me invitan”, respondió él, con una sonrisa.

Parecía claro que la invitación tardaría en llegar, tanto como el hecho de que lo que se discutió en estas reuniones, en último término, es de la incumbencia de todos.

“Nuestro propósito no es condenar ni acusar, nosotros venimos buscando mirar hacia el futuro”, dijo la hermana Eva Marie Lumas de las Hermanas del Servicio Social. “¿Cómo se manifiesta el racismo y cómo podemos avanzar con una menor medida de él? Sea lo que sea lo que traiga el futuro, avanzaremos juntos”.