Franco Blancaflor pronuncia su discurso como mejor alumno de la promoción durante la ceremonia de graduación de Cathedral High School, celebrada el 22 de mayo. (Foto de cortesía)
La última vez que Franco Blancaflor y su hermano mayor, Angelo, asistieron a la misma escuela, Franco estaba en jardín de infantes y Angelo cursaba octavo grado en la escuela parroquial Incarnation, en Glendale.
Este otoño, sin embargo, volverán a compartir una misma institución educativa, aunque en circunstancias muy distintas: ambos estudiarán en la Universidad de Brown, la prestigiosa universidad de la Ivy League ubicada en Providence, Rhode Island.
Franco cursará una doble especialización en Matemática Aplicada y Ciencias de la Computación, mientras que su hermano comenzará su cuarto año en la Facultad de Medicina Warren Alpert de Brown.
Este nuevo capítulo en la Costa Este parece el paso natural después de cuatro años sobresalientes en Cathedral High School, la escuela secundaria católica privada para varones ubicada a pocos pasos del Dodger Stadium, en Los Ángeles.
Allí, Blancaflor no solo fue el mejor alumno de su promoción, con un promedio de 4,68, y recibió el máximo reconocimiento académico de la institución, el Premio De La Salle a la Excelencia Académica General, sino que también integró durante cuatro años el equipo principal de natación. En ese tiempo logró varios puestos destacados en las finales de la División IV de la CIF-SS, ayudó a su colegio a conseguir el mejor resultado de su historia —un tercer puesto en 2025— y contribuyó a la obtención de dos campeonatos consecutivos de liga. Además, posee siete récords escolares en natación.
Como integrante del Rose Bowl Aquatics Center, Franco se levantaba de madrugada para viajar desde su casa en el Valle de San Fernando hasta Pasadena y asistir a los entrenamientos matutinos antes de las seis de la mañana. Luego se dirigía a Cathedral High School para afrontar una de las cargas académicas más exigentes de la escuela y, al terminar las clases, regresaba al Rose Bowl para una nueva sesión de entrenamiento.
Blancaflor atribuye gran parte de su disciplina y ética de trabajo a sus padres y a su hermano mayor, quienes le inculcaron los valores que le permitieron destacarse tanto en los estudios como en el deporte.
“Lo más importante fue el apoyo que siempre me dieron”, dijo sobre su padre, Bennett, empleado bancario, y su madre Rosa (‘Lala’ para sus familiares y amigos), que es enfermera. “Nunca me obligaron a hacer nada y siempre me animaron a probar cosas nuevas. Tener esa libertad y flexibilidad me ayudó a desarrollar una sólida ética de trabajo. Nunca sentí presión para ser un alumno sobresaliente”.
“Y, por supuesto, mi hermano fue una gran influencia. Pensaba: ‘Si él pudo ser admitido en una facultad de medicina de una universidad de la Ivy League, ¿por qué yo no podría destacarme también como estudiante?’”.
Blancaflor creció en North Hollywood y comenzó a tomar clases de natación cuando tenía cinco años. Su deporte principal era el golf y también jugaba al básquetbol, pero a los 11 años descubrió que tenía un talento especial para la natación y decidió dedicarse de lleno a esa disciplina, especializándose en estilo libre.
“Empecé a mejorar mucho y a clasificar para competencias de alto nivel, así que decidí seguir entrenando todos los días”, explicó. “Se convirtió en una relación de amor y odio. A muchos de mis mejores amigos los conocí gracias a la natación, pero exigía muchísimo esfuerzo. Era como ir a la guerra todos los días”.
Según contó, competir para los Phantoms le enseñó a ser extremadamente disciplinado y a administrar mejor su tiempo, habilidades que resultaron fundamentales para afrontar las exigencias académicas de la secundaria. Ingresó a Cathedral High School como parte del programa Onward Scholars, que cubría el 75 % de la matrícula y ofrecía apoyo académico, mentoría y un plan personalizado de preparación para la universidad.
Franco Blancaflor junto a su padre, Bennett, en el Rose Bowl Aquatics Center, adonde solía trasladarse desde su hogar en el Valle de San Fernando durante las primeras horas de la mañana antes de asistir a clases en Cathedral High School. (Foto de cortesía)
Cuando cursaba el penúltimo año de secundaria, Blancaflor fue seleccionado para participar en Founding Forward, un competitivo programa que reunió a 50 estudiantes de todo el país durante tres meses para debatir temas cívicos y sociales relacionados con la Constitución de Estados Unidos y los conflictos internacionales actuales.
Susan Pennington, directora del Departamento de Inglés de Cathedral High School, acompañó a Blancaflor y a otros tres alumnos a Filadelfia y Valley Forge como parte del programa Spirit of America durante ese mismo año.
“Una vez más, demostró sus habilidades de liderazgo al animar a otros a participar en las discusiones”, recordó. “Formó parte del grupo que organizó una celebración de vísperas en la última noche del programa y pronunció un discurso muy sentido sobre su experiencia”.
Este último año, Pennington fue además su profesora de Literatura Inglesa Avanzada (AP English Literature).
“Por supuesto, siguió siendo un estudiante excelente y un líder dentro del aula”, afirmó. “Franco llegará muy lejos en la vida porque comprende el valor del esfuerzo y del trabajo constante para alcanzar el éxito”.
En su discurso como mejor alumno de la promoción, Blancaflor destacó que Cathedral High sigue distinguiéndose por la excelencia, la resiliencia y el espíritu extraordinario de sus estudiantes.
“Pero más allá de nuestros logros académicos y deportivos, lo que realmente hace especial a esta escuela es su comunidad: esa hermandad de la que tanto hablaban los profesores, los exalumnos y los estudiantes mayores cuando yo era de primer año”, señaló.
“Al principio, esa supuesta ‘hermandad’ me hacía poner los ojos en blanco. Cuando los exalumnos daban charlas en las asambleas sobre lo significativa que había sido su experiencia aquí, pensaba: ‘Son personas que vivieron sus mejores años en la secundaria y ahora intentan idealizarla demasiado. Mejor aprovecho para echarme una siesta’”.
“Pero a medida que fui creciendo aquí, empecé a entender a qué se referían. Vi lo solidaria que es realmente Cathedral y estoy seguro de que muchos de nosotros terminamos sintiendo ese mismo sentido de pertenencia”.
Blancaflor explicó que su objetivo profesional es convertirse en operador cuantitativo (quantitative trader), una profesión que combina modelos matemáticos, análisis de datos y programación para desarrollar estrategias de inversión en los mercados financieros.
Aunque no competirá en natación en la Universidad de Brown, no piensa alejarse de la piscina.
Después de todo, parece que seguir dejando huella en el agua será una meta para toda la vida.